Ven y enloquece

Ven y enloquece
Aunque este blog lo firme Nino Ortea, pertenece a quienes lo sentimos nuestro al leerlo.

lunes, 10 de mayo de 2010

La deliranza de Loquilandia 3/3



La Bondad constante es mostrada como un recurso falsario para obtener el reconocimiento público. Y a modo de corsé que impide todo sentimiento desmedido. La Reina Blanca teme convertirse en su hermana, odiada por su pueblo. A la vez que reconoce que su imposibilidad para ser mala la limita a ser buena. Su aspecto perfecto e imaculadamente virginal la convierte en la más irreal de las fantasías que pueblan Wonderland.

Mientras que la Maldad es una coraza que protege nuestras debilidades —lo que quiere la Reina Roja es evitar ser herida— y una forma de avivar sentimientos ajenos, al lograr que corazones que no sienten Amor se aceleren con el Temor o el Odio. Al final, la solución propuesta es ser lo que uno quiere ser, y no aquello a lo que lo limitan los miedos o las obligaciones. Este proceso de lucha conlleva una pérdida de inocencia, un paso adelante en el desarrollo de la seguridad personal, aunque para lograr nuestros objetivos hayamos tenido que cometer acciones que repudiamos, por mucho que otros las canten como gestas. Todos hemos hecho virtud de nuestra necesidad, y adoptado medidas desesperadas frente a situaciones desoladoras. Todos hemos sentido que nos desprendíamos de una parte de nosotros —como Frodo de su dedo en El señor de los anillos— al tomar una decisión.

Alicia se convertirá en guerrera no por su fe ciega en lo que marca una profecía, si no por su voluntad de ayudar a sus amigos. Es su sueño y ella decide cómo acaba. Al igual que al regresar a la superficie necesita desprende de su candidez y romper convencionalismos para seguir navegando en pos de sus sueños. La vida sin ilusión, limitada por las apariencias, por ese hacer las cosas sin sentirlas ni cuestionarlas es un desperdicio. Debemos mantener viva la esperanza al perseguir nuestras ilusiones como a un conejo blanco —¿Matrix?— que puede que nos lleve en su búsqueda a lugares muy distintos de los que deseábamos. Toda ilusión, todo sueño, toda anhelo debe de ser perseguido, y no sentarnos a esperar que el destino soñado nos alcance; pues entonces nos pasa lo que a la tía de Alicia quien pierde la cordura tras entender que ha dejado que los convencionalismos anclaran a sus sentimientos.

La fotografía de Dariusz Wolski es exultante de sentimientos convertidos en matices cromáticos. A diferencia de la banda sonora de Danny Elfman, que firma una partitura aplacada. Burton imprime un ritmo cambiante a la obra, adecuando sus movimientos de cámara a la intensidad de lo narrado, con lo que mantiene nuestro interés hacia un cuento que ya nos han contado de otras formas. Una vez más, logra efectos contrapuestos aplicándole pequeñas variaciones a una misma técnica. Por ejemplo, sus travellings acompasados trasmiten la parsimonia de lo previsible. Sus travellings acelerados compiten con el ímpetu de los deseos. Y sus travellings zigzagueantes dibujan las fluctuaciones de nuestro ánimo. La recreación de lo artificial en lo fantástico, no resulta artificiosa. Pese a lo abigarrado de algunas composiciones que componen algunas escenas en una especie de ¿dónde está Wally? Aliciesco.

Me ha gustado la película Alicia en el país de las maravillas, dirigida por Tim Burton. La razón es sencilla: transmite esperanza. Podría acabar aquí este texto, y así lo haré.

No me olvides cuando te despiertes, Lola.

DECRECER