lunes, 4 de enero de 2016

Bon appétit!



Uno empieza el año como empieza un postre: con ganas. Si no lo apuramos hasta el final no es por desgana de vivirlo ni por desprecio a su valía, lo que nos frena la ingestión vital es la acumulación de experiencias previas de las que abusamos en el pasado o que se nos indigestaron.


Para mi sorpresa, llevo cincuenta años sentado a la mesa y todavía conservo hambre de experiencias. No voy a falsearme como un comensal exquisito, pero sí que aún puedo fabularme como un degustador ansioso. Me parece que fue ayer cuando en mi adolescencia empecé a abandonar todo agasajo que no rezumara azúcar del deseo y no estuviera salpimentado a mi gusto.

Aunque sé que mi dieta actual se fundamenta en vivencias de temporada marcadas por el paso de las estaciones, éstas saben diferente gracias a sus acompañamientos casuales, que logran realzar el sabor de lo que básicamente es lo mismo desde que a Eva y Adán los echaron del Edén por mordisquear la manzana.
A mi regusto por saborear el fruto prohibido para todo aburrido, se une el gusanillo de mi curiosidad; lo que hace que siempre encuentre apetitoso un entrante de sonrisas, tentador un crujiente de confidencias y arrebatador un roce con sabor a caricia. Entrantes que llevan a que me relama de la que anticipo que, a la hora del postre, nos estaremos pegando un atracón de espasmos confitados en la miel del deseo.

Empieza un nuevo año; confío en digerir sin aburrirme lo insípido que ofrezca el menú y en saborear lo sabroso sin atragantarme. Gracias por hacer mi vida más jugosa con tu compañía. Gracias por acompañarme en esta mesa ficticia, tu cercanía convierte el compartir sensaciones en un festín de sentimientos.
¡Bon appétit, querido lector!

Entradas populares

LibrElena - Blog de Nino y Nino Ortea.

El contenido literario de este blog está registrado en Safe Creative