jueves, 15 de febrero de 2024

El fuego y la palabra

 

Elmer Gantry | Soundtrack Suite (André Previn)


Creo en el poder de la palabra. Considero que este bloc es una prueba de su efecto positivo. En bastantes aspectos, Ven y enloquece equivale a ese cuaderno en el que los psicólogos aconsejan a sus pacientes que escriban sus reflexiones.

Para muchos falsos modestos, el uso ajeno de la palabra propia más allá del monosílabo es un acto de soberbia. ”Lenguaraz”, “charlatán” o “verborréico” son algunos de los denotativos con los que los enmudecidos deshonran a quienes no callamos lo que sentimos. Es más, no faltan cantamañanas que nos denigran como “egocéntricos” por hablar de nosotros en nuestros blocs y no cantar a la nada, como hacen ellos en sus blogs. Y siempre estará esa legión de cobardes que usa el silencio para trasmitirte su desprecio, ya que porfían en que aquello que se omite deja de existir.

En mi tendencia a la prosopopeya os puedo asegurar que uno de los descubrimientos que conllevó trabajar de recepcionista de hotel, en un turno de noche perpetuo, fue entender la dureza de un régimen penitenciario de aislamiento. Hasta entonces, había pensado que de estar encarcelado, mejor tranquilo en una celda que compartiendo duchas con la gandaya. La soledad me llevó a llorar. Entendí al Steve McQueen que enloquecía cada vez que lo encerraban en aislamiento, acompañado por su guante y pelota de béisbol, en la película «La gran evasión».

Vale, ya sé que ese abatimiento me invadió porque era y soy un “pupas” –el que no los escuche no implica que no los oiga cuando me lo aseguran–. Así, a lo loco, este cuerdo recuerda que por entonces los iletrados me aseveraban que habrían aprovechado esas noches de vigilia para leer a Kierkegaard. Los vagos, para hacer algo productivo. Y los pusilánimes, para mantener su ánimo.

Van a cumplirse catorce años desde que dejé ese trabajo de aislamiento nocturno. Pese al tiempo pasado, de forma ocasional mi subconsciente me lleva a aquella recepción. Su penumbra se me metió en el alma. Y recobra forma a la luz de lo más inesperado, como puede ser el brillo de la pantalla del televisor mientras veo un episodio de una serie como «True Detective: Noche polar».

Creo en el poder curativo de la palabra. Aunque sea dicha/escrita a destiempo. En gran medida Ven y enloquece es un mantra de autoestima que enfoca y centra mi animo. Como lo hizo ahora mientras escribía esta introspección. Como lo hará luego cuando corresponda a tus comentarios atentos, amable leyente.

¡Fuego, camina con Nino!


Entradas populares

LibrElena - Blog de Nino y Nino Ortea.

El contenido literario de este blog está registrado en Safe Creative