Hola, amables leyentes:
Como muchos de
vosotros habéis observado, este blog lleva un tiempo recibiendo comentarios
insultantes. El porqué de estos insultos, no lo sé; el por quién de estos insultos,
sí lo sé.
Todo comenzó con esta
acometida, que además marca una pauta habitual en las agresiones de esta
persona: hace un comentario bajo una de sus personalidades normalizadas, vuelve
(bien bajo otra identidad ponzoñosa o como “anónima”) a dejar un encadenamiento
de desprecios, tras ello regresa y elimina su primer comentario.
Y así continúa
y continuará –imagino– con su cobarde agresión habitualmente anónima y homónima,
en una obcecación que ha llevado a la insultante a comentar en entradas publicadas
hace años, cuando no encuentra un texto reciente que mancillar. E incluso a
escribir en idiomas tan impropios como inapropiado es lo desbarrado. Oh la lá! C'est
incroyable!
Otros autores solidarios
de blogs me aconsejaron que siguiera su ejemplo y empezase a moderar los
comentarios. Y es que esta incontinente ha forzado a muchos de los espacios
donde ella acudía a ventosear a que recurran al filtrado de los comentarios –medida astringente
que afecta a todos los lectores, no sólo a la diarreica–.
Agradezco el consejo solidario,
pero no lo seguiré. Son contados los comentarios que recibe este blog; y cada uno
de ellos merece mi agradecimiento, no mi desconfianza. Poneros en duda a la
totalidad de mis lectores, por culpa de una insultante me parece una
socialización de la desconfianza y lo encuentro injusto. Nunca he tolerado lo
injusto ni soportado lo vulgar. NUNCA. Si de niño no lo hice –pese a la injusta
vulgaridad de mis maestros–, no voy a tolerárselo de viejo a esta pelleja.
Harto tras su más
reciente afrenta, he usado los servicios de información que Blogger pone a
nuestra disposición, para así confirmar con datos mis sospechas sobre la identidad
de la insultante. Accedí al menú principal de mi blog, seleccioné la opción
“Estadísticas”. Y empecé a obtener datos de estos tres últimos meses. Esta
opción la tenemos todos en nuestros blogs y es gratuita, los datos los
proporciona “Google Analytics” y quizá te sorprenda la cantidad de información
que facilita.
Encontré, por
ejemplo, las entradas por las que esa iracunda recomienza aquí. La muy cobarde
no iba a hacerlo desde uno de sus blogs, deduzco que tiene en su carpeta de
favoritos los enlaces directos a algunas entradas de «Ven y enloquece» y accede
desde ellas. Una de sus favoritas es ésta:
Google pone a nuestra
disposición los datos de acceso de nuestros lectores a nuestros blogs. Confirmé
los datos de origen del único visitante recurrente de este blog que accede
desde el estado de Florida en EE.UU.
De allí al área
metropolitana de Miami
Luego aparece esta
ciudad
Dentro de las
prestaciones de “Blogger”, “Google Analytics” nos permite acceder a información
tan curiosa como la del sistema operativo, lenguaje o navegador (versión
incluida) que usa cada uno de nuestros visitantes. En el caso de esta acosadora
en ocaso, compartiré unos pocos detalles más de esta insultante a la que no se
le ocurre nada más exultante que acceder a un blog de Google usando el
navegador de Google, con lo que su rastro digital es tan lineal como su nivel
neuronal:
Y respecto a la insultante
“mayamizante”: sé que su nombre es
Mucha –ya se ocupa ella de destacarlo-, aunque también usa el de Recomenzar, Mario...
o cualquier otro apodo bajo el que cometer bajezas. Ignoro qué la lleva a
avergonzarse de su nombre para que lo esté siempre ocultando, lo que debería
avergonzarla es su comportamiento. A ver qué nuevo exabrupto suelta y bajo qué tapujo
se esconde al dejármelo en su próxima incursión. Le sugiero el nombre de “Diarrea”
y como apellido “Mental”.
Bueno, amables leyentes, agradezco una vez más vuestra compañía lectora de este texto escrito con
total “animus iocandi”. Sabéis que una persona así no existe, al igual
que sabéis que las empresas cumplen la legislación de protección de datos. Ficción, todo es ficción... cuando no sueño. Eso es la vida.
Baja el telón y se acaba esta mascarada.
Gracias por venir y
enloquecer.
Nino Ortea.
Gijón. 2022.










