Voraz
Ni
quiero ni busco engañarte,
mi
mero deseo es el de devorarte,
hacer
que nos saboreemos con intensidad efímera.
Lo
único eterno es mí es la curiosidad,
este
hambre que no sacia la ingesta de edad,
pero
que podemos aplacar aquí sobre la encimera.
Viví
durante un tiempo a dieta de normalidad,
pero
me devoraban las ansias de voracidad,
así
que mi vida volvió a ser la que era.
No
busco ser normal, sino feliz.
Apuremos
una avidez que tú calificarás de desliz
cuando
le expliques a tu amiga tu cansancio y tu ojera.
Y
así, mañana tras nuestro adiós,
cuando
él te pregunte por esa sonrisa en tus labios
podrás
tranquilizarlo con que su intensidad será perecedera.
Y
le silenciarás que, por eso, vuestro matrimonio será eterno,
pues
habéis triunfado al hacer de la pasión un averno,
y
tu cuerpo de ángel sólo se endiabla al caer en una fugaz hoguera.
Y esto es lo que canturreo cuando evoco nuestro jaleo.
