jueves, 21 de abril de 2016

Este jueves, un relato: Mara Laira y Rick Deckard

Este jueves es el compañero Demiurgo quien nos invita desde su blog a participar en la convocatoria de relatos.
Las composiciones deben tener como fuente de inspiración a su personaje Mara Laira. En mi relato hago un homenaje a la novela Do androids dream of electric sheep? de Philp K. Dick y un acercamiento al estilo inimitable de Demiurgo.

Si accedes a este enlace, encontrarás vínculos a todos los enlaces al universo compartido por gracia de Mara Laira.


Fotografía de la actriz Sean Young en su primera escena de la película "Blade Runner" (1982)


El triunfo de Ella

Cumplí la voluntad del dragón hasta que llegaste
porque estaba encaprichado del amor como una improvisación
fortuita o un juego preestablecido
que se iniciaban si dejaba caer el pañuelo.

Traducción libérrima de la primera estrofa del poema “Her Triumph”, por William B. Yeats.

I did the dragon's will until you came
because I had fancied love a casual
improvisation, or a settled game
that followed if I let the kerchief fall





Una triste oleada eléctrica, chirriada por el adormecedor automático del armonio de desánimos, acunó a Rick Deckard, otrora detective de lo oculto y que ahora, reconvertido en agente “Blade Runner”, se ocupaba de retirar toda presencia anómala en este plano de la realidad.
En su sueño entrevió a una mujer de facciones perfectas coronadas por una sedosa melena negra recogida en un tocado. Al acercársele, balanceaba su cuerpo sinuoso a un ritmo tan acompasado como una canción exacerbada de Calamaro.

Deckard gozó de un espasmo al escuchar su voz sedosa. De la que ella se inclinaba para susurrarle al oído, el ojo privado de disimulo del detective aprovechó para investigar su fragante escote. Dijo llamarse Mara Laira, soprano en polifonías amorosas y musa de composiciones ardorosas de Demiurgo, rimador recitado con deseo en los burdeles perdidos de todo Hurlingham.
Con dedos ágiles, Mara sacó papel de plata del paquete de tabaco que había sobre la mesita. En menos tiempo del que Deckard necesitó para suspirar su nombre, ella había moldeado un unicornio que posó sobre la rinconera.
Le murmuró al extasiado Deckard que su existencia era cierta; aunque, por su perfección, le pareciera irreal.

Necesitaba su ayuda para encontrar a su afín Duality, a quien temía atrapada en alguna historia perdida o sin terminar de empezar, en uno de esos relatos que se quedan varados en los arrecifes malditos que separan la inspiración de la creación.
Si la ayudaba a buscarla por El espacio virtual, sabría recompensarlo aunque el final de su pesquisa no fuera feliz, o incluso resultara violento u oscuro. La siguiente noche, tras quedarse dormido, acudiría a saber su respuesta.

Sorprendido —siempre le sorprendía encontrarse despierto tras un sueño tan vivo— Deckard se desperezó. Maldijo su soledad indeseada y su debilidad ante el deseo. Maldijo la vivacidad de sus sueños y el desaliento de su vida. Estiró una mano para coger un cigarrillo con el que sustituir maldiciones por toses. Sus torpes dedos tiraron un objeto. Sobre el suelo vio destellar un unicornio plateado.

Activó de nuevo el adormecedor, necesitaba soñarse ese Demiurgo inspirado por Mara Laira. 350

He publicado una nueva versión de esta historia, si te apaetece leerla sólo tienes que pulsar sobre este enlace.
Gracias.


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