Ven y enloquece

Ven y enloquece
Fotocomposición a partir de una imagen de Eva Green en la película “The Dreamers”

domingo, 23 de julio de 2017

Quizá llevo equivocado toda mi vida, pero soy terco en mi error



Muchas veces dudo de mi valía comunicativa: no sólo como escritor, sino que también como persona.
Durante esas devaluaciones, me replanteo hasta qué punto mi trayectoria vital ha sido un viaje a la deriva consecuente de mi incapacidad para afrontar una vida real, o una huida de mi miedo a la Verdad de los hechos en la que me refugio en la falsa seguridad del autoengaño verosímil.

Desde mi refugio individualista observo las vidas de otros, de la mayoría de aquellos con los que convivo, de quienes se consideran mis iguales pero ante los que me siento diferente. Su día a día es disparejo al mío: orbitan a un sol que brilla para todos, pero que yo ignoro. Ellos se ajustan a las vidas que se esperan de adultos maduros. Ocupan su sitio y encuentran su lugar bajo un sol que a mí me deseca la ilusión. No voy allí donde otros van y se esperaba que yo también coexistiera; la verdad es que pese a mi erosión física e intelectual se me siguen brindando oportunidades de unirme a ellos, de ocupar ese sitio donde sólo yo parezco no querer encontrarme.

Pero es que no me puedo permitir el converger en la sombra de un gigante sin alma, para así sentirme aceptado y creer que formo parte de algo importante; yo sólo quiero experimentar destellos de felicidad y avivar mi ánimo con su recuerdo. Quiero tener mis momentos de luz, no reflejar el esplendor ajeno. En veces como éstas, en las que me aferro a mi universo para evitar orbitar en su mundo, me pregunto si mis experiencias no son sólo un cúmulo de desperdicios vitales; y quizá lo mejor que puedo hacer es rendirme y aceptar que estoy equivocado.

Me empeño en vivir a mi manera y eso me lleva a vivir en soledad, sin apenas recursos económicos y con una salud quebradiza. Para mi sorpresa me hago viejo, para sorpresa de todos –entre los que me incluyo– sigo viviendo a mi manera, de una forma bastante similar a la que me entregué cuando era adolescente y creía que no llegaría a viejo.
No sé si estoy equivocado, pero siempre acabo decidiendo que debo vivir según lo que quiero, no de acuerdo con lo que se espera de alguien que no soy yo, sino un dato estadístico.