domingo, 24 de agosto de 2008

Sin City: Más letal es la mujer 04









Perdición
“No quiero meterme donde no debo, pero esa es una tía por la que mataría. ¿Porqué la dejas irse?”

Dwight recibe la desesperada petición de ayuda de Ava, de la que continúa enamorado.
Tras ser traicionado por ella, recurrirá a sus habilidades del pasado para mantenerse vivo.
Atrapado por un ahora que lo agobia y un antes que lo aterra, para su desgracia la parte más sensual y dañina de su ayer viaja a su hoy.
A sabiendas de que nada bueno le puede dar quien sólo daño le causó, regresa a su enfermiza relación y cual Orson Welles en La dama de Shangai, deja que el demonio de las armas acabe con la diablesa de su vida.

¿Quién no ha sufrido una Ava en su vida?.
La compañera a la que hacías los ejercicios mientras ella se ejercitaba con el guapo de la clase.
Esa amiga a la que servías de confesor en su trepar por camas ajenas.
Esa mujer a la que perdonas en privado lo sufrido en público. Moriría por ella habla de Ella, cuyo nombre envenena tus sueños.

El monólogo en que Ava reclama su derecho a ser perversa, sin ser calificada de loca, define no sólo al personaje, sino que a la existencia del mal como algo que uno puede ejercitar cual otra habilidad.
La fuerza, inteligencia, seguridad y embrujo en Ava, la concierten en el personaje que más temeríamos en la vida real, donde todos sabemos que no existen esas mujeres que ni cuando mienten dicen la verdad.


Quiero la cabeza de Jack Rafferty
“Es muy propio de ella vestirse así para enseñármelo todo y volverme loco”.

En La gran matanza, Dwight al pagar una deuda de honor se sitúa en mitad de una lucha que amenaza con acabar con la libertad de las prostitutas de Sin City.
El enredo comienza con Shellie, la típica Eva a la que si se le acerca un atractivo Adán y le suelta dos gracias ya está encamada con él, sin reparar en si es un policía corrupto o un sangriento aventurero. Estas mujeres mejor aprenden a controlar los fuegos que su candidez prende, y se dejan de quejas masculinas.

Aparecen las rameras del Barrio Viejo, que hacen de la prostitución un trabajo, no una lacra.
Son amas fuertes, sensibles y glamurosas, lo que explica que los hombres se adentren en Sin City para encontrarlas. Defenderán su autoempresa de cualquier amenaza.
Gail es la autónoma más reconocible de la cooperativa del placer. Atractiva como sólo una mujer inteligente lo puede ser, a pesar de su promiscuo trabajo su corazón es monógamo.
Sabe que Dwight dejará de jugar con muñecas y será suyo.
En el lado opuesto está la pequeña y mortal Miho, encargada de la seguridad de las chicas, es de esas mujeres, que supeditan cualquier tipo de relación a su tarea.
De su boca no oirás palabra, de sus manos no saldrá caricia ni en sus labios verás sonrisa.
Entregada en cuerpo y alma a su labor, no concibe delicia ajena al trajín. ¿Sus vecinas la llaman solterona?, no importa, ningún hombre da el placer del trabajo cumplido.


Historia de un detective
“- Intenté enamorarme de chicos de mi edad, pero ya lo estaba de ti.
- Basta Nancy. Tengo edad para ser tu abuelo”.

Ese cobarde bastardo, cuenta una historia de amor frustrada por la diferencia de edad.
John Hartigan, policía de Sin City, sacrificará su retiro, matrimonio y vida por Nancy Callahan a la que con 11 años salva de un pervertido. Entre ambos se establece un vínculo que el paso de 8 años, no hace más que consolidar.
Su relación nuca llegará a carnalizarse, pues Hartigan personaje que desde un principio aparece como vulnerable al padecer una angina de pecho, decide suicidarse para protegerla.

Al igual que el Santo Job, debe pasar por toda una serie de penalidades, siendo su amor por Nancy la última prueba. Lo pierde todo de forma pública pero mantiene su heroísmo individual, se comportó con honor.
Nancy es el centro de la historia. como ocurre en Kadie´s donde su baile centra la atención de los lugareños.
Al visitar su pasado, siempre había aparecido como una majestuosa presencia que recordaba al hombre su condición inferior en la evolución de la especie, su figura se humaniza y nos habla de esas chicas que atesoran dulzura y encanto, de las que aunque uno lo intente es imposible no enamorarse a sabiendas de que ese sentimiento está condenado desde un principio.
Ella se irá, sólo trabaja en ese antro en el que tú malvives para pagarse los estudios.
El recuerdo llenará su ausencia, hasta que otro ángel convierta la barra del bar en vertedero de amor.

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LibrElena - Blog de Nino y Nino Ortea.

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