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martes, 7 de octubre de 2025

I write for, to and now

Simon and Garfunkel - I Am a Rock

I write out of necessity, to escape from my loneliness and to feel alive. I write to differentiate Imagination from Reality, because I use my words like fireflies in the nights of false memories. I write because no one tells me what I don't tell myself. I write to the taste of my taste for taste, seeking to turn each visitor into a taster. I write because I enjoy playing with words that are more beautiful when read than when written. I write to fantasize about ideas that, rehearsed in my literary personality, help me to become a better person. I write to get away from what I don't want to be, to reflect on what I can be and to long for what I never was but dreamed of being. I write at the dictation of a whim that allows me to embellish the impertinence of being in my sixties. I write to laugh at what hurts me and to make fun of the wicked that hurt everyone. I write for my own enjoyment, just as I enjoyed writing you 40 stories in 40 sunrises illuminated by your calm breathing. Stories that are as much yours as mine, because your inspiration shaped every word. Therefore, never associate my words with scratches in your heart. I do not seek to hurt someone who only did me good. Therefore, do not read again in what I fictionalize a way of talking to you: there is no point in conversing with your silence. I would like you to keep reading me, because you are part of what this blog was. If you do, thank you; But don't feel like the rose or the thorn I sing to. Not anymore. I am responsible for what my words tell, not for what your heart reads. I write now, just as I did before I met you, and I will continue to do so as long as it helps me to understand myself.

Just as I know you'll smile again without me, you know I've stopped writing for you. What's more, I know you'll laugh when you remember that you thought you loved me. Goodbye. Please, don't turn our memory into gall. Will you? 

miércoles, 24 de enero de 2024

Sigo el camino de baldosas amarillas (Reprise)

Se acerca la noche. Confío en poder soñar. En mis sueños, vivo en la cara oculta de la Luna. Allí nadie me ve. Allí, libre de la gravedad del qué dirán, camino con pasos de gigante hacia el arcoíris.

A falta de corazón, tengo una caja de bombones. A Dorothy no le importa. Dice que el Mago de Oz me curará. Siempre que llegamos al camino de baldosas doradas, me coge de la mano y empezamos a cantar. We're off to see the Wizard, The Wonderful Wizard of Oz. …

We're Off To See The Wizard (The Wizard of Oz, 1939)

No entiendo lo que canto. En cuanto me jubile aprenderé inglés. Quizá entonces no sólo sienta júbilo cuando sueño. Casi puedo oír latir mi corazón enlatado al evocar a Dorothy. Por fortuna, cuando La Ciudad Esmeralda se muestra hermosa y cercana, y yo estoy cerca de la emoción, suena el despertador.

¡Salvado por la campana!

En una hora seré el rey de mi despacho, allí me aburriré con empacho. ¿Quién necesita usar su corazón palpitante teniéndolo en una caja radiante?

Y pensar que hubo un tiempo en que soñaba con pasar a recoger a Dorothy en mi caballo de cartón. Ahora la veo tan vulgar. Y pensar que hubo un tiempo en que se me paraba el corazón cuando la veía. Ahora…

Ahora estoy mejor sin corazón. El que tengo de lata no me delata.


martes, 26 de febrero de 2019

Con humildad y respeto


Siempre quise ser un mago.
Pero no uno tipo “Harry Potter”, pues mi vértigo me impediría montar en escobas voladoras, y mi cobardía –disfrazada de prudencia– me llevaría a desmayarme antes de animarme a asumir ningún papel de héroe. No, lo que yo quería era ser un ilusionista como Houdini: alguien que supiera escapar con ilusión elegante de la realidad afeante.



Siempre me atrajo lo distinguido del porte escénico de los magos, con esos esmóquines cortados a medida y su porte grácil sobre el tablado de los sueños. Además no voy a montar un espectáculo para ocultar que, desde pequeñito, fantaseo con estar rodeado de creciditas voluptuosas que me inviten a hacer magia compartida con nuestros cuerpos mientras me susurran: “Ven y enloquece, Ninín”.
Lo de hacerse el sueco ante la ocasión de escenificar gritos y susurros, lo dejo para genios como Ingmar Bergman. Tú y yo hacíamos magia, no Arte.
El problema está en que los magos itinerantes no tenemos buena fama, pues se nos tilda de escapistas de la fidelidad cuando lo que somos es asustadizos ante la fealdad. Además, lo de empeñarse en ser ilusionista a la edad de ser pensionista, suena a ser un gran iluso; y de iluso a tonto hay menos distancia que la que acerca mi corazón a tu olvido, Sidonie.
Curiosa la facilidad con la que la realidad convierte en artificio lo que antes se percibía como hechizo. Los mismos trucos que hasta antes de ayer se disfrutaban, desde ayer han pasado a ser prejuzgados como trampas. De ahí que ya no sea tu “mago”, sino un vago que a sus 53 años responde a un nombre de niño, lo mismo que mi comportamiento corresponde al de un inmaduro.



Pero bueno, no debo entregarme a la melancolía. Tengo que retomar la ilusión. La magia volverá. Será sobre otro escenario, con otra partenaire y con las mismas ganas.
Además, si uno no persigue sus ensueños, lo acaban azuzando sus demonios. Así que: adiós pereza. Reconozco que me sentía cómodo adormecido en tus brazos indolentes. Pero tu frialdad, al igual que la del invierno, ha llegado a su fin.
Hoy mismo he desempolvado mi caja de “Recursos literarios Ninoniani”, y me dispongo a enredar con la varita mágica de la escritura. Con suerte dentro de un tiempo sacaré un conejo de la chistera creativa. Para ello debo practicar a diario entre bambalinas. Y debo hacerlo con humildad hacia mis ideas presentes y respeto hacia mis lectores futuros.
Volveré al escenario. Lo haré con Esperanza. Lo haremos sin hacer secreto de nuestro matrimonio, Inspiración.

Si no surgen contratiempos, amables leyentes, espero haber autopublicado un nuevo libro antes de que finalice este año.
Gracias por la magia de vuestra compañía.

La idea 03: Humildad y respeto

Las imágenes que embellecen este texto pertenecen al corto «Presto» –realizado en 2008 por Doug Sweetland para Disney-Pixar–. Te invito a que lo veamos juntos, amable leyente.

viernes, 11 de enero de 2019

Vidas rebeldes


Tenías razón cuando me adjetivaste de “inadaptado”, cuando me canturreaste como uno de esos “descending angels” a los que entonan tus favoritos The Misfits.
Sí, lo soy.
Y la verdad es que espero serlo siempre.
Espero nunca acostumbrarme a la cercanía de la belleza.
Espero nunca convertir la emoción en costumbre.

Ver mi reflejo en tus ojos fue algo arrebatador, alejabas la pasión de la rutina.
Y espero que siempre sea así.
Espero, por un tiempo más, mantener la vida rebelde.
Vida en la que cada secuencia compartida supone un destello.
Vida en la que cada escena solitaria anticipa mi ocaso adusto.

Y es que, aunque tú encarnas siempre la frescura de Marilyn Monroe, yo personifico la decadencia de Clark Gable cuando tú no estás a mi lado. Sólo a tu lado me convierto en Montgomery Clift.
 
Fotografía de la película “Vidas rebeldes” (John Huston, 1961).

No me adapto a estar sin ti, Sidonie. Quizá por eso toda mi vida fui un inadaptado hasta que te conocí.

martes, 29 de mayo de 2018

Mis ideas llegan del azar, no de la reflexión


Tanto en la vida respirada como en la anhelada, las ideas me vienen de sopetón al corazón y de ahí se me suben a la cabeza.

Como de sopetón me vino una alegría que me dejó el corazón abombado y el rostro sonrojado —mi debilidad ante el aprecio se aprecia hasta en las tonalidades de mi piel—. No fue esta mañana, pero sí la otra tarde que me lleve esta alegría arrebatadora —te recuerdo, madrugadora aristogata, que en lo que va de semana no nos hemos despertado juntos, y ya sabes que los alegrones sólo me los da el estar contigo—.


Bueno, a lo que iba—que es pensar en ti y “colgarme en las alturas” como le ocurría al personaje cantado por Joan Manuel Serrat—. En esta tarde reciente me sentí creciente —digamos que un “quincón”— al ver cómo de sopetón recibía afecto de manera inesperada. Y eso que la persona afectuosa era repetidora en esas lides. Como temo que me estoy liando y te adivino afilando tus uñas, mi felina aristogata, mejor me centro.
Ocurrió que, a mitad de una clase, mi alumna con más clase volvía a pedirme que le dedicara un ejemplar que ella acababa de comprar de uno de mis libros—en este caso, de la antología recreativa «Mirador»—; selección que ella leerá a su libre elección: en pie, sentada o como le venga en gana.
Me sentí halagado por su renovada muestra de aprecio impagable; pues si sabe que escribo no es porque yo se lo haya dicho, sino que debido a que se interesó por saber sobre este bicho angloparlante.
Si ya todo interés lector es impagable, el que ese apego lo muestre una asturiana a la que cobro por sentarme a conversar con ella en inglés me hace sentir universalmente agradecido.

Ahora, racionalizo esa alegría y la convierto en palabras. De su generosidad brotó también la idea para esta enninación.
Agradecimiento que extiendo también a ti, amable leyente. Sin ti, sin vosotros, este blog sería de nadie.
Nino

Cuando estoy contigo, aristogata, soy tuyo.

mituNino.
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