Ven y enloquece

Ven y enloquece
Aunque este blog lo firme Nino Ortea, pertenece a quienes lo sentimos nuestro al leerlo.

jueves, 21 de octubre de 2010

La erótica del poder


Donde unos hablan de remodelación, yo veo una claudicación.

Creo que la culpa de todo la tiene Facebook.

Y es que cansado de tener que pactar cada uno de tus acuerdos y de que los tuyos cuestionen tu valía, llega un día en que a uno le da por ponerse nostálgico y buscar por Internet a sus antiguos amigos. A esos que no te saludaban en las reuniones o a las que nunca secundaban tus ponencias, pero que desde la distancia y en silencio parecen tan agradables y prosodas. Te acuerdas de un nombre, le asocias un apellido y tras saludarlos los acabas agregando a tu perfil.

Y al final, lo que empieza con un "me gusta" y sigue con un comentario, acaba con la creación de un nuevo grupo en Facebook: José Luís, ¿qué hay de lo mío?”.

Resultado, los acabas invitando a tu casa para hablar de vuestras cosas. Organizando unos encuentros períodicos y haciéndoos fotos juntos. Así es como, en tu ignorancia, esperas desdecir la máxima marxista de: “Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota”.

De todos los nuevos mejores amigos de Jose Luís, hay una presencia que me sorprende más que otras que me desagradan. La de Rosa Aguilar, quien quiso ser artista y ahora es ministra.

Ahora, poco a nada queda de aquél Jose Luís tan talantista que se las prometía felices con sus sueños de cambiar la Historia aunque fuera a costa de tergiversar unos ideales.

Yo también tengo un abuelo represaliado por Franco. Al que casi pegan dos tiros por “rojo” y a quien mi enamorada abuela paterna iba a ver al presidio, embarazada de mi padre, tras caminar más de 10 kilómetros.

Pero tranquilo, José Luis, me faltan talante y tragaderas para enviarte una petición de amigo.

Eso sí, ayer, casi a la hora en que tú actualizabas tu estado de Facebook, le intentaba explicar a una atenta compañera desempleada la diferencia que encuentro entre ser “consecuente” y ser “congruente”. Parace mentira lo fácil que a ti te resulta encarnar lo que es ser incongruente e inconsecuente.

Y es que a tu lado —o siguiendo tu hoja de ruta— hemos ido de la nada a la más absoluta de las miserias.

No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo, José Luís.

Todo el honor y la gloria para Groucho Marx.

Nino