Ven y enloquece

Ven y enloquece
Gracias por todo el afecto que me habeís regalado durante estos 10 años.

domingo, 24 de septiembre de 2017

En el Día Mundial de la Investigación en Cáncer




Creo que toda lucha es más fácil si sabes contra qué te enfrentas, si puedes identificar por su nombre a una amenaza que también se convierte en estigma al ser cobijada a la sombra de eufemismos; así que hoy vuelvo a pedirte, atento lector, que llames a las cosas por su nombre: en muchos casos, la que nos mata no es “una larga y penosa enfermedad“, es cáncer.



A veces una boca que pronuncia ambigüedades es más peligrosa que un ciego que blande una pistola. Cegados por nuestra inocencia, disparamos sonidos contra sentimientos ajenos. Hablamos sin darnos cuenta de que quien nos oye puede estar escuchando que sus miedos se apalabran en nuestra voz. Espero que este texto no avive los tuyos.

Los sonidos del azar marcan nuestro compás vital: una canción en la radio puede hacernos llorar, una sonrisa ajena puede llevarnos a sonreír, un texto en un blog puede provocarnos desánimo. Frente a la amenaza invisible que supone el efecto negativo que nuestras palabras pueden llegar a tener sobre la sensibilidad ajena, la solución no es el silencio. Y lo es menos el uso de eufemismos. Las amenazas sombrías se vencen con claridad: las palabras ponen luz en la comunicación idiomática.

En cada idioma las cosas tienen un nombre, de ahí que las enfermedades cuenten con el suyo. “Cáncer” es el nombre de una de ellas. Suena terrible al oírlo cercano. Pero al identificarlo, al dejarnos de circunloquios y saber que padeces esa enfermedad, el enemigo cobra forma y tu lucha sentido.

La vida es una lucha contra muchas cosas. Contra el aburrimiento, la injusticia o las desmesuras. También contra la enfermedades. Contra el cáncer. Esa lucha se puede ganar. Essa lucha se suele ganar. Cerca de mí tengo a veteranos triunfadores en esta guerra contra una enfermedad que es cruel pero frente a la que hay esperanza. Lo mínimo que se merecen esas personas es que reconozcamos su exfuerzo. Lo imprescindible para abordar esa batalla es identificar a tu enemigo. Yo estoy en esa lucha, te pido que llames por su nombre a mi enemigo: Cáncer.



Siempre tengo cerca, en mi corazón, a algunos de los caídos en esta disputa contra el cáncer: a madre –Elena–, a mis amigos –Agustín, Julián, Rosa,…–; a todas las personas que están convalecientes de cáncer; a aquellos cuyo sacrificio en vida ayuda al desarrollo de nuevos tratamientos; a quienes –aunque llegaron a saber que la lucha estaba perdida en lo personal– siempre confiaron en que su esfuerzo se traduciría en un beneficio para los demás.

Esas personas han muerto de cáncer. No de estar “muy malitos” o por tener “un bicho dentro”.

Tan dolorosos como los eufemismos lo son los exabruptos. Las palabras son un material virgen que solemos desvirtuar a nuestro capricho. Al comunicarnos usamos palabras comunes que para quien nos escucha pueden encarnar nombres propios. “Cáncer” es una de esas palabras que a muchas personas nos habla de dolor, a la vez que evoca ausencias.



Al igual que no dices “te quiero” a quien no te importa, te pido que no llames “cáncer” a lo que no te enferma. A ti, que te importo, te pido que uses esa palabra con propiedad; para que así no se apropie de sentimientos ajenos.

A día de hoy, creo que no hay que temer a la muerte, sino a morir de ignorancia y con dolores.

Gracias por tu compañía.

Salud y suerte en la vida.



Nino.

13 comentarios:

  1. Mi mejores deseos para que lleves adelante con fuerza esa lucha. Admiro tu valentía.
    Un abrazo

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    1. Buenas tardes, Mónica:
      Agradezco tu compañía lectora.
      Mi valentía no es tal, como cualquier mortal la perspectiva de morir me asusta. Lo cual es curioso, ya que nunca pensé que llegaría a cumplir 52 años.
      Por suerte, mis tumoraciones están controladas; sólo tengo que estar pendiente de los resultados de analíticas periódicas. Así que no te preocupes, ya que todo indica que tengo cuerda para rato, pues, desde que me cuido, no he sufrido ningún contratiempo.
      Un cálido abrazo, Mónica.

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  2. No sabía que hoy era el "Día Internacional de Investigación del Cáncer", esperemos que algún día se consiga erradicar esa terrible enfermedad.

    Un beso, Nino.

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    1. Buenas tardes, María:
      Es imposible estar al corriente de todas las conmemoraciones que se concentran cada día (no sé qué se puede estar celebrando hoy lunes, por ejemplo). No sé si se llegará a erradicar el cáncer (me temo que no), pero sí que sé que han mejorado mucho tanto los tratamientos que lo combaten como el trato que reciben los pacientes.
      Un abrazo, María.

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  3. Me gusta el tono reposado que trasmites, Nino.
    Besos

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    1. Buenas tardes, Ángela:
      Gracias por tu apreciación.
      Procuro evitar el tremendismo cuando escribo, y más cuando es mi parte consciente la que lo hace. Estoy en una etapa reposada, quizá de ahí que mi escribir se acompase a mi sentir.
      Un abrazo, fuerte, Ángela.

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  4. De acuerdo, los eufemismos no son una solución ni desvirtuar las palabras.
    Un abrazo.

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    1. Hola de nuevo, Demiurgo:
      Cuando lo que se necesita es información, ésta debe de ser transmitida con palabras claras, no recurriendo a eufemismos o refugiándose en tecnicismos.
      Además, el uso inapropiado de ciertas palabras hace que éstas pierdan su valor identificativo (es dura la situación de quien sufre una depresión diagnosticada en este mundo en el que todos nos declaramos “deprimidos” en lugar de decir que estamos desanimados); por eso me parece tan inaceptable la tendencia que hay en España a usar anglicismos en lugar de palabras propias.
      Un gran abrazo, compañero Demiurgo.

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  5. Te felicito por la riqueza espiritual de tu maravilloso texto
    un abrazo desde mi madrugada

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    1. Mi querida Mucha:
      Lo que enriquece a este texto fallido (acabo de corregirle unas faltas que se me habían despistado) es una lectura positiva como la tuya.
      Un cálido abrazo de mediatarde, compañera.

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  6. Tienes razón, las cosas no hay que disfrazarlas para que den menos miedo, cuando sabemos que son lo que son y tienen un nombre. Hay muchas cosas que dan miedo, a mí, por ejemplo, la falta de empatía hacia otros seres vivos sufridores, me horroriza, más que la palabra Cáncer. Con el Cáncer he tenido varios encuentros en mi vida cercana, en las que siempre ganó él la batalla y yo perdí: un padre que era color en mi vida, un amor irremplazable, dos amigas del alma, tres amigos de juventud, mi abuela paterna, mi tía Claudinne, una alumna con tan solo 10 años; un gran amigo de ésos que su casa es la tuya... Y cada una de esas vidas con su historia personal y admirable. Pero tienes razón, hay que mirarlo de frente y aceptar que es una enfermedad que convive en nuestro seno. Yo no sé si le tengo miedo (lo que sí le tengo es respeto). Tampoco creo que haya que vestirla de eufemismos, ni de simulaciones. Pero supongo que cuando a uno le diagnostican cáncer, la primera impresión de abrumadora, no hay quien te la quite.
    Los avances en la Ciencia van mejorando, en algunos casos la enfermedad te da un plazo, bien. Pero tristemente, las de origen tumorales en los niños, avanza poco. Y ahí si que te digo, que el Cáncer, en algunos casos, destruye más al vivo que queda (familiar cercano) que al que se muere. Un verdadero drama, pero tiene nombre propio.
    Gracias por la entrada, y tu mensaje de valentía sin esconderte en los falsos utillajes de los nombres propios y sus apelativos. Yo, no puedo evitar ponerme triste, pero tampoco renuncio a la esperanza.
    Un abrazo, estimado Nino. (La verdad solo tiene una vuelta, decía mi padre. Y así es).

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    1. Mí querida Clarisa:
      Lamento todo el sufrimiento que te ha provocado el cáncer, a la vez que te agradezco la cercanía que muestras al confiarme estos duros detalles.
      La muerte de un ser querido es siempre dolorosa, pero cuando esta muerte se produce tras una enfermedad que erosiona tanto la calidad de vida es incluso más difícil; pero siempre nos queda la imagen de la dignidad con la que nuestros caídos afrontaron su convivir con la enfermedad.

      Por suerte para mí, no todas las personas de mi entorno que sufrieron cáncer en estado avanzado han muerto, algunas han superado diagnósticos muy desesperanzadores. De ahí que, pese al miedo que me provoca, afronte mi propia lucha con esperanza. Además de que en mi caso el diagnóstico no es preocupante: son tumoraciones hepáticas minúsculas frente a las que, junto a la medicación, me conviene seguir una vida tranquila y someterme a un seguimiento. Así que procuro vivir con prudencia, no con miedo a que la enfermedad cobre virulencia.

      Sí, en el caso del cáncer infantil la realidad es muy desoladora. Por ejemplo, aquí en Gijón no existe unidad de oncología pediátrica, por lo que los niños y su familia tienen que ir al Hospital Central. La suya es una realidad muy dura y solitaria. Aunque no creo en la trascendencia de vida ni espíritu, ante estos casos de sufrimiento infantil no puedo evitar desear estar equivocado y que les espere una nueva existencia más plena. Después de todo, a mis 52 años, yo he vivido una buena vida.

      Creo que es humano el sentirse triste ante el sufrimiento ajeno. El día en el que al ver sufrir a un semejante no nos sintamos tristes, desde el momento en el que entendamos al opresor y no al oprimido, entonces será cuando habremos muerto en vida.
      Pero estamos vinos, Clarisa. Y así debemos sentirnos hasta que el destino nos alcance.
      ¡Viva la vida, compañera Clarisa!

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  7. Hola Nino. Me gusta como trasmites de manera clara y sencilla tus pensamientos, emociones, sentires que ha veces les cuesta decir a muchas personas que padecen cáncer y que para muchos tienen una connotación negativa.
    Me alegra saber de tu valentía y de que te encuentres genial.

    Un cálido abrazo

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Hola, gracias por tu tiempo de lectura.