Ven y enloquece

Ven y enloquece
Aunque este blog lo firme Nino Ortea, pertenece a quienes lo sentimos nuestro al leerlo.

viernes, 29 de octubre de 2010

Popsy Pop contra Hollywood 03



La Bella y la Bestia (Jean Cocteau, 1946)

La Francia del Presidente De Gaulle, firma en Washington el 28 de mayo de 1946 el Acuerdo Blum-Brynes que establece cuatro semanas por trimestre reservadas a la proyección de cine francés por sala; plazo ampliado a cinco semanas en 1953.

El 19 de junio de 1959, se proclama el Decreto Malraux que regula la doble financiación estatal y privada para las producciones, a la vez que fija la subvención del cine de vanguardia y el adelanto sobre los beneficios en taquilla para el comercial. Este modelo productivo —mantenido en Francia hasta nuestros días— también busca ampliar el mercado internacional de la cinematografía gala; para lo que perfecciona una serie de acuerdos bilaterales, como el firmado con Italia, el 21 de fenrero de 1949, que extiende la subvención nacional a todo rodaje en coproducción. Las cinco películas sobre el personaje de Don Camilo protagonizadas por Fernandel, son uno de los resultados más inmediatos de este convenio.

La industria italiana sufre la censura de un Estado empeñado en acabar con el contenido social del Neorrealismo. De 1948 a 1953 —en su condición de Subsecretario de Cinematografía—, Giulio Andreotti actuará como “inquisidor general” del Medio al que considera guarida de izquierdistas agitadores. Baste citar su Carta abierta a De Sica —publicada en febrero de 1952 en la revista Libertas— donde denosta la imagen del país mostrada por el cineasta en Umberto D (Vittorio de Sica, 1952).

El resultado de esta censura será el opuesto al buscado, pues el cine popular adopta parte del temido discurso agitador. De Diabolik (1967, Mario Bava) — asesino que adopta tácticas terroristas como la voladura de edificios, aplaudidas por un público que lo ve como un Robin Hood que combate a los carabinieri—; a los dos buscavidas encarnados por Terence Hill y Bud Spencer en Le llamaban Trinidad (1971, Enzo Barboni) —entretenidos con su campaña de botar a tortazos a los políticos— son innumerables los ejemplos de héroes cuyas gestas se basan en combatir el Sistema.

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