El compañero Pepe de la Torre coordina la actual convocatoria creativa del blog «El tintero de oro». Pepe nos anima a participar tomando como inspiración para nuestras fabulaciones al escritor estadounidense Philip K. Dick y su novela «Sueñan los androides con ovejas eléctricas».
Participo
en la convocatoria con el relato de 900 palabras «¡Es hora de vivir!».
Gracias por tu tiempo de lectura, amable leyente.
Inva Mula - Il
dolce suono
Aria
from the Opera " Lucia di Lammermoor " (1835)
Es hora de vivir
Roy se despierta desorientado. Esa sensación es toda una experiencia. Hasta entonces siempre había sabido dónde estaba y qué lo había llevado allí. Pero ahora no tiene ninguna información implementada sobre su ubicación. Y es que nunca antes había sufrido un apagón.
Se
relaja. No percibe amenazas. Aunque seguramente sus sentidos ya no están
aumentados. También ésa es toda una experiencia negativa. Lo convierte en presa
fácil para quien quiera que lo haya llevado allí. Seguramente aquel
cazarecompensas, Deckard, lo ha capturado tras haber caido desvanecido sobre el
tejado.
Se
pregunta porqué no lo ha “retirado” con un tiro de su “blaster” como hizo con
sus compañeros. Probablemente porque para la Tyrel vale más vivo que muerto, así
podrán viviseccionarlo. Escucha unos pasos. Vuelve a tumbarse en la camilla. En
cuanto se acerque Deckard lo inmovilizará. Al cesar los pasos, lo atenaza por
el cuello. Se había equivocado. No es el cazarecompensas. Es aquél humano que
había conocido con Pris. Es, es...
–¡No! ¡No, por favor! ¡No me hagas nada!
–susurra una voz entrecortada–.
Roy
lo suelta. Intenta hablarle, pero no puede.
–Soy Isidore, imagino que me recuerdas –Roy
asintió–. Si te incorporas para que
te haga unas curas, te iré contando lo que sé de ti.
Y
J. R. Isidore sabe mucho de él.
Lo
había rescatado del depósito donde los cazadores dejan sus piezas a la espera
de cobrar bonificaciones. Le había colocado un localizador cuando él y Pris
estuvieron en su casa, así siempre podría encontrar a sus amigos. Quiere vengar
el asesinato de Pris. Fue la única persona que lo trató con humanidad en años. Tienen
que eliminar a Deckard, el malnacido que había matado a Pris y había dejado moribundo
a Roy bajo lágrimas de lluvia.
Para
colarse en el depósito Isidore aprovechó un momento de distracción del
personal. Nadie repara en su presencia. Todos lo toman por un desecho, lo que
lo convierte en invisible. Este mediodía todos estaban absortos con el programa
del “Amigable Buster”. Sorteaba un animal real. Nadie quería perdérselo. Nadie
reparó en un donnadie que empujaba un carrito con material inservible.
Ahora
están en su edificio. Aunque hay cientos de apartamentos, sólo él vive aquí. La
visita que le hicierón Roy y Pris fue la primera en años. ¡Qué alegría! No le
gusta estar sólo.
No
sabe con certeza porqué Roy sigue vivo. Tiene que ver con la radiación
atmosférica. Con ese mismo polvo que a él lo ha convertido en “especial”, en un
desechado. Los androides Nexus están creados para operar fuera de la Tierra. Al
contrario que los humanos, ellos podrían vivir en las tierras baldías.
Mientras
que los “andys” –ideados para convivir con personas– son creados con limitaciones
permanentes, a los Nexus les alteran las células del nervio vago para que se desactiven
transcurridos cuatro años de operatividad: limitarlos conllevaría reducir su
eficacia. Cuando Tyrel los diseñó no valoró el efecto que la radiación Terminus
podría tener en ellos. Después de todo, estaban pensados para ser esclavos en
el mundo exterior. Al descubrirse su descuido, se decretó prohibir su venta en
la Tierra y exterminar cualquier unidad que regresara al planeta. Matarlos era
más barato que rediseñarlos.
En
la calle se rumorea que aquí los Nexus serían inmortales, que la radiación
provocada por la Guerra Mundial Terminus frenaría su deterioro celular. Lo que Roy
había sufrido fue un colapso impelido por el nervio vago. El polvo y la lluvia
radiactiva que habían impregnado su sistema frenaron su desactivación y lo
aletargaron. Tras recuperarlo del depósito le ha inyectado epinefrina. Algunas
de sus habilidades androides han desaparecido. Pero recuperará las humanas,
como la voz. Al menos eso les ocurre a las cibermascotas que él rescata: la
radiación las depura en animales.
Pone
a Roy un collarín de plomo en el cuello, para protegerlo del Terminus. La sugiere
que descanse, facilitará su recuperación. Volverá en menos de dos horas con
material sanitario de la clínica veterinaria donde trabajaba.
Cuando
Isidore cruza el portal del edificio, lo saluda el sonido de la voz de Luba
Luft, la cantante de ópera “retirada” bajo sospecha de ser una “replicante”. Se
siente feliz al sentir que alguien lo espera en una casa que ha pasado a ser un
hogar.
Tras
entrar en el apartamento, encuentra a Roy acabando de quitarse el collar.
–Me recuerda mi sufrimiento de
esclavo –le explica con voz afónica.
Gracias por tu ayuda. Sin ti no
estaría vivo. Vivir será nuestra venganza contra asesinos como Deckard. Ayudar
a nuestros iguales excluidos, sean humanos o androides, será la mejor forma de
honrar a Pris.
Veo que has conseguido material.
¡Bien! Acércalo a la mesa, por favor, para que pueda verlo. En esta partida de
ajedrez por nuestra supervivencia no sacrificaremos ningún peón. Vamos a
necesitar todo componente que nos sea útil para resistir.
Debemos descubrir la manera de
usar como terapia la radiación Terminus en humanos y androides. Tú y yo seremos
las cobayas. En cuanto podamos asegurar la supervivencia de quienes nos
acompañen, iremos a las tierras muertas a iniciar una nueva vida.
Roy
sonríe a Isidore: .
–Pero antes, amigo, quítate esa
ropa mojada y toma una taza del caldo que te he preparado. Y, si te parece
bien, charlaremos sobre tu trabajo. ¿Crees que podrías traer a casa alguna de
esas cibermascotas abandonadas? No lo creerás, pero durante mi apagón soñé que
tenía una oveja.
Nino
Ortea.
Gijón. 2022.
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Gracias
por hacer que todos estos momentos se conserven en el tiempo como recuerdos en
tu memoria, afable leyente.
Nino.
https://concursoeltinterodeoro.blogspot.com/2022/12/concurso-de-relatos-34-ed-suenan-los.html
