No reniego de mi pasado personal ni creativo. Es más, en lo general
acepto como propios aciertos y errores que me afectan, aunque no me corresponda
su autoría.
Soy dado a hacer, no a intentar; de ahí que acumule tantas pruebas de
vida. Pruebas que demuestran que las vidas de este ensoñador no han sido una
sucesión de espejismos, sino que un encadenamiento de realidades.
Creo que la vida es
un paseo. Trato de recorrerla a mi ritmo, siempre que el Destino no me juegue
malas pasadas.
Soy un soñador: no un
hombre de visiones, sino de ilusiones. Cada día, cada hora, cada segundo de mi
vida siento que estoy varado en una tierra sin esperanza llamada REALIDAD. Y
la noción de libertad que muchos perciben en internet es un espejismo para mí.
Y también un terreno de arenas movedizas donde nuestras ilusiones se desmoronan
y se convierten en delirios.
Sí, internet llegó
para quedarse. Es algo genial, pero no es lo real. El problema es que cada vez
más gente no presta atención a la alegría de vivir (tocar, reír, sudar...)
porque están demasiado ocupados mirando una pantalla donde fingen tocar, reír, sudar una
vida real.
I think life is a stroll, and I try and walk it at my pace whenever
Destiny is not playing dirty tricks on me.
I’m a dreamer: not a man of visions, but a man of illusions. Every day,
every hour, every second in my life I feel like I’m casted away in a land
without hope called REALITY. And the notion of freedom that many other perceive
in the Internet is a mirage for me... And also a quick-sands territory where our
illusions are degutted and they arise as delusions.
Yes, the Internet is here to stay. It’s a great thing, but not the real
thing. The problem here is that more and more people, don’t pay attention to
the joy of living (touching, laughing, sweating...) because they’re too busy
staring at a screen where they pretend to have a real touching, laughing, sweating life.
“Llegar
a los 60 sin amigos íntimos no siempre revela un problema social. En ocasiones,
lo que muestra es una historia de desgaste, de cuidado excesivo hacia los demás
y de relaciones donde la reciprocidad brillaba por su ausencia. La diferencia
no está en la cantidad de amistades, sino en si esas relaciones también saben
sostener a quien siempre sostuvo a todos.”
“Para decir adiós” – José Feliciano & Andrea Tessa
He aceptado ser visto como el bohemio, el
diferente o el raro para disimular mi miedo a que se me identificara con un
monstruo. Llegué a entender el rechazo ajeno como una nuestra de envidia; por
lo que lo azucé con pretendida indiferencia.
He disfrutado viendo cómo quien no me
respetó, me temió.
Al igual que acumulo libros o películas a
las que nunca me acercaré, he amontonado relaciones. Traté a las personas como
novelas que posas en un estante y crees que siempre estarán allí, donde las
dejaste, esperando a que las bendigas con tu atención.
Mi eterna huida adelante y mi pretendida
angustia vital, se sustentaban en un constante tener planes que mejoraban a lo
perdido: gente por conocer, libros por leer, excesos por descubrir… Si algo me
hacía daño, me quejaba hasta la náusea, y avivado por el rencor retomaba mis
vicios pequeños. Las decisiones de los demás eran ataques del invierno contra
la primavera de mi ánimo.
Hoy y ahora ha vuelto la primavera. La recibo
con ánimo.
La
falsa sensación de inmortalidad que proporciona Internet, es una de las
principales razones que me llevan a confiarle mis ensoñaciones literarias.
Ensoñaciones que flotan entre dos aguas: el cauce de mi persona y el afluente
de mi personalidad.
Al
igual que en la vida ordinaria estamos sometidos al capricho de los dioses o a los lances
del destino, en la vida binaria son el antojo
de los nuevos dioses y los bretes
del modismo los que acabarán convirtiendo nuestra pervivencia en efímera. Tarde
o temprano, Google cerrará este blog o cancelará este servicio de publicación.
Pero no por ello borrarán mis palabras. Confío en que habrá alguien, quizás tú,
que las habrá hecho suyas y a su vez las compartirá.
Desde hace tiempo mi vida cabalga a lomos de una yegua
sombría. La incertidumbre sobre el destino y duracción de esta última cabalgada
desbocan mi ánimo.
Encuentro calma en fantasear que viajo de vida en vida
fabulada, mientras releo «Dubliners» (James Joyce, 1914) en el paseo marítimo, reescucho canciones de Niños Bravos o redescubro películas
como «The End of the Affair» (Neil
Jordan, 1999).
A pesar de mi alergia a la espera, mantengo viva la
esperanza. Espero mucho de esta primavera, sin por ello dejar de ser consciente
de lo sombrío de la realidad en la que cabalgamos; tan agria que ni la
primavera quiere visitarla y manda en su lugar a su prima otoñal.
La mantengo viva aunque vivimos tiempos caníbales en
los que devoramos el recuerdo de personas a las que ya habíamos condenado a un
olvido en el que los vació la desmemoria. Y ahora, una vez muerto, añoramos
como compañero de juegos a quien habíamos denostado por tahúr.
La realidad es en ocasiones dura y amarga; normalmente
es vulgar y aburrida. Es natural que procuremos embellecerla o dulcificarla.
Cado uno tiene sus armas en esta batalla diaria, las mías son mis ensoñaciones.
Gracias por
ayudarme a mantenerlas vivas, amable leyente.
El ayuntamiento necesita que actualice/confirme mis datos censales.
Espero que
no me vengan con reclamaciones por incumplir mis obligaciones de ciudadano
gijonés, sesentón, divorciado y sin hijos. Ese administrado por bases de datos
y baremos estadísticos es “el otro”: es MJOS. ¡Yo soy Nino, el gran
funambulista entre la Realidad y el Deseo!
Imagen tomada de Internet.
Sin embargo,
mi persona individual y mi personaje social coinciden en la inconsecuencia de
mi incongruencia: como personaje no interpreto el papel que de mí se espera y
como persona no cumplo lo que digo si, en ambos personamientos, el hacerlo me
aburre o al hacerlo me paraliza el vértigo.
Hay
instantes –te doy mi palabra, amable leyente– en los que me planteo
involucionar, mutar para parecerme a los demás o, al menos, aparentar que me
adapto. Pero soy como soy, inconsecuente en mi incongruencia; me aburriría el
ser como los demás, ya que no podría seguir observándolos con la misma atención
con la que un niño observa a un adulto y se jura que él no será así cuando
crezca.
Hay momentos en los
que conviene mirar hacia atrás, para apreciar el camino recorrido. Momentos
como esta fría mañana de lunes, en la que parecen tan intensos los ataques del
invierno del desencanto contra la primavera del ánimo.
Incluso para alguien
acostumbrada a correr medias maratones, parece mentira lo mucho que se puede
tardar en recorrer la corta distancia que nos aleja, momentaneamente, de vivir
como queremos vivir. Hoy comienzas esa carrera, corta e intensa. Supongo que
los comportamientos trillados parecen siempre los mejores atajos; de ahí que
recurramos a conductas rutinarias, devenidas en tics de nuestro nerviosismo. No
te culpes por transitar cualquier atajo, amiga.
La vida es una
sucesión de paseos que, ocasionalmente, puede parecer que nos conducen a
callejones sin salida. Muchas veces esos paseos llevan a una sala, en un
principio oscura. Allí sólo tenemos que esperar, como una bombilla, a que nos
encienda el roce adecuado de esperanza.
Un día, ya harta de
taquicardias, dejaras de moverte en meandros prescritos y volveras a retomar tu
paso. Tu única dirección será alejarte de lugares donde no necesitas estar,
aunque sepas que debiste frecuentarlos para recomponerte.
No desmayes en tu
paso. No te desanimes en la espera. No siempre será invierno, llegará la
primavera.
Todos sabemos que la Cultura
tiene un componente mágico.
Unas veces lo llamamos evocación,
otras empatía o simplemente simpatía.
Como suele ocurrir cuando
profundizas en lo que te hipnotiza, al convertirte en artífice del artefacto,
descubres que tras la palabra ARTE hay mucho artista de lo imposible que
–mientras a ti te conmina a hacer algo tan sencillo como trabajar por amor al
arte– realiza un acto filantrópico de transmutación, al aparentar su cuerpo
vivir lo mejor posible, mientras que su espíritu se sacrifica a frecuentar la
compañía de esa burguesía que tanto detesta.
Al final, la quijotada no es la
tuya –que tan sólo le restas horas al descanso para crear ilusiones que
compartir–. No, el sacrificio es el suyo que te da la oportunidad de permitirle
que se aproveche de ti, cuando hay tanta gente de la que se podría aprovechar.
Y si te quejas eres un egocéntrico, un resentido o un venyenloquecido.
Es curiosa la cantidad de
personas que se gana la vida representando a aquellos que denosta como
“mediocres”.
Es llamativo el silencio
mediático, cuando no la aprobación social, con el que estos pródigos con lo
público se enriquecen con lo ajeno.
Invoquémoslos como
representantes, marchantes u organizantes; el caso es que estos
prestidigitadores culturales logran el acto de magia definitivo, al distraer
nuestra atención con los oropeles de lo gratuito, para que no nos demos cuenta
de cómo se enriquecen con lo público. Y es que hay mucho Fagin fuera de las
páginas de Dickens.
Pero ante todo, ¿no habíamos
convenido en que el Arte tiene un componente mágico? Está claro, ese quinto
elemento que maravilla nuestro sexto sentido es que el Arte se hace solo.
Quizás por eso tras disfrutar de un cuadro, un artículo o una caricia, no podemos
evitar el comentar: ¡Esto lo hace cualquiera! ¡Hasta lo hago yo!
Esta introspección no la ha hecho
cualquiera, la hemos hecho tú y yo, amable leyente: yo he puesto la creación y
tú la recreación. Gracias por tu ayuda; sin tu aporte, este texto carecería de
contexto.