Aunque
sea domingo y la tarde se presente más recreativa que creativa, en el halito de
la espera me oxigeno divagando sobre el equilibrio entre el fondo y la forma que
debe tener todo texto creativo compartido.
Soy
un escritor que se inventa palabras y un hablador que disfruta con la cacofonía.
El
relato de mis vivencias y la narración de mis fabulaciones son caprichosos en
el fondo, pero formalmente son cuidadosos. Hace tiempo que no practico la
publicación automática de mis textos. Suelo tomarme un rato de espera y de
muchas relecturas antes de publicarlos. Esas relecturas son un recurso para
codificar mi mensaje de la manera más comprensible para el receptor. Y también
son un exfuerzo de evitar todo descuido –gramatical o sintáctico– que se pueda
interpretar como desatención hacia mi interlocutor.
Mantener
ese equilibrio suele librarme de la publicación vertiginosa de textos
impulsivos fallidos.
Quizá
la columna de opinión que hoy publica Elvira
Lindo en el diario El País
sea un texto impulsivo. Dado que desconozco su intencionalidad no lo puedo calificar
de fallido. Sí que lo he encontrado sorprendente por sus fallos de fondo –es el
problema de recurrir a hechos de la Historia común para sustentar circunstancias
de una historia personalizada– y preocupante por sus descuidos gramaticales.
Si
el texto se dedicara a una “Presidenta”, ¿seguiría apareciendo el pronombre “le” en los tres usos subrayados?
Por
favor, indicadme cualquier fallo gramatical que encontréis en mis textos. No tengo
el ingenio de la escritora Elvira Lindo,
pero mucho menos quiero tener sus deslices.
Gracias
futuras, leyentes presentes.
Y
tras el hálito, el desaliento de mirar el reloj y comprobar que se me hace
tarde. Disculpa si llego con retraso.

