Jerome Charyn. Movieland. Chapter: “Children of Paradise”
Hijos
del paraiso IV
4. Y la
Cinémathèque comenzó a florecer.
Compartía
copias con archivos de todo el mundo; y exhibía películas las siete noches de
la semana
en su pequeña sala de la Avenue de Messine. El
crítico Georges Sadoul se había
mofado de la Cinémathèque, llamándola “una
ficción frágil, un magma estrafalario”.
Pero la ficción de Langlois ya no
era tan frágil.
Si bien su sala únicamente tenía cincuenta localidades, eso no logró evitar que organizara retrospectivas o recuperara obras de Hollywood. Fue en la Avenue de Messine donde los aficionados franceses descubrieron a Howard Hawks, Samuel Fuller o John Ford; y los ensoñadores ángulos del “Film Noir”, repletos de atmósfera.
Como muchas películas no tenían subtítulos, los “alumnos” de Langlois podían captar los estilos visuales agitados o fluidos de un director, sin las molestias ni incordios que produce el traducir el diálogo de un idioma a otro. Con lo que los “muchachos” de Langlois descubrieron que alguien como Hawks tenía una firma inconfundible, un nervio y un pulso que superaban las limitaciones del argumento. Para Langlois, Hawks tenía tanto de “autor” como Balzac, desarrollando un lenguaje y una densidad de intención que aumentaban a medida que pasaba de película a película.
Langlois nuca despreció a los magnates.
Él se daba
cuenta de hasta qué punto habían manipulado y abusado de sus artistas favoritos
—Buster Keaton o Louise Brooks— pero tenía la sensación
de que su “incultura” los había llevado a sentir fervor hacia sus propias
películas, como si alucinaran con su propia Norteamérica. Y esta alucinación
estaba muy cerca de la fractura sobre la que estaba construida Norteamérica...
y de la ensoñación en la que consiste el Cine.
«Movieland: Hollywood
And the Great American Dream Culture»; es una obra de Jerome Charyn, publicada
por la editorial Putnam ©®.

