Ven y enloquece

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lunes, 16 de diciembre de 2013

El hilo de Ariadna I.



Quizá ahora que están dificultando el intercambio de archivos informáticos, ha llegado el momento de compartir confidencias. Aquí va una: Me gustaría ganarme la vida escribiendo




La musa de la inspiración puede ser gratuita, pero la “gusa” de la alimentación cuesta dinero. Y soy tan vulgar que necesito comer a diario, para así poder alimentar mis apetitos creativos.

No espero firmar un contrato millonario, ni figurar en la lista de los escritores más vendidos. Uno no crea por dinero, sino por necesidad. Aunque hay necesidades más perentorias que la de escribir.



Existen sociedades ágrafas que acumulan siglos de Historia. La historia de un creador famélico es de muy breve recorrido, pues éste acaba engañando su hambre creativa con un plato de lentejas laborales.



Volver a hacerme eco de este anhelo creativo y remunerativo, me lleva a reaventurarme por el laberinto de contradicciones que conlleva mi paseo por la vida; ya que defiendo mi autoría, pero no respeto la ajena.



Como no pago por acceder a Internet, me las arreglo para que otros compartan involuntariamente su señal. Gracias a que me tomo prestado lo que no se me ofrece, leo mi correo electrónico, busco empleo, ojeo webs y actualizo este blog. También descargo archivos.

Lo precario de mi acceso me impide liberar al acumulador que hay en mí. Aunque cada semana algún nuevo cómic, revista o contiendo audiovisual acaba incorporándose a mi botín electrónico. Todo ese material tiene autores que, como yo, esperan que su trabajo les reporte unos ingresos.



No presto atención a las realidades ajenas. Las paredes de mi laberinto me impiden ver lo que no quiero ver. Con cada piedra que me encuentro en mi camino personal voy construyendo mi muro defensivo:



Yo no quiero que cierren videoclubs ni editoriales. Yo no quiero que los escritores trabajen de escribanos. Yo sólo quiero aquello que se publicita y no puedo comprar. La culpa de mis sisas es de los especuladores culturales. ¡Ellos me obligan a hacerlo!


El hilo de Ariadna II.

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