Mostrando entradas con la etiqueta eter. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta eter. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de agosto de 2026

Good fairies won't forgive me

Seeing our fellow human beings subjugated by their smart phones, seems to me like a modern-day version of ‘Hansel’ and ‘Gretel’ enslaved by the devil witch ‘What's Up?!’

I'm reluctant to join our recent hysteria of selling our souls for an iPhone! I'd rather buy an ice cream and lick it in the sun, in spite of today's total eclipse.

 


Image borrowed from The Walt Disney Family Museum

"I'll forgive you this once, Ninocchio... But remember, a boy who won't be good may just as well be made of wood.".


martes, 12 de mayo de 2026

Artificio ingente

Aún ahora que cada vez me atrapa con más fuerza La tierra, me sorprendo por la noche observando La Luna, confiando en que en algún momento pasearé por ella, sintiendo cómo mis pies apenas tocan el asfalto de la que regreso de tu casa.


Siguiendo con The Police, creo que somos espíritus atrapados en un mundo material: la complejidad de nuestros sentimientos no puede reducirse a la simpleza de un código binario. Al igual que la belleza no es una vulgar acumulación de píxeles reproducidos por una inteligencia artificial.

Renegar de la tecnología o de Internet, sería renegar del mundo en que nos toca vivir. Pero, volviendo a The Police, la solución a nuestra evolución problemática no está en entregarnos al artificio ingente: de nada ayuda dar a “me gusta” en una red social para apoyar una causa, si lo haces para que lo vean tus ¿amigos? y no por conciencia social.

Nuestra vida está en el corazón, no en el éter. El progreso lo alcanzaremos como individuos, no como cíber-usuarios.

jueves, 20 de octubre de 2016

En la bola de cristal estás junto a mí



Si no lo admito, reviento: El televisor es un gran invento.
De mi época de trabajo de recepcionista en un hotel gijonés, recuerdo que los clientes enseguida reclamaban mis servicios de antenista si el mando a distancia de la tele no funcionaba; o porque en el canal 7 se veía TeleAsturias y no TeleMadrid. Más tarde, al dejar su cuarto, era cuando te comentaban que la ducha no cerraba o que una ventana no abría; pero el tema de la tele les provocaba  mucho telele desde su inscripción en recepción.

Quizá en esta época de múltiples adicciones legales, la más trostélida lo sea la catódica de nuestra mesnada; al igual que antaño lo fue la católica de Torquemada. Pues si los unos quemaban a las pelirrojas por brujas, los otros denostan a las peligrosas por pirujas. Hace poco, leí a un ilustrado que consideraba la serie Pippi Calzaslargas, como el producto televisivo más nocivo para su desarrollo emocional. Se nota que el caballero de la triste amargura no ha acariciado en su vida a mujer pizpireta, ni ha coronado cumbres de la aberración televisiva como ¡Ay, qué calor!, Sexo en Nueva York o Noche de fiesta.

El televisor es el gran Satán, mis queridos enloquecidos. Y a sus seguidores nos deberían llamar «Legión», porque somos muchos los que andamos endemoniados con sus desprecios. Al igual que en lo carnal nos atrae quien nos lo pone difícil, siempre nos sintoniza el canal que emite lo fácil. Yo, que durante más de 5 años fui apóstata de la fe catódica y ahora vivo pendiente de los escotes de La Sexta y los recortes de La Uno, puedo asegurar —o incluso cantar como un tuno— que desde que tengo antena de televisión se me ha ido la pena del corazón.
 
Collage venyenloquecido de fotos sin autoría acreditada.
“En la bola de cristal te veo venir.
En la bola de cristal estás junto a mí”. (Santiago Auserón)

lunes, 5 de septiembre de 2016

Queerer things



Me ha decepcionado la teleserie Stranger Things: la he encontrado cuidada en forma, pero ramplona en fondo. Al igual que ocurre contigo, Sidonie, su estética embruja mi deseo, pero su falta de alma desencanta mi pasión.

Aunque, quizá, lo mismo que tú aseguras que el monstruo que anida en nuestra relación es fruto de mi inconstante falta de sumisión ante ti, puede que en el caso de Stranger Things, el “demogorgon” de mi insumisión ante la teleserie naciera con las constantes loas que había leído sobre ella en Internet.




Internet —este laberinto en el que cada vez me siento más Dédalo— nos ha acostumbrado a la ganga perenne en su sección de contenidos culturales. Curiosamente, las empresas que posibilitan dicha gratuidad descargable –como las marrulleras gleGoo o istarMov–, son cada vez más poderosas y expanden su ámbito de operaciones fuera de su mercado original: unas se hacen de oro negociando con nuestros datos confidenciales, y otras posibilitando el que no respetemos los derechos de autor.

¿Para qué quiere gleGoo convertirse en un “big brother” que haría palidecer al temido por George Orwell? ¿De qué sirve el que la Fundación istarMov apoye muestras culturales elitistas, si nos vende al vulgo la necesidad de tener 300 megas de descarga? ¿Para descargarnos qué?: ¿el B.O.E. en pdf?, ¿el último catálogo de Alimerka?



Adicción y dependencia. Eso es lo que buscan crear en nosotros, nada de esa libertad e independencia que recrean en sus anuncios. Nos han convertido en acumuladores de teras y en pusilánimes frente al Poder. ¿Exagero? Piensa en cómo Internet ha tomado fuerza en tu vida, Sidonie, y ha debilitado nuestra relación: estás más pendiente de los “gustas” en tus redes sociales que de darte el gusto de enredarte en mis brazos.
Pese a mi autarquía económica, en más de una ocasión me he planteado dejar de bucanear el acceso a La Red y gastarme 30 euros que no me sobran para así poder vegetar en la enredadera de vanidad social que hace que sólo florezcas en terTwit u okFacebo.

Mañana más. Ahora estoy cansado de Internet. Pero sé que por mucho que la maldiga, al igual que me ocurre contigo, Sidonie, siempre acabo volviendo.

Entradas populares

LibrElena - Blog de Nino y Nino Ortea.

El contenido literario de este blog está registrado en Safe Creative