martes, 3 de enero de 2017

Lo nuevo no será el año



El problema principal de sufrir un trastorno de conducta no es que te aleje del comportamiento previsible, sino que lo activan resortes ocultos. Cualquier gesto, palabra o cartel de lencería puede azuzarme, cuando no ruborizarme.

Hay veces en las que el mero hecho de salir a la calle se convierte en todo un alboroto. No es que mi ir a comprar el pan sea tan azaroso como el balancearse por la jungla de Tarzán para recolectar mangostán; pero a ciertas cotidianidades les doy unos usos más raros que los que les da Mac Gyver a un chicle. Donde unos ven un saludo yo siento un desprecio, ciertas risas me suenan a burlas y contados encuentros me llevan a consumados desencuentros.


Lo de cruzarme por la calle con quienes me tienen cruzado en la vida es un vía crucis, sólo comparable a mi antiguo avergonzarme por volver de cerrar los bares a las horas en las que abren las escuelas.

A mi aireado desasosiego irascible se une mi silenciado trastorno obsesivo. Sí el obsesivo, no el “obesivo”. Que en lo de la gordura no es lo mismo ser, que estar o aparecer. ¡Seamos copulativos!

Cuando me da por algo, me dan las tantas ordenando cascos de Fantas, desdenes de desdentadas o delirios de mi fantasiosidad. Al final, donde va el asa, van el caldero y mi natural ninoninero. De ahí que haya noches en las que mi dormir solitario lo encare con el mismo aborrecimiento con el que un faquir, alérgico al acero, se recuesta sobre su colchón de clavos. Y sí, la de ayer fue una de esas noches que se clavan con desánimo.


Photo by Peter Purdy
 

En el calendario de una entidad bancaria de la que no soy usuario, marca que hoy es 3 de enero de 2017. Esta tarde, al contrario que la última del año pasado, he encontrado pesado el leer el WhatsApp que me has escrito y me he sentido ligero al escribir a vuelablog esta enninación. No es tan fácil el pasar página en lo vital como lo es el arrancar una hoja del calendario. Pero lo que sería injustificable es que me quedara colgado de tu recuerdo, lo mismo que un almanaque permanece sujeto por una cuerda.

En un breve rato saldré a callejear acompañado por mi trastorno y sin el adorno de tu compañía. Eso será algo nuevo, no ya en este año, sino para lo que me queda de vida.

Au revoir, Tristesse.

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