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domingo, 27 de noviembre de 2016

Escribo por urgencia o por curiosidad



Escribo por urgencia o por curiosidad, sentimientos muy propios y que me llevan a necesitar hurgar en mis evocaciones e impresiones.

Escribo sin que me plantee que otros lleguen a leer mis palabras, lo que me azuza es mi necesidad de leerme.

Escribo sin tener en cuenta que otros lo están haciendo a la vez que yo, y sin proponerme leerlos y aprender de ellos antes de publicar mis textos reincidentes en mis obsesiones

Lo mismo que no coordino mi respiración a la ajena, sino que respiro por necesidad, al escribir soy incapaz de coordinarme con los gustos y propuestas de otros, de ahí que no sea capaz de mantener los modos y maneras de grupos creativos, independientemente de que éstos se reunan los lunes, se citen los jueves o queden los días lluviosos.



Al publicar en digital lo que escribo a mano, recibo aprecio y afecto de mis atentos compañeros en la irrealidad de Internet; sentimientos que apenas me muestran personas de mi entorno “real”.

A la mayoría de las personas de mi entorno físico, parece molestarles el que persista en escribir. No es que no valoren lo que escribo, es que aparentan no saber que lo hago y parece que les fastidia el que aún disfrute haciéndolo. Toleran mi necesidad por la escritura, lo mismo que comentan mi debilidad por las pelirrojas o mi fascinación por las sombras: entre ironías.


Es curiosa esta realidad paralela que estoy condenado a vivir cuando me veo obligado a convivir; realidad que parece sacada de la ficción en la que viven mis personajes.

jueves, 10 de noviembre de 2016

La insoportable levedad del ser



No juzgo un libro por su portada, lo prejuzgo por su título.
Aún recuerdo cuando me regalaron la novela «La insoportable levedad del ser», obra en aquel momento muy en boga, uno de esos libros que está en boca de todos, pero que a todo el mundo se le cae de las manos.

Agradecí el regalo con un monosílabo, tras el que añadí la pregunta “¿Estás aún a tiempo de devolverlo?”. La obsequiante me miró sorprendida, para a continuación intentar sonsacarme si ya había leído la novela: tal y como la recuerdo, mi respuesta vino a ser que nunca me interesaría por una historia de título tan petulante como delator, ya que su mismo autor la definía como “insoportable”. Para mi sorpresa, la dadivosa se rió al oír mi réplica e ignoró mis palabras, pues luego de haber exclamado un “¡Cómo eres, Nino!” se desentendió del libro y me propuso que nos fuéramos a tomar algo.
Antes de que la noche se hubiera convertido en bruja, yo ya había olvidado en el rincón de algún bar tanto la novela de moda como mis reparos a encapricharme de infieles.

Unos treinta años después, la novela de Milan Kundera volvió a mi vida, para pasar a formar parte de las vivencias que ficciono en piel de mis personajes. Esto es lo que me sorprendí escribiendo al final del capítulo 22 de mi novela «Obligado a convivir»:


Sigo sin plantearme la lectura de «La insoportable levedad del ser»; pero me ha llamado la atención el que ******* –una de las personas que ha tenido el detalle de leer mi fabulación y la gentileza de escribirme su opinión– me haya comentado que, como yo, ella también admira a Milan Kundera, y que de hecho encuentra en mi trilogía una reflexión existencial sobre las relaciones afectivas en la línea de la novela del escritor checo.

Es evidente que me siento muy agradecido por esta opinión laudatoria con la que ******* me transmite un profundo aprecio. Pero a la vez no puedo dejar de preguntarme si bajo el casquete de mi agradecimiento no se encuentra un iceberg de vanidad, al compararme en él mi comentadora con un autor de gran prestigio intelectual.

Quizá "el ser" no resulta "insoportable" al alcanzar la titulación de “leve”, sino que al inflarse de vanagloria.

miércoles, 1 de junio de 2016

Egomanía

En lo que va de semana, al comentar a quien aparentó quererme oír que mis planes para el futuro se reducen a publicar una nueva novela, he vuelto a sentir ese rancio ser tratado como si fuera un caso clínico, uno de esos de encerrar y tirar la llave.
¡Aquí llega y los saluda el enloquecido Nino Ortea!


Quien antes de despedirse aprovecha para anunciarles que a lo largo de este recién nacido mes de junio publicará su nuevo enninamiento “Forzado a convivir”.
Una vez más, apreciado lector: gracias por venir y enloquecer.

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