Aún ahora que cada vez me atrapa con más fuerza La tierra, me sorprendo por la noche observando La Luna, confiando en que en algún momento pasearé por ella, sintiendo cómo mis pies apenas tocan el asfalto de la que regreso de tu casa.
Siguiendo con The Police, creo que somos espíritus
atrapados en un mundo material: la complejidad de nuestros sentimientos no
puede reducirse a la simpleza de un código binario. Al igual que la belleza no
es una vulgar acumulación de píxeles reproducidos por una inteligencia
artificial.
Renegar de la
tecnología o de Internet, sería renegar del mundo en que nos toca vivir. Pero,
volviendo a The Police, la solución
a nuestra evolución problemática no está en entregarnos al artificio ingente:
de nada ayuda dar a “me gusta” en una red social para apoyar una causa, si lo
haces para que lo vean tus ¿amigos? y no por conciencia social.
Nuestra vida está
en el corazón, no en el éter. El progreso lo alcanzaremos como individuos, no
como cíber-usuarios.