Mostrando entradas con la etiqueta Aprendiendo a escribir. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aprendiendo a escribir. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de junio de 2024

Gracias, estimulante comentarista

Imagen tomada de media.licdn.com

Es una suerte el contar contigo en mi vida. Me animas a mejorar como escritor y a humanizarme como persona. Confío en no decepcionarte en lo personal ni en lo creativo.

Mi caminar es caprichoso, pero no antojadizo. Y me lleva al encuentro en ese “nosotros” que Tú y yo conformamos al escribirnos y leernos. El valor, en la vida y en los sueños, se demuestra con actos que prueban nuestra valía personal. El que salgas de la lectura anónima y te acerques a la compartida es un acto de valentía frente al confort de la indolencia; y un gesto con el que me revigorizas. El que tú, amable comentarista, me dediques tiempo y aprecio me anima a seguir avanzando en este camino venyenloquecido que hace años emprendí para alejarme de la soledad.

El valor creativo para seguir recreándome en tu compañía me lo da el saber que una persona de tu valía me confía su tiempo y atención. Valía que conviertes en ánimo al apalabrarla en tus comentarios. Te pido disculpas por los exabruptos con los que, con cadencia esporádica, una persona con mucha cobardía intenta envilecer tus nobles palabras. Espero que entiendas que no establezca filtro a los comentarios, ya que entiendo que de hacerlo transmitiría desconfianza hacia quienes, como tú, sólo siento agradecimiento.

Si creo en mí heterónimo, es gracias a que tu ánimo no me hace sentir un escritor anónimo.
¡Gracias por venir y hacerme enloquecer, estimulante comentarista!


martes, 3 de octubre de 2023

On (my) writing I

This very morning I have started taking lessons for C2 level in English Language.

I’m a bad student. I dislike both studying or attending to class. I’m also afraid of my being too old a dog (I’m 58, remember?) to learn new tricks or too proud to allow anyone to teach me them. But I’ve set my mind on learning how to trick –again– the demons of my caprices, on mastering my tendency to indolence; and I’ve also set my mind on proving myself I can finish the school year, even though I have no intention of sitting for the final Cambridge C2 English Language texts (I don’t need the official paper and I’m short of money).

To practice my writing in English, I’m going to give a try to reflect my thoughts on creative writing. My technique will be: typing my ideas, correcting the grammar by myself without any corrector and, finally, posting the text in this blog. For the moment, these posts won’t accept commentaries, as they would have to be in English.

 “Narcissus at the Spring” by Jan Roos

On (my) writing I

A few days back, at a meeting of amateur writers, I found myself in a concatenation of uncomfortable situations. Such as having to clarify that, consciously, literary authors usually get ride of our gender when we write our texts, without having to do with whether they are written as fiction, essay or poetry. Or having to make it clear that conscious “leism” (I’ve made up this word, as I can’t think of an English expression for the Spanish “leismo”) is not a smart way to combat sexism, but rather a vulgar expression of ones lack of culture.

To sum up: I made my point at the importance of the conscious process in writing on the unconscious. Even though I define my writing as an act of possession where the unconscious puts his ideas down, if I define myself as a writer it’s because my conscience skills channel that expressive torrent into a creative flow.

Thanks for your resourceful company, creative reader.

340 words.

 


martes, 12 de marzo de 2019

Sombras


Aviso a blogueantes: se avecinan cambios.

Me encuentro en una intersección creativa. No sé bien qué camino tomar, pero no será el habitual. Tengo dos novelas empezadas, varios relatos por culminar y bastantes textos a medio escribir para este blog –esto último es habitual, ya que muchas veces no sé convertir los destellos de inspiración en figuras creativas, y los relego a sombras–.
Para salir del bloqueo al que me reduce el encontrarme en esta encrucijada me planteo tomar un camino diferente, que empieza por asumir un heterónimo que no sea el de Nino Ortea –mi intención no es condenarlo a la sombra, pero sí que quiero sacar a la luz otras personalidades literarias–.


No me apetece escribir siempre de la misma manera. No quiero ser uno de esos autores de innumerables libros pero de una única obra. Y es un hecho que amanero lo que firmo con mi, hasta el momento, único seudónimo. El que esté escribiendo esta introspección sobre un tema reiterativo en el blog –“Nino ante Nino Ortea”– es prueba de ello.
Creo que el problema en el desarrollo de mi personalidad literaria está en las restricciones a las que la somete mi persona. Si quiero avanzar como escritor, necesito liberarme de las sombras que mi ser proyecta sobre mi personaje creativo. Pero no sé cómo hacerlo. No puedo recurrir a estimulantes químicos para liberarlo. He intentado escribir en lugares distintos, redactar a horas prefijadas o hacerlo en horas brujas. Pero mi heterónimo sigue escribiendo con alguno de los registros previsibles. Y más en cuanto corrijo lo que escribe, ya que esta función la realiza mi parte consciente.
El que recurra a la escritura automática y a la publicación directa de esos automatismos tampoco es solución: cuando me posee la voz creativa mi discurso es tan intenso como impuro, diría que es de temperamento febril.

Confío en encontrar la manera de escribir pronto algo que me parezca una innovación en lo creativo. Si cuando hablo puedo modular mi voz, también puedo hacerlo cuando escribo.
Se acercan cambios, para mejor.
Gracias por tu compañía en este divagar, amable leyente.

Por cierto, la palabra “sombra” siempre me acaba evocando a Javier Solís.



domingo, 17 de febrero de 2019

Halito 17II19

Aunque sea domingo y la tarde se presente más recreativa que creativa, en el halito de la espera me oxigeno divagando sobre el equilibrio entre el fondo y la forma que debe tener todo texto creativo compartido.

Soy un escritor que se inventa palabras y un hablador que disfruta con la cacofonía.
El relato de mis vivencias y la narración de mis fabulaciones son caprichosos en el fondo, pero formalmente son cuidadosos. Hace tiempo que no practico la publicación automática de mis textos. Suelo tomarme un rato de espera y de muchas relecturas antes de publicarlos. Esas relecturas son un recurso para codificar mi mensaje de la manera más comprensible para el receptor. Y también son un exfuerzo de evitar todo descuido –gramatical o sintáctico– que se pueda interpretar como desatención hacia mi interlocutor.

Mantener ese equilibrio suele librarme de la publicación vertiginosa de textos impulsivos fallidos.
Quizá la columna de opinión que hoy publica Elvira Lindo en el diario El País sea un texto impulsivo. Dado que desconozco su intencionalidad no lo puedo calificar de fallido. Sí que lo he encontrado sorprendente por sus fallos de fondo –es el problema de recurrir a hechos de la Historia común para sustentar circunstancias de una historia personalizada– y preocupante por sus descuidos gramaticales.





Si el texto se dedicara a una “Presidenta”, ¿seguiría apareciendo el pronombre “le” en los tres usos subrayados?

Por favor, indicadme cualquier fallo gramatical que encontréis en mis textos. No tengo el ingenio de la escritora Elvira Lindo, pero mucho menos quiero tener sus deslices.
Gracias futuras, leyentes presentes.

Y tras el hálito, el desaliento de mirar el reloj y comprobar que se me hace tarde. Disculpa si llego con retraso.

lunes, 23 de abril de 2018

Sobre el libro “El arte de la ficción”, de James Salter


Esta entrada está conformada por un corta/pego “enninado” de reflexiones que recogió el escritor James Salter en sus textos para tres conferencias que pronunció durante el año 2015.
Dichos textos acaban de ser publicados en España, por la editorial Salamandra, en el volumen unitario El arte de la ficción, que cuenta con la traducción de Eugenia Vázquez Nacarino.




Las novelas son más largas que los cuentos y, en virtud de esa extensión, o digamos amplitud, tienen la oportunidad — la obligación, de hecho— de ser más complejas y posiblemente implicar a más personajes, llámeseles personas. La mayoría de las novelas son narrativas, o sea, lineales en la forma y fieles a la cronología, van hacia delante o fluctúan en idas y venidas en el tiempo. La narrativa cuenta una historia, y las historias son la esencia de las cosas, el elemento fundamental.

Voy a intentar hablar sobre escribir novelas, pero debo advertir de antemano que tal vez no sea sobre la novela que ustedes están pensando escribir, o han empezado a escribir, o quizá tengan medio terminada. En realidad, es sobre las novelas de ciertas personas. No pretendo que sean lecciones sobre cómo se hace.
De hecho, no creo que nadie pueda enseñarles cómo se escribe una novela, o al menos no en una hora.

Es difícil escribir novelas. Has de tener la idea y los personajes, aunque quizá se añadan personajes sobre la marcha. Necesitas la historia. Necesitas la forma: ¿Qué extensión va a tener el libro? ¿Estará escrito en párrafos largos? ¿Cortos? ¿En qué persona narrativa? ¿Mantendrá un hilo conductor o se dispersará en todas direcciones? ¿Cómo será de denso?
Cuando tienes la forma, puedes escribir la novela. El comienzo es de suma importancia. Todo está en esas primeras frases. Después de eso, escrito en orden o en desorden, viene el resto, escena a escena, página a página. Es una tarea prolongada.
Como escritor, te enfrentas constantemente a la necesidad de visualizar una escena, o una secuencia, o un sentimiento, para a continuación, de la manera más cabal que puedas, ponerlo en palabras. Hay muchos intentos fallidos, al tratar de arrancarse de dentro algo que a veces es inexpresable. Es una labor con muchos aspectos, demasiados, y al menos uno de ellos debe quedar al fin escrito de un modo lineal, palabra por palabra, hasta el punto de llegar casi a perder el interés. Hay siempre demasiadas opciones, o no hay ninguna, ninguna vía posible.

Al principio eres capaz de escribir en cualquier sitio, pero has de dedicarle tiempo a escribir, has de escribir en lugar de vivir. Has de dar mucho para recibir algo. Recibes sólo un poco, pero es algo. No hay valores establecidos; das mucho a cambio de nada; haces todo a cambio de apenas nada.
Si de verdad es así, si es tan difícil y para casi todo el mundo hay tan poco que ganar, poco dinero... Pero ¿cuál es el impulso? ¿Por qué se escribe? Ahí está la esencia. Entonces, ¿por qué?
Bueno, ciertamente por placer, aunque está claro que no es un placer tan grande. En ese caso, para complacer a otros. He escrito con eso en mente a veces, pensando en ciertas personas, pero sería más honesto decir que he escrito para que otros me admiren, para que me quieran, para ser elogiado, reconocido. A fin de cuentas, ésa es la única razón. El resultado apenas tiene nada que ver. Ninguna de esas razones da la fuerza del deseo.
Eres el héroe de tu propia vida: te pertenece sólo a ti, y a menudo es la base de una primera novela. Ninguna otra historia está más a tu alcance para que dispongas de ella. Creo que ustedes saben —aunque entre los escritores siempre existe cierta susceptibilidad al respecto, como si inspirarse en la vida, admitirlo, fuese una renuncia al arte— que, por supuesto, muchos o la mayoría de los personajes de ficción están tomados de la vida.

Si esta selección –tan breve como personal– te ha resultado interesante, atentoLector, imagina todo el estímulo que te puede proporcionar la lectura completa de los tres textos escritos por James Salter. Para (re)leerlos con la atención debida sólo tienes que adquirir el volumen unitario El arte de la ficción.
Gracias. Feliz lectura. Un abrazo.


Entradas populares

LibrElena - Blog de Nino y Nino Ortea.

El contenido literario de este blog está registrado en Safe Creative