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viernes, 4 de noviembre de 2022

Harto ya de estar harto, ya me cansé

 Hola, amables leyentes:

Como muchos de vosotros habéis observado, este blog lleva un tiempo recibiendo comentarios insultantes. El porqué de estos insultos, no lo sé; el por quién de estos insultos, sí lo sé.


Todo comenzó con esta acometida, que además marca una pauta habitual en las agresiones de esta persona: hace un comentario bajo una de sus personalidades normalizadas, vuelve (bien bajo otra identidad ponzoñosa o como “anónima”) a dejar un encadenamiento de desprecios, tras ello regresa y elimina su primer comentario.

Y así continúa y continuará –imagino– con su cobarde agresión habitualmente anónima y homónima, en una obcecación que ha llevado a la insultante a comentar en entradas publicadas hace años, cuando no encuentra un texto reciente que mancillar. E incluso a escribir en idiomas tan impropios como inapropiado es lo desbarrado. Oh la lá! C'est incroyable!


Otros autores solidarios de blogs me aconsejaron que siguiera su ejemplo y empezase a moderar los comentarios. Y es que esta incontinente ha forzado a muchos de los espacios donde ella acudía a ventosear a que recurran al filtrado de los comentarios –medida astringente que afecta a todos los lectores, no sólo a la diarreica–.

Agradezco el consejo solidario, pero no lo seguiré. Son contados los comentarios que recibe este blog; y cada uno de ellos merece mi agradecimiento, no mi desconfianza. Poneros en duda a la totalidad de mis lectores, por culpa de una insultante me parece una socialización de la desconfianza y lo encuentro injusto. Nunca he tolerado lo injusto ni soportado lo vulgar. NUNCA. Si de niño no lo hice –pese a la injusta vulgaridad de mis maestros–, no voy a tolerárselo de viejo a esta pelleja.

Harto tras su más reciente afrenta, he usado los servicios de información que Blogger pone a nuestra disposición, para así confirmar con datos mis sospechas sobre la identidad de la insultante. Accedí al menú principal de mi blog, seleccioné la opción “Estadísticas”. Y empecé a obtener datos de estos tres últimos meses. Esta opción la tenemos todos en nuestros blogs y es gratuita, los datos los proporciona “Google Analytics” y quizá te sorprenda la cantidad de información que facilita.



Encontré, por ejemplo, las entradas por las que esa iracunda recomienza aquí. La muy cobarde no iba a hacerlo desde uno de sus blogs, deduzco que tiene en su carpeta de favoritos los enlaces directos a algunas entradas de «Ven y enloquece» y accede desde ellas. Una de sus favoritas es ésta:


Google pone a nuestra disposición los datos de acceso de nuestros lectores a nuestros blogs. Confirmé los datos de origen del único visitante recurrente de este blog que accede desde el estado de Florida en EE.UU.


De allí al área metropolitana de Miami


Luego aparece esta ciudad

Y seguí obteniendo una información que cada vez identificaba más a la agresora. Toda información sobre las lecturas de tu blog la obtienes de manera gratuita y legal, no necesitas instalar ningún programa de monitorización: al acceder a cualquier espacio web aceptamos dejar un rastro identificativo. Y al final nos ocurre como a Pulgarcito: las migas de nuestro rastro se convierten en sólido alabastro.

Dentro de las prestaciones de “Blogger”, “Google Analytics” nos permite acceder a información tan curiosa como la del sistema operativo, lenguaje o navegador (versión incluida) que usa cada uno de nuestros visitantes. En el caso de esta acosadora en ocaso, compartiré unos pocos detalles más de esta insultante a la que no se le ocurre nada más exultante que acceder a un blog de Google usando el navegador de Google, con lo que su rastro digital es tan lineal como su nivel neuronal:

                                                                   

Y respecto a la insultante “mayamizante”: sé que su nombre es Mucha –ya se ocupa ella de destacarlo-, aunque también usa el de Recomenzar, Mario... o cualquier otro apodo bajo el que cometer bajezas. Ignoro qué la lleva a avergonzarse de su nombre para que lo esté siempre ocultando, lo que debería avergonzarla es su comportamiento. A ver qué nuevo exabrupto suelta y bajo qué tapujo se esconde al dejármelo en su próxima incursión. Le sugiero el nombre de “Diarrea” y como apellido “Mental”.

Bueno, amables leyentes, agradezco una vez más vuestra compañía lectora de este texto escrito con total “animus iocandi”. Sabéis que una persona así no existe, al igual que sabéis que las empresas cumplen la legislación de protección de datos. Ficción, todo es ficción... cuando no sueño. Eso es la vida.

Baja el telón y se acaba esta mascarada.

Gracias por venir y enloquecer.

 

Nino Ortea. Gijón. 2022.

 

Y el acoso continúa. Desde que publiqué esta denuncia pública no he dejado de recibir mensajes incordiantes como éste:




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