Así me despedía de vosotros,
amables leyentes, el pasado noviembre antes de que llegara el pesado diciembre,
que me ha dejado con tal gordura que sería una locura el intentar medirme la
cintura. Y es que estoy más gordo que el gran Thordo –orondo papá de Sygrid,
nuestra pizpireta adalid–.
Imagino que, al igual que
vuestro constipado narrador, muchos de vosotros habréis sobrevenido a diciembre
y enloquecido en enero para encontraros con vuestro hociquito enrojecido.
Los sabiondos –legión de
hombres sin alma y mujeres sin calma formada por los tertulianos engreídos y
los blogueros descreídos– aseguran que el que nuestras naricitas estén coloraditas
se debe a que en el presente invierno hace un frío que congela el Averno. Me refiero
al lago, no al infierno. Que quizá sea el inframundo lo que miran los demás,
pero no está de más recordar que nosotros –los venyenloquecidos– miramos por
este mundo: no tiramos papeles al suelo, ni aceites al subsuelo… ¡pero sí
lanzamos besos al cielo!
¡Muac, muac, remuac!
Venga,
amiguitos, os invito a que regaléis una ronda de besos a queréis: entrareis en
calor y saldréis del sopor.
¿Ya
está besuqueado todo vuestro personal adorado? Pues sigo con mi cuentacontado,
gracias por seguir a mi lado.
Nosotros –que no vamos de
sabios, pero nos gusta besar labios– admitimos que estamos resfriados e incluso
congestionados. Aunque no lo estamos más este invierno que en pasados
infiernos: que el frío no conoce de modas y todas las temporadas nos trae
narices coloradas. Pero en este enero aprovechamos nuestra coloración nasal
para hacer de nuestra nariz un fanal que nos de luz y así poder leer sin
apagones las aventuras de Zänder y
sus compañeros molones.
Y la que comenzará la próxima
semana es una aventura que será pura divertura. La protagoniza Sygrid, la dragona más chisgarabí de
aquí a Madrid.
¡Achis!
Disculpad el estornudo, de mi
nariz haré un nudo para impedir que su goteo ahogue mis letras con su moqueo.
¡RequeteACHIS!
¡Moc!
¡¡Moc!! ¡¡¡MOC!!!
Lo ziento, amablez leyentez,
pero zufro un gripazo tan congeztionado como mi tipazo. En cuanto me recuperre
oz empiezo a contar la hiztoria, que de hacerlo hoy zonaría a hizteria.
¡Zalud y zuerte!

