Ven y enloquece

Ven y enloquece
Aunque este blog lo firme Nino Ortea, pertenece a quienes lo sentimos nuestro al leerlo.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Una buena tarde.


Este lunes, de la que vineaba con mis amigos María Prieto e Higinio Vallina, entre las muchas cosas sobre las que charlamos surgió el tema de la capacidad de La Literatura para “cambiar la vida” del lector. Ellos citaron obras que influyeron en su desarrollo vital. Yo afirmé y sostuve que ninguna novela me había producido tal efecto; pero sí algunas películas y canciones.
Mi afirmación les sorprendió, imagino que en gran medida dadas mis ostentadas ínfulas de escritor. Así que añadí que, obviamente, hay obras literarias que me han emocionado o seducido durante su proceso de lectura o relectura. Pero, más allá de sus páginas impresas, ningún libro ha desempeñado un papel referente en mi vida. Ni de los manuales de texto –de los que poco he aprendido, pues no se buscaba que desarrollara una opinión, sino que  reprodujera su contenido–, ni de las lecturas bajo mi pretexto, he sacado más beneficio que aprobados raspados o placeres sobrados. Quizá la obra que más cercana ha estado a desempeñar el papel de lazarillo vital es la formada por las 100 primeras entregas del semanal Trueno Color realizadas por Mora y Ambrós.



Tras mi sostener sin enmendar esta boutade, María se río con aprecio y habló del valor literario que guardan muchas lecturas denostadas como “menores”. Ella suele tener hacia mí palabras de ánimo y aprecio; y hacia la vida, reflexiones muy personales y sugerentes. Es por eso que soy un fiel seguidor a destiempo de su colaboración semanal –en las tardes de los lunes, pasadas las 5– en el programa radiofónico La buena tarde, el cual emite RTPA.
Allí sentados a una mesa del bar Casa Baizán, preferimos desplegar nuestras fantasías a encogernos ante nuestras realidades. En nuestra peculiar isla de Thule, María habló de la ilusión que despertaba en ella su colaboración, algo que entendíamos perfectamente Higinio y yo. En mi caso por haber tenido el honor y privilegio de realizar semanalmente junto a él un programa radiofónico hace ya 22 años.
Podría vivir sin Cine, Música y Literatura; pero no sin Amistad. Por eso me encantan esas tardes con María e Higinio. En la noche del martes me llamó Carlos Ansótegui para avisarme de una oferta laboral de la que se había enterado. Es curioso cómo la palabra “amigo” resulta limitada a la hora de describir a personas que te hacen sentir querido y asentado en su vida, aunque el tiempo que compartes con ellas sea contado.
Después de todo, las que son incontables son las horas que paso con mi Soledad. Y ella no es mi amiga.
Nino