Son varios los trabajos de ficción que fabulan sobre el
destino de los libros cuando ya no son leídos, el de los juguetes cuando caen
en desuso o el de los corazones descorazonados. En estas obras vemos el efecto
que ese desinterés tiene tanto sobre los objetos abandonados como sobre las
personas abandonadizas.
Este blog que estás visitando, amable leyente, fue más
que un juguete para este caballerete. Fue un elemento vital en mi asentamiento
personal, que me permitió sentirme apreciado cuando me temía arrinconado. Me permitió
salir de un rincón de autolamentos y ocupar el centro de un escenario –tan
ilusionante como ilusorio–, sobre el que compartí mi juego favorito: el de
fabularme ilusionista.
Pero, lo que no tengo de talentoso, lo excedo de
caprichoso. Y como al regio Favila, me devoró el oso de la apabila. Desde que
en julio de 2011 escribí que la “soledad era esto”, comencé a distanciarme de
este espacio y de sus venyenloquecedores lectores. El blog se convirtió en un
bloc; y, al igual que en mi época escolar, comencé a dejarlo olvidado y a
sentir que cada vez que lo abría era para realizar deberes pendientes.
Desde entonces, una serie desafortunada de trasuntos
vitales ha hecho rebrotar en mí el desencanto misántropo que me infecta desde
el día de Navidad de 1981. La situación en mi entorno personal y la que creo
presente en nuestra sociedad retroalimentan mi aislamiento: soy excéntrico de
nacimiento e inadaptado por supervivencia. Mis controversias personales, han
sido también creativas tanto con este espacio como con los ajenos (desde el
respeto, no leo ningún otro blog).
Pero siempre acabo volviendo a éste. Al que el autoengaño
me lleva a fabular como “mío”, cuando en realidad pertenece a Google.
Thieves In The Temple - It (Princelive@ Glam
Slam '92)
Llevo unos días más conversador de lo habitual. Charlo de
la vida con mis muertos. Admiro al difunto Prince Rogers Nelson,
nacido y muerto en el estado norteamericano de Minnesota. Nunca quiso vivir en
otro lugar, ya que "It's so cold, it keeps the bad people out"
(‘Es tan frío que mantiene fuera a las malas personas’).
Vuelve rápido, Prince, los malos se han
colado en tu tempo. Los asesinos del ICE tienen nuestro corazón helado.
Temo que el sistema educativo sigue oficiando de tamiz social. No dudo que
funcione puntualmente como integrador, pero es ante todo una herramienta de desecho.
Antes los desechados eran expelidos
del sistema educativo y volcados al laboral –como se intentó hacer conmigo–.
Eran otros tiempos en los que se necesitaba una mano de obra humana no
cualificada que actualmente ha sido sustituida por maquinaria y tecnología artificialmente
inteligentes, salvo para trabajos de explotación –como en el sector servicios–.
Ahora el sistema educativo funcionacomouna especie de guardería para jóvenes, ya que lo que cuenta –para quienes nos
llevan las cuentas sin rendir cuentas de su desgobierno– son los datos de
escolarización y no el nivel de ésta; y cuando los echan de la guardería, esos
jóvenes tienen una titulación caduca desde antes de su expedición. Según los datos oficiales del Instituto
Nacional de Estadística, en la franja de 20 a 24 años, se cobra un 55% de la
media, con 1.223 euros mensuales.
Perhaps the words that best speak
about me are the ones that I write or pronounce unconsciously, just as the acts
that most define me are those that I perform involuntarily but cyclically: such
as staying away from the Internet every now and then.
I don't get used to
anchoring myself to REALITY. As a child, I liked to skip school, which forced
my mother to follow me to make sure I attended class. As an adult, almost old,
I still enjoy the feeling of freedom that comes from acting at my whim and
getting out of the routine.
El Último de la Fila - No me
acostumbro - Versión 2023 (Audio Oficial)
℗
2023 The Copyright in this sound recording is owned by EMI Music Spain, S.A.
Entre otras muchas cosas, soy caprichoso. Rasgo que llevado a la cultura
hace que en mis valoraciones prime la subjetivo frente a lo objetico.
En el caso de esta película, de la que casi todo el mundo decís
maravillas, no me planteo verla: la presencia de Luis Tosar es una kriptonita
para mi capacidad de suspensión de la realidad.
Con lo complicado que es entenderse, como para esperar que nos entiendan
otros: a nuestras peculiaridades siempre les pondrán trabas, motes o castigos.
Lo suyo, sus cositas, son genialidades.
Muchas de esas peculiaridades que nos definen son tan inofensivas que
dan risa en la lista de filias y fobias que provoca la interacción humana. Lo
que convierte esas peculiaridades en penalidades es que hay mucho listo que se
ríe de nuestros despistes –imagino que se cree un máquina, ajeno a todo factor
humano presente en nuestras ausencias de perfección–. El problema no está en
sufrir dislexia, sino en sufrir tanta burla. El problemón llega al comprobar
que esos burlones cuentan con alto aprecio social. Nunca entendí la fama de
fuerte en quien abusa del débil, nunca entendí el prestigio de listo para quien
ridiculiza al torpe.
Nunca canunca nun, me reí de sus burlas a otros ni coreé sus abusos.
Siempre he preferido ser uno a ser legión. Y es que a mí del Tercio no me
atraen ni los tríos, aunque me hayan signado el papel de tercero en discordia.
Un abrazo.
Hola, MARÍA:
Digamos que el que sufre nunca olvida; y mi cursar EGB en un colegio
público fue una tortura, por culpa de las constantes afrentas de los maestros
que malinterpretaban mi despiste como una muestra de deficiencia intelectual:
me consideraban un retrasado.
Dados tus vínculos con Asturias, quizás conozcas el Sanatorio Marítimo
de Gijón –centro privado donde se ayuda a personas que padecen discapacidad–,
por dos veces presionaron a mis padres para que me ingresaran allí. Al acabar
8º de EGB, en mis notas escolares estamparon un texto con una recomendación
para que no siguiera estudiando bachiller (nunca había repetido curso, ni
pasado con asignaturas pendientes). No sé lo que pusieron en mi expediente
académico, pero puedo imaginármelo ya que en la primera evaluación de primero
de BUP suspendí 8 asignaturas y me expulsaron una semana del centro. Cuando mis
padres fueron a ver a la tutora, ésta les pregunto directamente si yo era
“tonto”.
En esta entrada de mi blog reproduzco ese estampado de esos espantosos.
Gracias por este poema, por las sensaciones que acunas y las que
despiertas. Entre ellas las de unos recuerdos que quizá sean en mi caso falsos
recuerdos oníricos: a los autores que citas, uno por ejemplo a Woody Allen y su
película ‘Stardust Memories’. Recuerdo haberla ido a ver en los multicines
Hollywood. Recuerdo verla junto a una compañera de porte similar al de Charlotte
Rampling. Teníamos unos 16 años, han pasado 43 desde entonces, quizá durante
todo este tiempo he hecho de esas estrellas fugaces un falso sistema planetario
de recuerdos del que me ensueño como su sol.
Sólo puedo felicitarte por el ingenio que muestras en esta historia y
por tu generosidad al compartirla.
No conocía el personaje de ‘Sally the Sleuth’, ahora buscaré alguna de
sus historietas. Respecto a ‘The Spirit’, es una obra tan sugerente como
laberíntica. El que compartes es un paseo estimulante por su senda creativa.
Me temo, sin por eso ser miedoso, que las personas siempre hemos llevado
vidas reducidas –el virus del miedo siempre se ha ocupado de ello–. Dejando a
un lado el terror desplegado por instituciones ajenas, los individuos nos
ocupamos de no despegarnos de nuestros miedos internos. Quizá, amiga, nuestro
mayor miedo es a vivir en plenitud –llevado a nuestra sociedad, ya ves cómo
vamos relegando ciertas experiencias para cuando estemos jubilados, en vez de
experimentarlas mientras tenemos júbilo–.
El sobrevivir reduciditos nos da la sensación de pasar desapercibiditos,
de que los problemas nos pasaran por alto: los monstruos son gigantes y no
estamos tan locos como Quijote para embestir contra ellos.
Además, está el eterno dorado de la búsqueda del equilibrio, no hay
quien se libre de escuchar eso de “La virtud está en el equilibrio” y siempre
preferiremos que nos valoren como virtuosos a que nos señalen como
desequilibrados,
Por otro lado, sólo puedo felicitarte por el bestiario que has confeccionado,
es toda una devoción.
Me parece muy interesante la propuesta de esta película. Sus
limitaciones en el diseño de producción no limitan su efectividad narrativa. Al
final, en las películas, como en las personas, lo que cuenta es que nos entretengan,
no que nos deslumbren.
Para comunicarnos con otros usamos mayormente palabras de otros,
imposiciones semánticas que convierten garabatos y gorgoritos en signos
lingüísticos. Ocasionalmente nos liberamos de esas imposiciones al recurrir a
la invención de “palabras” o al errar en su escritura/pronunciación. La dislexia
y el despiste son los grandes innovadores léxicos, unidos a la vagancia y a la
petulancia.
En tu caso, tal y como vuelve a apalabrar este relato, personalizas la
afección de las palabras gracias al afecto con el que las usas.
Quizá uno de los problemas de saciar el hambre sea que podemos pasar del
desengaño al desencanto. El autoengaño llena nuestras tripas de esperanza
frente a la bilis de la realidad.
En mi caso, el engaño me permite vivir. Recurro a aislarme y pensar que
fuera de mi laberinto ocurren finalmente cosas maravillosas que me maravillarán
cuando salga.
“Civilización” es un sustantivo que asocio a sociedades inexistentes,
pueden ser pasadas o imaginadas. Nunca me he sentido integrante de una
civilización (aunque admito que me enmarquen en una). No es que no es que sea
un “incivilizado”, mantengo el civismo en mis interacciones, o un inculto,
aunque sí mayoritariamente ignorante. Es simplemente que soy un inadaptado.
Mencionas el “confinamiento pandémico”. Fue un periodo muy duro. Sin
dudas, el momento social más inquietante que he vivido. Anímicamente lo llevé
mal, por suerte sin problemas en mi salud o en la de mis seres queridos.
Durante el confinamiento se aceleró una misantropía que ya sentía antes. Tras
él, me he asentado/refugiado en un distanciamiento físico y emocional de mis
teóricos iguales. Incluso en los blogs evito el contacto.
Disculpa este comentario centrado en mis cosas. No en tu texto.
Suelo pasear hasta más allá de esa estatua migratoria al borde del mar
que usas en esta entrada.
En estos mares infinitos de inhumanidad que conforman el océano de
Internet fue una suerte el haber hecho puerto en tus costas creativas y llegar
a habitar un asentamiento de amistad.
Sin haberme vuelto huraño, me encuentro en un momento ermitaño: dadas
mis limitaciones para la interacción, el aislamiento me sana. Pero al leerte,
al saber de ti, mi sanación siempre mejora. Eres una gran escritora y persona,
el caudal creativo y el vital fluyen copiosos en ti, de ahí que bañarse en tus
textos sea siempre revitalizante.
Me limitaré a parafrasear el título de tu texto y decirte que me
encuentro sin palabras, sólo ira. Y cuando miro hacia delante, la ira me hace
temer un mayor desasosiego.
Sentía curiosidad por ver esta película, tu artículo ha convertido esa
curiosidad en ganas. Y eso que “Las niñas” no me gustó y no me interesé por “La
maternal”.
La temática de “Los destellos” me es cercana, como imagino que por
cuestión de vivencias nos lo acaba siendo a muchos.
Lo mismo que siempre me resulta cercana tu manera de reflexionar sobre
la vida con la excusa de hablar sobre su representación en las películas.
Las mentiras se dan por descontadas en tanto cuentista que vive del
cuento de traer a cuenta el descontento de otros que no le interesan pero le
salen a cuenta.
Confío en que mi mala memoria voluntaria no me lleve a la mentira
involuntaria de no contarte que ayer escuché a un gran fabulador, a uno de los
buenos, a John Banville, afirmar que el dolor ajeno se convierte en un recurso
creativo poderoso cuando eres capaz de recrearlo sin sentirlo. También afirmó
que su heterónimo ‘Benjamin Black’ le es muy útil para contar verdades sombrías
bajo la apariencia de mentiras ficcionadas. Sin acercarse al distanciamiento
del la realidad ejercido por Pessoa, a Banville le produce desasosiego el
presente de ahí que reafirmó vivir en el pasado.
Me calma leerte, más que leer a Banville o a Pessoa. Contaría una
mentira si no lo reconociera. El desasosiego me lo produce una realidad que
hasta hace poco simplemente me aburría. En lo que no he cambiado es respecto al
otoño: aún me gusta.
Un abrazo de los que cuentan, fabulosa fabuladora Clarisa.