Ven y enloquece

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martes, 9 de febrero de 2010

El narciso Nino


Todos sabemos que la Cultura tiene un componente mágico.
Unas veces lo llamamos evocación, otras empatía o simplemente simpatía.
Como suele ocurrir cuando profundizas en lo que te hipnotiza, al convertirte en artífice del artefacto, descubres que tras la palabra ARTE hay mucho artista de lo imposible que –mientras a ti te conmina a hacer algo tan sencillo como trabajar por amor al arte– realiza un acto filantrópico de transmutación, al aparentar su cuerpo vivir lo mejor posible, mientras que su espíritu se sacrifica a frecuentar la compañía de esa burguesía que tanto detesta.
Al final, la quijotada no es la tuya –que tan sólo le restas horas al descanso para crear ilusiones que compartir–. No, el sacrificio es el suyo que te da la oportunidad de permitirle que se aproveche de ti, cuando hay tanta gente de la que se podría aprovechar. Y si te quejas eres un egocéntrico, un resentido o un ¡bah, es Nino!
Es curiosa la cantidad de personas que se gana la vida representando a aquellos que denosta como “mediocres”.
Es llamativo el silencio mediático, cuando no la aprobación social, con el que estos pródigos con lo público se enriquecen con lo ajeno.
Invoquémoslos como representantes, marchantes u organizantes; el caso es que estos prestidigitadores culturales logran el acto de magia definitivo, al distraer nuestra atención con los oropeles de lo gratuito, para que no nos demos cuenta de cómo se enriquecen con lo público. Y es que hay mucho Fagin fuera de las páginas de Dickens.
Pero ante todo, ¿no habíamos convenido en que el Arte tiene un componente mágico? Está claro, ese quinto elemento que maravilla nuestro sexto sentido es que el Arte se hace solo. Quizás por eso tras disfrutar de un cuadro, un artículo o una caricia, no podemos evitar el comentar: ¡Esto lo hace cualquiera! ¡Hasta lo hago yo!
El texto que os dejo a continuación, no lo hizo cualquiera, LO HICE YO.
Es una traducción de un suelto del escritor británico Jamie Delano; traducción que apareció reproducida en el número 54 de la revista argentina Comiqueando. Publicación en la que el arte de la invisibilidad vuelve a sonreírme, pues no aparezco acreditado en ningún apartado.
Eso sí, el nombre de los omnipresentes está más que recalcado–yo diría que, repetido hasta el hastío, pero claro… ¡es que no salgo yo, así que hablará la envidia!–.
Difícilmente puede defender los derechos de propiedad aquél a quien no se le reconoce su dignidad intelectual. Así que está cantado que yo soy aquél.
Pero bueno, el concepto de propiedad es sólo cuestionable cuando se aplica a lo ajeno. Para lo propio somos todos muy nuestros.

Y ahora, os invito a leer este texto de Jamie Delano que para mí fue un placer trocar al castellano, gallego que dirían los boludos o español tradicional, que instalarían los de Microsoft.
Martes y lloviendo. Hoy no me caso, pero quizás me embarques.   

© Nino Ortea. venyenloquece@hotmail.es Gijón. 9/II/2010