Atentos
venyenloquecidos:
Sabed
que no son ciertas estas quimeras que afirman que la razón de mi alejamiento de
este blog está en mi nuevo confinamiento en la isla de Kong. Fui un calavera diletante
y luzco una calvera radiante; pero lo
que es estar, estoy en Gijón (aunque unos aseguren que estoy bien en la luna, y
una me asegura bienestar en Venus).
En
estos días estoy a lo mío: a fabular por escrito. Y lo estoy con ánimo de
publicar lo establecido por mi fabular, de dejar un rastro estadístico de lo poco
estático de mi imaginación. Dejo para los trostélidos
el malestar de aburrirse, lo mío es estar siempre ingeniando algo nuevo (aunque
se base en lo que ya está vivido)
A
falta de uno, son tres los proyectos que estoy enninando: una antología de relatos –ya está acabada, y ahora estoy
seleccionando los cuentos, ya que no quiero que el libro esté en más de 200
páginas–; una novela de misterio –éste es mi proyecto recreativo para este año
52 de la era ninoniana, mi reto está
en ambientarlo en esta ciudad de Gijón–; y desde este fin de semana estoy
ideando una colaboración en un proyecto establecido a ocho manos sobre Cine de
la Europa del Oeste.
Aprovecho
cuando puedo para estar fuera de mi sala de estar –ventajas de que me
entretenga escribir, que si me gustara esculpir no podría estañar ni una
minifigurita de Kong–, y disfrutar del bienestar de respirar aire fresco
mientras estabilizo las neuronas.
Ayer
estuve estabilizado en la playa de El Arbeyal, en el barrio gijonés de La
Calzada. Fue una mañana soleada y ventosa –tal y como captura esta foto que
acompaña a este juego insignificante de palabras con el significante “estar”–,
la tarde fue venturosa y, a falta de sol, estuvimos en Venus.
Hoy
tenía gracias de estar a tu lado. Gracias por tu compañía, amigo lector.



