Ven y enloquece

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Ven y enloquece apoya la campaña de Nino Ortea a favor de la lectura responsable y los sentimientos apasionados

jueves, 16 de febrero de 2017

Este jueves, un relato: Imágenes demiúrguicas

Este relato esta escrito a inspiración de El Demiurgo de Hurlingham, para leer más cuentos demiúrgicos, sólo tienes que pulsar en este vínculo:



Nos conocimos en “Tinder”. Los dos somos seguidores de No lo soporto.
Nos vimos antes de ayer.
Recuerdo esperar por su autobús. Ir a bares oscuros. A ella bailando sobre la barra mientras yo le pedía al pincha-discos que se dejara de milongas y pusiera una de Los Chichos. A ella salir en volandas del bar, gritándole al tipo cachas que la abrazaba. A mí siguiéndola en vano para devolverle su parte de nuestro fondo común para bebidas.
Recuerdo caer rendido en la cama… ¡y a la policía aporreando mi puerta, mientras me acusaban a voces de un secuestro!

Decidí irme de casa pitando, así que me fugué por la ventana sin reparar en mi desnudez, que cubrí en cuanto llegué a la acera colocándome el cartel del menú de un restaurante vegano. Desde entonces, no me he quitado el cartel ni para dormir bajo este puente.


En las hojas del periódico “Hurlingham Post” que acercó esta mañana el viento, aparecía una foto de la demiúrgica Regina Clamor en brazos de un musculoso que afirman que soy yo, ¡ya quisiera para mí ese cuerpo! El caso es que me acusan de ser su secuestrador, pues la clientela del bar me recordaba por mi mal aliento y la camiseta con el lema “Hola, soy Nino Ortea”, que me había rotulado a bolígrafo para que Regina me reconociera al bajarse del autobús.

¡No me podía creer que había quedado con la “Reina del Grito”, la aullante actriz de películas de terror! De hecho cuando le había comentado eso de “Tu cara me suena” me ratificó que se llamaba Inés Perta, pero la gente la confundíamos con una prima suya famosa. En cuanto pueda, ¡ESTO LO CUENTO POR “TWITTER”!.
Ahora sólo me queda confiar en que, dada su habilidad de escapista, Regina no tarde en fugarse de su secuestro; y declare ante la policía que soy inocente de su rapto, para después aclarar a los periodistas que lo de mi mal aliento es un burdo rumor. Y bueno, si luego en privado me pasa el “Facebook” de su fornido secuestrador… ¡Mejor que mejor!