Muchas veces me he definido como un “ninotauro” refugiado en un laberinto de
ensoñaciones. “Montano” tiene por mal en su deseo de convertirse en Literatura.
Fueron muchas las veces en las que al leer la novela de Vila-Matas creí estar recorriendo un laberinto a espejo del mío.
Lo mismo que los paratextos hacen
realidad un libro, entiendo mis actos como pretextos que aseguran mi presencia
en el mundo de la Realidad. Paratextos y pretextos cobran vida para dar consistencia
a una ficción. ¿Cuándo me muera, qué prueba habrá de que he vivido? Esa prueba
serán mis ficciones. Cuando muera, sólo seré el Nino Ortea cuya existencia
niego y en cuya persistencia confío.
He leído “El mal de Montano” en su
edición de bolsillo publicada por Mondadori. Y es la maquetación que te recomiendo, mi
amable leyente, por su presentación austera que permite realzar la voz del
autor sin la distorsión que acompañan a publicaciones que se hacen coro de egos
ajenos a la voz que quiere narrar.
Me gustaría llegar a escribir como Enrique Vila-Matas y editar
como Mondadori.
El gusto por llegar a hacerlo me dota
de pretextos para hacer de mis ficciones una prueba de vida.
Contar con tu compañía, amable
leyente, es una de las pruebas más gustosas de que he vivido, lo confieso.
