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sábado, 29 de noviembre de 2025

El diablo de la botella


Henry Mancini - The Days of Wine and Roses

Impulsado por el ‘Mr. Hyde’ que anida en mí, no pude evitar volver a leer «El diablo de la botella y otros cuentos» (Alianza). La maestría del relato que da título a la antología me llevó de nuevo sumergirme en la magia de Robert Louis Stevenson, un autor imprescindible para todo lector con corazón.

La lectura de «El diablo de la botella y otros cuentos» me ha confirmado que mi instinto vuelve a ser mi mejor guía: seguir autoeditando mis relatos y novelas conllevaría ratificar mis perennes limitaciones literarias.

Es una de las grandezas del Arte, que logra efectos insospechados: la (re)lectura me ha hecho volverme cuerdo y . Fue como aquél día en que, cansado de exforzarme por entender el «Ulises» de Joyce, cerré el libro. Salí a dar una vuelta y tú me encontraste.

Desde entonces, ni se me ha ocurrido acabar su lectura. Siguo pensando que algún día lo leeré, al igual que porfío en algún día volverás a mi encuentro.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Quizá

 

Gaby Moreno - "Quizás, Quizás, Quizás" | LIVE at The Kennedy Center

 

Quizá sea verdad eso de que no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos. O que el paso del tiempo pone las cosas en su sitio… ¡Quién sabe! Puede que hasta sea cierto lo de que toda espera paciente tiene su recompensa.

Por desgracia para mi descreído autoengaño, soy de los que creen que de los dichos a los hechos hay muchos trechos; así que no puedo evitar ver en el refranero un consuelo de bobos para un mal de muchos.

¿Yo recurrir a máximas? De eso nada, con los problemas que me dan las que me ignoran a la mínima… ¡antes me pongo un puercoespín como peluquín!

El caso es que sean o no verdades desnudas, siempre puede haber uno de esos adverbializados proverbios que, al igual que los horóscopos de los augures, te pille con el paso cambiado y te haga creer que vas bien encaminado por el mal camino.


martes, 4 de junio de 2024

Será por pastillas II (Insurrección)


 

Titular e imágenes tomados de este artículo de la edición digital del diario “El País”. https://elpais.com/sociedad/2024-05-09/sanidad-quiere-poner-cerco-a-los-tranquilizantes-se-toman-en-exceso-y-se-cronifican.html

Encuentro preocupante la manera en que hemos dejado que nuestro vivir en sociedad se asocie a aceptar vivir bajo control. Nada más próximo a una pesadilla orwelliana que el aceptar que cancelen nuestro pasado –nuestras vivencias–, bajo la excusa de protegernos del daño que nos produce el recordar esas experiencias, ¿verdad, amable leyente?

En «1984», George Orwell fabulaba sobre la posibilidad de que se establecieran “ministerios de la Verdad, de la Paz, de la Abundancia y del Amor”. En 2024, esa distopía es real. “If liberty means anything at all, it means the right to tell people what they do not want to hear” –escribió George Orwell en su prefacio a «Anninal Farm (Rebelión en la granja)» –primera novela que leí en inglés en edición no escolar–. Nada más cercano a una realidad orwelliana que un sistema sanitario público en el que ante cualquier síntoma de flaqueza ante el tiempo presente te recetan pastillas para no soñar, como si fuéramos personajes decantados por una canción de Joaquín Sabina.

Nos quieren tontos.

Eso queda claro desde que entramos en el sistema –la educación nos deforma para formarnos en el aprendizaje del “prietas las filas”–. Y, para rematar su control, nos atontan con pastillas, con ansiolíticos para tenernos quietos ante cualquier inquietud. ¿Cómo puede haber en España un problema de adicción a una droga medicamentada bajo receta?

Muy sencillo: cuando te la dan para paliar cualquier mal –incluso una migraña crónica, como es mi caso–.

Grave peligro corre quien cuenta lo que tiene en la cabeza a su doctor de cabecera. Intentará adormecer tu ánimo, no paliar tu dolor. Y si rechazas esa medicación, te echan del sistema de protección sanitaria. Y lo hacen por tu bien, para ver si de una puñetera vez aprendes a dejar tu insolencia en casa y haces lo que la buena doctora te ordena –en mi caso, kafkiano más que orwelliano, la doctorada respondió a mi actitud reacia a la ingesta diaria de anisolíticos, que el nuestro no es un país de chichinabo y no debía preocuparme por una adicción a una medicación pautada, nunca me faltaría la dosis prescrita.

Por suerte, el aprecio no se administra con pastillas sino que con actos, con gestos como el que has tenido al leer esta enninación. Podrán quitarnos una hora por vivir, pero no una hora de vivencias. Nos recetarán pastillas para el colesterol, pero no para no soñar.

¿Insurrección, aúuuu!

 

Anteriormente en: ¡Será por pastillas!



viernes, 20 de octubre de 2023

Pinocho sin bizcocho



A ti, excelente exleyente excedente:

No leas en mis palabras un alarde de soberbia, sino un burdo texto absurdo.

Al recuperar el ánimo por lo escrito y reescribirlo con nuevos ánimos, renuevo mi convencimiento en el valor del autoengaño si no nos hace daño. Al igual que un ensueño es la visión de algo positivo que nos puede ayudar a mantener el camino, el “internetearme” frente al mismo espejo, con diferente entrecejo, mantiene mi despejo y evita mi adormilarme frente a la indolencia propia.

Las palabras pueden parecer aquí distintas a las que compartíamos cuando veníamos y enloquecíamos. ¿Te acuerdas? Parece que fue ayer, cuando –en realidad– ha sido ahora. Eso sí, nuestro ánimo es el mismo: el de que en nuestras oraciones rece la ausencia a todo rezo o imploración, el de que las activas sean reflejas de nuestra esperanza y el de que las pasivas sean reflectantes de su iniquidad.

Ahora que todo vuelve a cambiar para volver a ser lo mismo, me gustaría recordarte que mi canto a mi mismo lo es también al encanto del “ninismo”. No es cuestión de sentirse más que nadie, es la respuesta a verse mejor que antes.

Mientras escribía esta “deliranza”, horneaba un bizcocho con el que deleitar mi panza.

Te ofrecería una porción, pero eres tan descortés que serías capaz de aceptarla; para luego criticar su sabor, su tamaño o mi natural tacaño.

Así que a falta de mi encanto enloquecedor, te dedico este “canto del loco”.

¡Ñam-ñam!



viernes, 6 de octubre de 2023

La burla del diablo

En mañanas como la de este viernes de nombre otoñal y apellidos veraniegos, siento escalofríos al recordar ciertos fulgores recientes con los que busqué negar mi estación de invierno.


Quizás quería volver a ser ese Mefisto que le vendió su alma a Belcebú a cambio de 58 años de felicidad; y que –cuando Leviatán se presentó a cobrar su deuda– lloró hasta lograr apagar los fuegos de El Infierno. La sensación de haber burlado al Diablo tras haberle entregado mi alma de barro, se desvaneció al ver su reflejo en el fondo de una botella. Me había encontrado. Me miró con ojos sabios, y viviseccionó mi cuerpo hasta llegar a mi espíritu. Sacó mi luz y le adhirió una mota de oscuridad. No dijo ninguna palabra. Perdonó mi inconsciencia de creerme por encima de El Bien y El Mal.

Supongo que es poco el precio que llevo pagado por ensoñarme inmortal. Otros, mejores que yo, lo han perdido todo. Yo sólo pierdo ocasionalmente la razón.

Esa mácula que me ha producido mi gusto por lo desmedido, es visible en diferentes cicatrices que tatúan mi piel. Mi maldición eterna era mi incapacidad para la estabilidad, para estarme quieto o saber esperar. Todo me aburría, todos me cansaban. Me falta la fuerza del interés para luchar por nada o por nadie.

O eso creía. Hasta que llegó ella; y decidí urdir una burla al Diablo de la monotonía y embarcarlo en un buque sin retorno rumbo a Mombasa, mientras me quedo en casa junto a la alegría “jusqu'au bout du hasard” (1).

Fotografía de Anna Karina.



martes, 6 de junio de 2023

Cambio copernicano

Quizá Bob Dylan tenía razón cuando escribió que los tiempos están cambiando (The Times They Are A-Changin’, 1963).


Basta con mirar el cielo para corroborar que el tiempo está cambiando: hoy, en el norte de España brilla el sol y en el sur español graniza.

Si aprovechamos este sol para salir a la vida exterior, comprobaremos que ésta, efectivamente, ha cambiado: ha envejecido. En los parques de nuestra niñez deambulan ancianos y en los patios escolares nuestros abuelos practican yoga. Donde antes correteaba la vida ahora se esquiva la muerte. Todo un cambio, ¿verdad?

Si nos acercamos a cualquiera de nuestros mayores, deambulantes o practicantes, nos confirmará que los tiempos han cambiado y que los de antes eran mejores: sin achaques de salud y sin ataques de Putin.

Oteados los cielos y consultados nuestros abuelos, todo indica que Dylan acertó en su aforismo musical. Pero tener la razón en lo que dices no implica tener acierto en lo que haces: en la vida impera el caos, no el orden, de ahí que convenga convivirla con un gramito de locura y un quintal de suerte.

Nunca me gustó la música del estadounidense Bob Dylan; y soy demasiado viejo como para cambiar de pellejo.

Una de mis debilidades es la música de Enrique Urquijo. Pese a su muerte, cualquiera de sus estribillos me hace sentir más vivo que toda la discografía de Dylan. Estímulo que no ha cambiado en los 45 años que llevo escuchando sus canciones.

Va por ti, amable leyente: gracias por estar ahí. Han pasado casi quince años y tu compañía en este blog me hace volver a ser el niño que nunca ha dejado de preguntarse el porqué de las cosas.

“Después de andar a la deriva

Por mares turbios de bebida

Como un chiquillo falto de cariño

De pronto es todo tan sencillo, sencillo.”



jueves, 4 de mayo de 2023

¡Será por pastillas!

Ahora, amable leyente, que pega tanto hablar de la “inteligencia artificial” y del "ChatGPT", creo que lo inteligente es apegarnos a lo natural de estar al tanto de conversar en persona y chatear unos vinos que embriaguen los caminos para bailar chachachá. O compartir un café, mientras tanteas a un igual sintiente sobre la posibilidad latente de acabar la velada sin artificios y a tientas de entenderse por los orificios naturales de la tentación.


 Enninación de imagen: El sueño de la razón produce monstruos, grabado n.º 43 Los Caprichos (1797-1799) Francisco José de Goya y Lucientes

 

Lo de permitir que lo artificial sea el artífice de nuestro bienestar me suena a matriz inversa del bienvivir: a subsistir cual ladilla en una pesadilla como la desvelada en la saga cinematográfica “Matrix”. Temo que con la “inteligencia artificial” buscan inducirte el daño de tragar otra píldora del autoengaño de creerte más libre al consumir más. Y la pastilla de creerte más seguro al estar más controlado. O la tableta para mantenerte a dieta de lo que a ellos los inquieta: que alimentes tu personalidad.

Aunque en una sociedad hipermedicada como la nuestra –en la que los supuestamente encargados de cuidar por nuestro bienestar son los primeros en recetarnos píldoras para afrontar la realidad–el diagnóstico doctorado sea el de empastillar nuestra desazón vital, te propongo –afable leyente– la matización de rechazar las pastillas que dan la razón a los monstruos y naturalizan lo artificial.

Disfrutar la vida conlleva vivir sus momentos amargos, afrontar problemas, fallar al intentar acertar, votar por ilusión, no por miedo….

Entramos en periodo electoral, es hora de elecciones. Los dueños de la sinrazón invocan monstruos.

No los leas a diario ni escuches su telediario. Aléjate de su bestiario y acércate a tu devocionario: quiérete y quiere a quienes te quieren. No ingieras forzado la pastilla azul o la roja, infiere lo que se te antoja: aunque sea digerir una panoja.

No dejes pasar la tentación atreverte a ser humanamente ignorante. Ten la inteligencia de soñar.

@NinoOrtea

https://www.youtube.com/@NinoOrtea

 


Pastillas para no soñar (J. Sabina / A. García de Diego / P. Varona) BMG / Ariola. España. 1992

 

lunes, 20 de marzo de 2023

María Antonieta y el ninocentrismo

 


Hola, amable leyente:

Lo siguiente viene a cuento a raíz de un desencuentro surgido tras revisionar —recostado en los brazos de mi mujer inmadura— «María Antonieta», película dirigida en 2006 por Sofía Coppola. Acabada la peli, le propuse que picáramos algo, cuando mi mente estaba en pecar bastante. Y de ahí vino el problema… de lo dicho, no de lo callado.

Mientras apuraba el tente en pie, para tumbarme a sus pies, empezamos a hablar de lo vacía que nos había parecido la obra. En un principio, no quise entrar mucho en el tema, pues la proyección había sido en su patio de butacas y me temía que el filme figurara entre los 10 que se llevaría a una isla desierta en lugar de empaquetarme a mí.

Pero mi Wendy abrió el ventanal de la opinión crítica… y este Peter Pan entró alborozado por él, pese a no haberle prestado atención a la película: “Nada, suelto cuatro generalidades pretenciosas, y pasamos de las palabras a los lechos”.

Puedo aducir que sólo a un obtuso se la habría ocurrido ver la peli en la pantalla pudiendo admirarla reflejada en los ojos de ella. Vamos, que si en vez de «MaríaAntonieta», hubiera reproducido «María Estuardo», ¡como que no me habría enterado!

Embebido por el deseo, critiqué denodadamente el filme que no había visto: narrativa caótica, abuso de planificación forzada, diálogos incoherentes… en fin, toda una serie de generalidades que disimularan mi embriague con el bebedizo de su aroma.

Ella, en su reflexión, criticaba detalles estéticos: que si una reina de la época no haría tal cosa, que si el uso de música pop era anacrónico, que si los movimientos de cámara le restaban realismo…

¿Realismo?, podría haber dicho cualquier palabra —incluso esternocleidomastoideo— que yo habría seguido absorto escuchándola, pero… ¿realismo? A mí, que sostengo que la Vida es algo sórdido que hay que embellecer, no me vengáis con autenticidad, ¡que me pongo atómico!

Le propuse veladamente que en lugar de realista, nuestro enfoque para el resto de la velada fuera costumbrista con retazos naturalistas. Vamos, que retozáramos con la naturalidad acostumbrada.

Ella, soberana de sus palabras, guardó silencio y me miró con la picardía con la que una reina, afrancesada o gijonesa, mira a un bufón del que no sabe si reir su gracia o decretar su desgracia.

Respecto a si mi María Antonieta me guillotinó, sólo deciros que esa noche no.

Ya hace meses, por no escribir años, que sabe que he perdido la cabeza por ella y que mi corazón sólo encuentra sazón a su lado.

 

Gracias por tu escucha/lectura atenta de este divertimento afrancesado, amable leyente/escuchante.

Tanto el texto como su locución han sido realizados sin ánimo de lucro. Te estaré agradecido si te haces seguidor de mi canal audiovisual en YouTube y le das a "me gusta" en el video. La música que suena de fondo es la canción «Hong Kong Garden» de Siouxsie and TheBanshees.

 

 

Gracias.

 

youtube.com/@NinoOrtea

@NinoOrtea

martes, 22 de noviembre de 2022

Eternamente, su mano

Eternamente, su mano

Éste no puede ser no más que un texto para un blog. Quisiera que fuera una declaración de amor a la Imaginación. Si me faltara ella, no voy a morirme; pero logra que mi soledad se sienta acompañada y por eso siempre sé que la necesito.

Variación personificada sobre la letra de la canción «Yolanda», compuesta por Pablo Milanés. (DEP)

Yolanda - Pablo Milanés (junto a su hija Lynn)      

           

En un intento de poner freno a lo que ahora siento a raudales, me pongo a escribir a vuelablog.

La nuestra es la sociedad de lo fácil y lo rápido, en la que incluso los logros deben desvirtuarse para ser aceptados. La nuestra es una sociedad fascinada por una vulgarización disfrazada como diversidad; pero pobre de quien no entre por el ojo de la aguja de lo políticamente correcto: será tratado como un monstruo, perseguido como una aberración y “cancelado” socialmente. Si Pablo Milanés nos estimuló a ser eternos, ahora Bad Bunny nos insta a ser ignorantes. Seamos vulgarizantes y aceptémoslo: es el signo de los tiempos. Comparar las figuras de Milanés y Bunny nos permite figurarnos las diferencias entre esta sociedad y la de los años 70. Ahora que el futuro me ha alcanzado no puedo evitar imaginarme un presente mejor, como aquél que anhelaba cuando tarareaba la canción «Yolanda».

Pese a lo amargo del presente, esa eternidad a la que cantaba Pablo Milanés está al alcance de nuestra mano, amable leyente: en el futuro siempre habrá alguien que nos recordará con aprecio si le trasmitimos esperanza en su presente.

Gracias por venir y enloquecer, afable leyente. Gracias por compartir la eterna necesidad de imaginar un futuro menos áspero para nuestros hijos –de la realidad o de la imaginación–.

Nino Ortea. Gijón. 2022.



martes, 22 de mayo de 2018

De cabeza


Hola:

He acabado el borrador de mi próxima novela.
Planeo autopublicarla en unos meses; así que —si no se me va la cabeza a pájaros— tengo tiempo de sobra para pulir el texto. Quizá la fiscalización de un nuevo borrador, cuando tengo pendiente afianzar uno previo, pueda parecer una nueva prueba de que soy un cabeza loca. De hecho, no recuerdo que nadie me haya definido alguna vez como un tipo cuerdo.

Sí que me han definido como tenaz, terco o “cabezota”.
Y lo soy. Por ejemplo: esta “nueva novela” es en realidad una cabezonería con un proyecto viejo. En ella rescato los pecios de un naufragio creativo que me resisto a dejar que se hunda en el océano del olvido. Por alguna razón, se me metió a la cabeza, hace casi tres años, escribir una “trilogía francesa”. Un proyecto apasionante que me sirvió para descubrir  un buen puñado de películas, novelas y tebeos franceses. Proyecto que mi cabeza no supo llevar a buen puerto. Pero me resistí a dejarlo varado, y retomé una de sus tramas para convertirla en la “brevela” «La piel del diablo» –publicada en la antología «Mirador»–. Los 5 capítulos de esa “brevela” forman parte de los 23 que, por ahora, conforman mi novela destitulada.

Mi novela tendría título de tener yo cabeza.
Normalmente mis proyectos no llevan título hasta que finalizo su borrador. Entonces es cuando los encabeza un nombre, cuya disponibilidad compruebo en Internet. Me conformo con que no sea semejante al título de otro libro publicado recientemente —disfrutando como disfruto de un blog titulado «Ven y enloquece» (referencia española para una obra antológica de Frederic Brown), encuentro redundante reconocer mi falta de reparos a la hora de apropiarme de encabezamientos ajenos—. El caso es que se me despistó el comprobar la disponibilidad del título que había pensado para este borrador recién acabado, y después de haberlo registrado voy y me doy de cabeza con una novela romántica con un nombre casi similar.
Así que ahora ando rascándome la cabeza a la búsqueda de un nuevo título.

Y esta búsqueda me trae de cabeza, atentoLector. Disculpa mi testarudez a la hora de no sacármela de la cabezota.
Gracias por tu compañía.


jueves, 26 de abril de 2018

Este jueves: Encuentro literario juevero

Esta semana es la compañera Lucia M.Escribano quien coordina el encuentro juevero desde su blog Sintiendo en la piel.... Su propuesta es tan sugerente como inspiradora: la Literatura.
Para leer los textos inspirados de mis compañeros, sólo tienes que pulsar en el vínculo que aparece debajo:


Gracias por tu compañía, atentoLector.



Nunca quise ser escritor.
No fui de esos niños precoces que compiten veloces en las redacciones escolares. Me disgustaba lo que los profesores llamaban “escribir” y yo vivía como “copiar”: unas veces del libro, otras del encerado. Pero, si me pillaban aplicando lo aprendido y dedicándome a copiar en los exámenes, no me recompensaban por alumno aplicado: me penaban a copiar varias veces un castigo. Sin saltarme nada. Sin variar nada. Buscaban saturarme con líneas repetidas, para que así aborreciera la idea de escribir, de pensar, de expresarme…

Quizá la exteriorización más evidente del proceso de despersonalización que cimienta el proceso formativo es su constante recurso a la copia. Nada de pensar, razonar o crear.
¡Copiar!
¡Copiar!
¡Copiar!
Ambicionan convertir a los alumnos en copias impersonalizadas, en pasantes que entreguen sus balances a tiempo, en escribanos que calcan sus días siguiendo la pauta marcada…

¿Cómo iba a querer ser escritor yo, que siempre escribí a renglón torcido?
Para los profesores estaba claro que el párvulo MJOS no llegaría a nada, que mi vida sería una oración simple y corta, llena de faltas de ortografía.
Pero, si se equivocó la paloma de Rafael Alberti, ¿cómo no se iban a equivocar esos buitres?
Por ir al norte fui al sur, de MJOS a Nino. Emprendí vuelo de la mano de Libertad. Ella hace de su corazón mi casa. Me deja enredar entre su blusa o su falda. Me inspira para que en la oscuridad de la noche entrevea la luz de la mañana.
Lo que no hago como

MJOS
lo fabulo como Nino. Cuando la Realidad me sitúa entre el clavel y la espada, prendo el clavel con la boca y cambio la espada por una pluma. Escribo. Lucho. Ensueño. Vivo. Resisto.

No se equivocaron los “apalominados” que me ridiculizaban asegurando que tenía la cabeza a pájaros. Pero, no repararon en que también mi ánimo tiene alas. De ahí que emprenda vuelos junto a palomas equivocadas. De ahí que este verso suelto escriba como vive, y ensueñe como siente. ¡Y me siento de fábula escribiendo!
Siempre quise ser fabulador, pero ensoñarse como escritor está mejor visto.
Gracias por acompañarme, atentoLector.

Se equivocó la paloma
¿Se equivocó la paloma,
se equivocaba.
Por ir al norte fue al sur,
creyó que el trigo era el agua.
Creyó que el mar era el cielo
que la noche la mañana.
Que las estrellas rocío,
que la calor la nevada.
Que tu falda era tu blusa,
que tu corazón su casa.
(Ella se durmió en la orilla,
tú en la cumbre de una rama.)

Se equivocó la paloma”. Poema de Rafael Alberti. Recogido en su poemario «Entre el clavel y la espada» (1941)

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