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martes, 27 de enero de 2015

Entremés de la tercera temporada de Hannibal



Lo reconozco, soy un “fan-nibal” de la teleserie Hannibal.  Devoro cada uno de sus episodios y los saboreo hasta relamerme de gusto. Ningún otro plato serializado sacia con tanto exquisito mi ávido apetito de ficción virulenta.



Los ocho meses de abstinencia forzada van a convertirse en doce, ya que la nueva temporada de Hannibal no se estrenará hasta la cercanía del verano.
Parece ser que la trama mantendrá sus perífrasis con la trama desarrollada por Thomas Harris para sus novelas; y que los guiños literarios se centrarán bastante en la obra El dragón rojo. Siento curiosidad por ver el acercamiento que hacen al personaje de Molly, la futura esposa de Will Graham.
Creo que la espera merecerá la pena y no nos encontraremos ante un plato de ideas recalentadas.

martes, 6 de enero de 2015

A penny dreadful fall in winter: past



La segunda teleserie que me ha atrapado últimamente es la primera temporada de la producción norteamericana Penny Dreadful, Ambientada en un Londres aún marcado por los crímenes de Jack el Destripador, los ocho episodios que configuran la trama nos muestran los esfuerzos de cinco antihéroes por derrotar a sus demonios interiores a la vez que se enfrentan a vampiros, no-muertos, aberraciones o l……..s.


Pese a lo escrito, no estamos ante una producción de aventuras, sino ante una serie de “terror psicológico” donde las mayores aberraciones las cometen los hombres y no los monstruos. La crudeza de algunas de sus escenas y lo escabroso de algunos planteamientos, hacen que ésta no sea una serie de consumo familiar ni para todos los gustos.

Penny Dreadful, impulsada por Sam Mendes y Pippa Harri, cuenta con la eficaz dirección de J. A. Bayona para sus dos primeros episodios; cada dos capítulos se produce un cambio de director, lo que permite acercarnos a la brillante trama escrita John Logan desde cuatro sensibilidades tan diferentes como lo son las personalidades de los personajes.


Una madre y su hija son desmembradas y algunos de sus órganos faltan al ser encontrados sus restos en un desapacible amanecer en el sur del Londres de 1891. Este es el arranque que precede a la configuración de una liga que combatirá con su oscuridad a fuerzas ancestrales del Mal. Combate en el que personajes sacados de las obras Drácula, Frankenstein, Las minas del Rey Salomón o El retrato de Dorian Grey actúan, a capricho del destino, como héroes o villanos.


A veces cautivadora, otras veces repulsiva, la interpretación de la siempre sugerente Eva Green como un ser pasional –en lo físico y en lo espiritual– rezuma talento: la manera en que interpreta a una joven católica que es a su vez heraldo del Infierno es endemoniadamente inteligente.




La cadena Showtime ha anunciado para este año 2015 el estreno de los diez episodios que componen la segunda temporada de Penny Dreadful. Aúllo cual hombre lobo ante su llegada.

viernes, 2 de enero de 2015

A penny dreadful fall in winter: present



Estas últimas semanas he visto dos series televisivas a las que os sugiero que deis una oportunidad en cuanto tengáis ocasión, eso sí me gustaría indicar que son series para un público adulto.

La primera de ellas es la segunda temporada de la producción británica The Fall. En sus seis episodios veremos ¿la conclusión? de la trama presentada en el ciclo anterior (estrenado en España bajo el título de La caza), cuyo final me había dejado presa del anhelo.
La historia está ambientada en el Belfast actual, ciudad aún carcomida por la brutalidad terrorista –que a día de hoy yace soterrada como armisticio político en una sociedad todavía en guerra– que desoló Irlanda del Norte. Aquí es enviada, desde la Policía Metropolitana de Londres, una superintendente cuyo cometido es detener a un depredador sexual que convierte en maniquíes grotescos a mujeres hermosas.



La interpretación de Gillian Anderson es embrujante. No fui seguidor de Expediente X, ni recuerdo ninguno de sus papeles fílmicas. Pero su actuación escabrosa en la miniserie ditirámbica The Crimson Petal and the White despertó mi curiosidad hacia ella. Curiosidad que se ha convertido en admiración por su actuación sinuosa en la teleserie norteamericana Hannibal, cuya tercera temporada espero con hambre.

Jamie Dornan, al que pronto veremos como protagonista de la adaptación cinematográfica de la novela Cincuenta sombras Grey, borda su inhibida interpretación del psicópata: contenido y totalmente alejado del exceso histriónico, el actor borda una interpretación basada en el cebo de su expresividad física y en el anzuelo de su tono de voz –aspecto que me temo que se diluirá, como lágrima en la lluvia, en la versión doblada–.
Para mi próximo posteo dejo la somera reflexión sobre la segunda serie en cuestión. No sin antes recordarte que, si aún no me has comprado un regalo, tu sonrisa sin prisa es el mejor presente para olvidar mi pasado.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Arrow; segunda temporada con segundas.

No hace una semana, sino dos, que la segunda temporada de Arrow ha llegado a su final secundario. Con este adjetivo no busco ser despectivo hacia la serie, sino descriptivo con su contenido.
Y es que un final que nos remite a un segundo principio para la historia y que nos viene con segundas sobre la forja del héroe, no deja de parecerme el fin más lógico para una segunda temporada en la que el protagonismo ha recaído en los personajes secundarios.



Y es que son éstos los que ocupan el primer plano de la trama, al decidir convertirse el otrora arquero aguerrido en un enfervorecido flechero de cupido, que busca consuelo en encadenar periodos de celo con mujeres que le hablan de quién fue o de lo que pudo haber sido. Nada queda de aquél vigilante que estaba atento a que nada se le pusiera por delante a la hora de detener a un tunante. Ahora, nuestro chico refrena sus modales y trata a los malosos como osos amorosos. Resultado: el flechero se va quedando desdibujado, mientras se lamenta de no ser el que fue, y hasta el lechero le quita protagonismo en la serie a la que da nombre pero no lumbre.

Y es que nuestro arquero está tan meditabundo que no se da cuenta de que se ha trasmutado a otro mundo. No al Ultramundo, pero sí al de los insuficientemente muertos. De hecho, los catorce primeros episodios de la serie son más bien una sucesión de tramas imposibles en las que personajes a los que se daba por muertos y enterrados, o al menos por desaparecidos trágicamente, reaparecen con la virulencia de las alergias primaverales y de las pasiones otoñales. Tras el episodio quince, espectacular y cañero como sólo lo puede ser un viaje en un crucero donde el amor busca engañar a la muerte, la trama coge peso y los guionistas echan el resto en los ocho episodios restantes.

Y es que junto con la consolidación de una amenaza opresiva para el gran amor del protagonista –su cuidad, Starling City–, se orquesta una gran tragedia en su entorno, que siguiendo los preceptos clásicos afectará a su familia. Eso sí para lograr esta convergencia entre amenazas en la sombra y tensiones familiares, la identidad secreta de nuestro justiciero enmascarado se convierte en un secreto a voces entre sus próximos y extraños.

Y es que el final de la serie nos habla de un nuevo principio, en el que mi fantasía imagina a Oliver Queen convertido en un nuevo James Bond, entregado a vivir y dejar morir en lugares tan sugerentes como el lejano Hong Kong. Un lugar de aromas fragantes y sabores apetitosos, donde estoy seguro de que el “connoisseur” Hannibal Lecter sería atrozmente venturoso.

martes, 20 de mayo de 2014

Sobre la segunda temporada de The Following.



La vida real no acostumbra a dar segundas oportunidades, mientras que la vida ficcionada las dilapida.
O al menos eso suele hacer la narración serializada, donde proyectos interesantes devienen en producciones interesadas al prolongarse su existencia no por pasión narrativa, sino por amor al dinero.


La recientemente finalizada segunda temporada de The Following, ha sido un nuevo ejemplo de decepción televisada. No sé si lamento el desperdicio de talento que hace la serie, o el derroche del tiempo que dediqué a su visionado.
No cuenta nada nuevo y lo bueno viejo se ha convertido en marchito, salvo la enloquecedora interpretación de un James Purefoy cada más más solo en un mundo de cuerdos que mimetizan a dementes.
Sin entrar en destripar tramas ni argumentos, la ficción fracasa al reproducir la realidad. Uno no puede creer, o no quiere hacerlo, en un mundo tan frío y hostil como el Nueva York en el que transcurre la mayor parte del argumento de esta temporada. Uno no puede creer que el asesinato salga tan barato cuando lo comete un policía, ni que un hombre enamorado acumule amoríos mientras se desvive por el amor perdido.

Sobre el “Mal” entendido como respuesta a la agresión sufrida en nombre del “Bien”, poco puedo decir más que la serie se estropea en su intento de no ser maniquea: pues eso de que los policías se conviertan en pistoleros y torturadores, en este país lo sufrimos con las siglas del GAL y sabemos que acaba convirtiendo en posible víctima a todo aquél que piensa diferente. Si borramos la diferencia entre el “Mal” y el “Bien” en nuestras ficciones, los monstruos campan a sus anchas en nuestras realidades.
Sorprende la crítica evidente que The Following hace a la Religión, al presentarla como refugio de fariseos y escuela de agresores. El problema es que la alternativa al Vacío, no puede ser La Nada; y en la serie no se nos plantea otra solución frente al vacío en que vivimos que el de no creer en nada, salvo en la ley del más fuerte.


Amistad, familia, instituciones… Toda relación e institución es presentada como fallida: los profesores educan a sus alumnos para matar, las madres a sus hijos para ejecutar y el amor es un mero refugio frente a la soledad. El Nihilismo estético es tan aburrido como desmotivante cuando su única función es destruir. El Arte es reflejo de Vida y algo debe de tener ésta de hermosa para que los protagonistas de The Following se aferren a ella.
Otra sorpresa es la vindicación de la mujer como agente activo de La Violencia. Mujeres bellas, inteligentes o resueltas; inseguras, traumatizadas o deslucidas, todas encuentran más fácil el recurso a la bala que a la palabra. Connie Nielsen encarnaba una variante sugerente frente a esta asexualización del canon sangriento. Pero su personaje es abandonado en una cuneta en pro de los arquetipos narrativos eternos.

No me culpo de mi debilidad ante los cantos de sirena creativos de The Folliwing; pero de cara a su continuación, me taponaré con cera los oídos y me ataré al mástil de ficciones firmes como Hannibal.
La semana que viene te escribiré desde la distancia sobre la segunda temporada de la teleserie Arrow.

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