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domingo, 1 de septiembre de 2019

Septembrino


No reniego de mi pasado personal ni creativo. Es más, en lo general acepto como propios los aciertos y errores que me afectan, aunque no me corresponda su autoría.
Soy dado a hacer, no a intentar; de ahí que acumule tantas pruebas de vida. Pruebas que demuestran que las vidas de este ensoñador no han sido una sucesión de espejismos, sino que un encadenamiento de realidades.

En lo literario, he probado mi valía como articulista y como traductor. Me pagaron por ello, por lo que en ambos campos alcancé la “profesionalidad”. Y la adquirí pronto. Casi tan rápido como dejé ambos campos. Sentía que me faltaba libertad.

Tras once años, aún no he probado mi valía creativa como novelista. Y, objetivamente, me considero demasiado viejo para ser un fabulador novel. A este hecho, a este cúmulo de trabajos añejos –son diez las obras que llevo autoeditadas en Amazon–, se une la consciencia de que mi actitud creativa ha sido iterativa. Prueba simple de ello es este blog simplón, donde el repetitivo canto a mí mismo lo disimulo como “ninismo. Básicamente soy el que era cuando abrí «Ven y enloquece»: un enloquecido que pasa desapercibido salvo para cuatro gatos y cinco gatitas que tienen el buen gusto de frecuentar este tejado.

Mi vida personal ha sido más rica que la creativa, he ganado matices vitales. Me fastidia constatar que mi personalidad literaria no le ha sabido sacar provecho a toda una serie de experiencias que me han enriquecido como persona. En lugar de agilizarse, mi manera de escribir se volvió diletante. Cada dos por tres he acabado escribiendo sobre las seis mismas cosas: yo, mi, me, conmigo, de mí y sobre mí. Lo mío no ha sido un caso de esquizofrenia, sino un ejercicio de vanidad. Creía que al hablar de mi heterónimo, de mi personalidad literaria, me convertía en un escritor. Pero me convertí en un “ninotauro” que mora en un laberinto de palabras.
Para mi suerte, durante todo este tiempo no han faltado personas que me han trasmitido su aprecio como creador. Por fortuna, sus actos y palabras siempre han impedido que mis miedos e inseguridades me recluyan por mucho tiempo en el autoaislamiento recurrente.
Quizá tenga que ver con que se acaba el verano, o que como buen virgo soy metódico. El caso es que llega un nuevo septiembre y me siento de nuevo con fuerzas para seguir la estela de mis sueños creativos. Me encuentro con ganas de mandar al “ninotauro” a su laberinto y de embeberme en tinta como antes hacía con el tinto. Me noto con ganas de salir –de nuevo– a tu encuentro, amable leyente.
Gracias por ser la estrella en mis noches oscuras.




When You Wish upon a Star es una canción escrita por Leigh Harline y Ned Washington en el año 1940 para la película de Disney Pinocho. La versión original estaba cantada por Cliff Edwards en el papel del personaje animado Pepito Grillo, y es escuchada en los créditos de apertura y en la escena final del film.



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