domingo, 2 de diciembre de 2018

Lo que sé de mí (02-XII-2018)


Hola:
Hoy tampoco publicaré una entrega del cuentacuento de Zänder. Mi pareja lleva pachucha toda la semana –un resfriado que, al igual que yo, no quiere despegarse de su lado–, con lo que mi imaginación no ha levantado el vuelo y está pegada a su piel.
Fotografía tomada hoy en Gijón, a las 9:45
En general este otoño ha sido poco productivo en lo blogueístico. Todos los planes que tenía para venir y enloquecer a vuestro lado tras la autopublicación de «La gata vio al asesino» se han visto menguados por la realidad –realidad que no ha sido ingrata, pero sí alterante–.
Llevo casi dos meses trabajando de teleoperador. Lo que de por sí conlleva una buena situación en lo económico, es también una actividad positiva en lo anímico: al trabajar en equipo conozco a personas, y con ello mi curiosidad se aviva. Pero, el trabajar frente a una pantalla cansa mi vista, aviva mi migraña y activa otros malestares –mi cuerpo está desgastado como si tuviera 180 años, y no soy un dragoncito como Zänder–.
Además, la vida no se detiene y yo fluyo con ella: con sus obligaciones, mis devociones y nuestros encuentros.
Aunque no bloguee aquí ni en vuestros espacios –os pido disculpas por esto último–, sigo ensoñando. Mi ánimo fabulador no se detiene.
La próxima entrega dragoncera será la que cierre este cuentacuento, al que seguirán otros ya en enero.
Durante el primer trimestre del año que viene, mi autoeditorial Librelena publicará la primera obra de autoría ajena. Proyecto ante el que estoy muy ilusionado. Ya os iré informando, pero sólo quiero agradecer la confianza que deposita en mí su autora: GRACIAS.

Confío en que os encontreis bien. Os deseo lo mejor.
Una vez más, os agradezco el estímulo de vuestra compañía.
Siempre libre, siempre vuestro:
Nino.

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