¡Regalazo, en forma de relato, escrito por la ronroneante Flor!
http://elbauldemislibrosyjuguetes.blogspot.com/2019/01/donde-esta-minino-gatea.html
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Hay veces en las que no vemos cercana
una posibilidad de escape de una realidad macilenta.
Ocasiones en las que resulta difícil
mantener la confianza. Y más cuando en nuestro entorno personal el triunfo vital
se asocia a rendirse ante las imposiciones sociales. Imposiciones que reducen
el aliciente de vivir a sobrellevar una existencia ridícula. Existencia azuzada
por autoimposiciones como la de anhelar en que algún día substituirás tu ocultable
teléfono actual por un exhibible iPhone.
A los cuerdos de apatía social les
faltan ganas de conocerse y descubrir a los demás. A estos acordados con el
tedio impuesto, les sobra tiempo para descuidar a los discordes, para hacernos de
menos o intentar inocularnos sus miedos.
—¿Qué vejez te espera de seguir así,
Nino? Ya va siendo hora de que sientes la cabeza.
—Yo me tengo que levantar todos los
días para ir a trabajar, no como tú, vividor.
Muchas veces llevo oído que soy un
hombre sin ambiciones, pues no deseo un trabajo estable ni una vida acomodada. Tantas
como las veces que llevo afrontando sus desmerecimientos por mi carecer de su
nivel de su consumo económico.
—“Tanto
tienes, tanto vales”.
—“Chi non
lavora non fa l'amore”.
Se equivocan si creen que los
escucho. Se equivocan al prejuzgarme desde su adocenamiento. Mi vida no es
acomodada, pero si confortable; y tengo una gran ambición, la de ser feliz.
Valgo lo que importan mis actos. Y no necesito hacer amor, ya existe y
simplemente lo comparto.
Para vivir tenemos que sobrevivir a
los caprichos del destino que nos maneja cual marionetas. Eso es cuestión de
suerte vital. Pero también necesitamos determinación para atrevernos a ser
quienes sentimos que somos y no lo que se espera que seamos. Eso es cuestión de
rebeldía social.
Hay momentos, amable leyente, en los
que no vemos posibilidad de escape de las arenas movedizas de la Realidad. Pero
eso no quiere decir que no haya gente aquí fuera, en el éter de Internet, dispuesta
a tendernos su brazo para liberarnos de la apatía que nos irrealiza.
Una vez
más, gracias a todos los que confiáis en mí como escritor. Y, ante todo,
gracias a quienes me aprecias como persona: primero soy Nino; luego, Nino
Ortea.
El ánimo es algo que se puede
compartir. Seguro que al alcance de tu voz tienes a alguien víctima del desasosiego.
Ayúdalo.
Con el tiempo, sólo recordará a
quienes lo ayudaron y se habrá olvidado de los imperdonables que intentaron
arrinconarlo mientras lo señalaban y le gritaban:
—¡Vete y delira!
Con el tiempo, esa persona reconfortada
–a la que por su vivir diferente denostaban como “ido”– al encontrarse a un
igual le dirá:
—Ven y enloquece.
Tu sito está a nuestro lado, en un
callejón creativo donde liebres y tortugas correteamos a nuestro ritmo. No te
sientas un desheredado en las avenidas del pavoneo, date el lujo de ser tú
mismo en la travesía que va de la Realidad al Deseo.
Quiero
dedicarle este texto a Flor. Gracias
compañera por todo el afecto que me dedicas. Gracias por pasarte a mi lado y avivar
un fiestón en cada callejón.
¡Salud
y suerte, Flor! ¡Ojala tus deseos
confluyan en realidades!

