lunes, 11 de febrero de 2019

Aunque tú no lo sepas - Enrique Urquijo y Los Problemas / LCR


Sin duda, Enrique Urquijo es el músico español al que más he admirado. Admiración de la que no he hecho secreto durante su vida, ni tras su muerte.
Compré su primer l.p. –homónimo con el nombre de su banda, «Los Secretos» (1981)– pocos días antes de mi viaje de estudios a Italia.
Los vinilos eran caros, de ahí que su primera escucha en casa la dedicara habitualmente a grabar el álbum en una casete. El de la banda Los Secretos no fue una excepción. Fueron muchas las veces que escuché en secreto esa cinta por las carreteras de España, Francia e Italia, mientras una G. B., eternamente mareada, reposaba su cabeza en mi hombro. Llevaba bajo el volumen de mi walkman para poderla oír a ella, pero lo único que escuchaba eran las canciones de Los Secretos. Al poco de volver del viaje, G. B. se encaprichó de un niño mimado. Yo seguí fiel a ella y a la que desde entonces es mi banda.
Con los años, terminé compartiendo las ganas de velocidad que acabaron llevándose a Enrique Urquijo. Para mi suerte, yo me bajé del viaje antes de que el tren descarrilara.



Creo que el día de la muerte de EnriqueUrquijo –el 17 de noviembre de 1999– fue el último en que mi madre esperó nerviosa por mi regreso a casa. En los años recientes, sin haberme vuelto a subir al tren de los excesos, abordaba esporádicamente el tranvía de la demasía. Aquél mediodía mi madre temió que al enterarme del fallecimiento de Enrique, hubiera hechos míos sus problemas.

Mi pasado pesa cuando tengo presentes los desvelos que ocasioné al vivir sin preocuparme por quienes no hacían secreto de su quererme.
Ahora, aunque ella no lo sepa, me duele el dolor que le causé. En esta tarde tranquila de lunes veo improbable el volver a meterme en viajes alucinantes. A mis ganas de velocidad las vencen mis ansias de tranquilidad.
Si me permites un consejo, amable leyente: no te evadas hipnóticamente de la Realidad, tus evasiones dejarán heridas en los corazones de quienes te quieren.

A mi madre, Elena.




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