viernes, 22 de abril de 2016



En la vida y en el arte es mucho lo que se queda atrapado en intentos fallidos o cometidos a destiempo. Pero también es mucho lo que decidimos no compartir y guardar para nosotros. Actos íntimos que hablan de nosotros o para nosotros, y que ante todo no queremos hacer públicos.

Ayer murió Prince, un creador prolífico del que me temo que no tardaremos en ser bombardeados con discos póstumos. Me impresionó mucho el leer que lo habían encontrado muerto en su estudio, me vino a la cabeza que se había encerrado allí para eliminar todas las composiciones que nunca había llegado a compartir. quizá presentía la llegada de su muerte y no quiso que canibalizaran sus ilusiones más íntimas.
Yo no quiero que me pase eso. Llevo desde la madrugada rebuscando por casa y juntado todo lo que tengo escrito para tirarlo a la basura. 
Acabo de tirar la última caja con mis papeles triturados.

No veáis en este acto nada más que lo que implica para mí: cumplir mi voluntad.

Confío en vivir muchos años y en morir tranquilo. Pero cuando me muera nada contará mi historia fuera de lo que yo quise contar.

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