«Inevitable» es un volumen
que agrupa y corrige el contenido de dos novelas breves que había publicado con
anterioridad: «Castigadoa vivir», y «Punished to Live».
Ambas obras cuentan
con autoediciones individualizadas; la agrupación actual sólo presenta como
novedad literaria unas pocas correcciones y subsanaciones de las faltas y
despistes presentes en las publicaciones previas. La edición de «Inevitable»
es un simple intento de estimular mi ánimo creativo. No la compres si ya cuentas con las novelizaciones previas.
Cada vez tengo más claro que esta nueva sociedad de
comunicación entre máquinas inteligentes nos está volviendo más tontos.
Ya sé que ése no es tu caso, amigo lector; pero sí que es
el mío y probablemente también el de muchos que te rodean –temo que sea el de
demasiados; por lo que tengo observado, en mis ratos de malsana envidia, en los
que espío a los demás acechando a que desatiendan su ayfón! y poder robárselo
–. Dame un segundo para acabar de apptualizar mi telefonino y sigo con mi
cuento, eso sí: ¡gracias por tu compañía!
Imagen tomada
de la web https://www.freepik.com/
Si un hambriento marcianito devoracerebros viniera a la
tierra en prospección de material nutritivo, estoy seguro de que desaconsejaría
la invasión de nuestro planeta, ante el riesgo de intoxicación alimentaria que
la ingestión de nuestros cerebros supondría para su pueblo.
Y es que donde quiera que nuestro visitante se detuviera,
vería alelados que, entre atontados y babeantes, no despegan sus ojos de unas
pantallas palmarias. Inmediatamente comprobaría cómo respondemos los entontecidos a las órdenes
sonoras e indicaciones visuales que emanan de esas pantallas: tocándolas con un
dedo, profiriendo sonidos guturales o quedándonos boquiabiertos.
‘Carnavalada’; lápiz y
acuarela sobre papel pintada por Evaristo
Valle (1924)
Es curioso, o al menos casual, que justo ahora que me
planteo qué hacer con los comentarios que acompañan a los textos que llevo
publicados en este blog y he importado a otro espacio, me esté enfrentando a
ver cómo mis glosas desaparecen como lágrimas en lluvia ajena. Mientras que en
unos aspectos de la vida ejerzo mi voluntad, en otros sufro los caprichos de un destino amargo con otros que no soy yo pero me hicieron sentir parte de ellos.
Lamento la desaparición de sitios web donde se me acogió
y trató con afecto y respeto.
Esos cierres me impulsan a mantenerme activo, cual Don
Carnal en su resistencia frente a Doña Cuaresma, en este febrero carnavalero.
¡Gracias por tu tiempo de lectura, amable leyente.
What’s been happening lately with the comments
I leave on certain... 'news stories'
in the digital edition of Asturias’s oldest newspaper is something straight out
of black magic—or white ink. My words vanish as if written in lemon juice,
instead of being the result of racking my brain.
At first, I didn’t think much of the selective
sleight of hand affecting my remarks; I chalked it up to my sketchy Internet connection
or the rush I’m usually in when I go online. But recently, I’ve noticed these
disappearing acts only happen in one specific spot: the section where the
digital paper advertises the 'pirate activities' of the hospitality guild
currently plundering my neighborhood’s streets.
In principle, seeing my words vanish is nothing
new, though it’s still painful that they don’t even get a chance to be read.
Everything is fleeting except for the January slump which, every year, seems to
last until December; and even more so in the unreality of the internet, where
our digital footprint is as ancient as a dinosaur's footprint.
Where do the echoes of our Netscape browsing,
our walks through Second Life, or our Messenger chats resonate today? Just as
in life we have to get rid of things that have turned into junk, it makes sense
that our obsolete ones and zeros simply dissolve into the ether of the Web.
En principio, lo de ver desaparecer mis palabras no es algo novedoso; aunque no por ello
deja de ser doloroso el que ni siquiera se lleguen a leer. Todo es efímero
–menos la cuesta de enero que, cada año, dura hasta diciembre- y más en la irrealidad de Internet, donde
nuestra huella digital es tan pretérita como las pisadas de un dinosaurio.
Ineskapable portada del disco "Missing Words", por The Selecter.
¿Dónde resuenan los ecos de nuestras navegaciones por Netscape, los paseos por
Second Life o las conversaciones por Messenger? Al igual que en nuestra vida
tenemos que deshacernos de objetos que ahora son trastos, encuentro lógico que
nuestros ceros y unos en desuso se diluyan en el éter de La Red.
Lo que me está pasando últimamente con los comentarios
que realizo en ciertas ¿noticias? de la edición digital del decano de la prensa
asturiana, es algo propio de magia negra o tinta blanca; pues mis palabras
desaparecen como escritas en zumo de limón en vez de tras estrujarme el melón.
En un principio, no le di importancia a la prestidigitación selectiva de
algunas de mis observaciones, pues la achaqué a la fragilidad y las prisas con
las que suelo acceder a Internet. Hace poco reparé en que estos actos de
birlibirloque sólo ocurrían en un bloque: en el centrado por el digital en
publicitar las actividades corsarias de la hermandad hostelera que asola las
calles de mi barrio.
Son varios los trabajos de ficción que fabulan sobre el
destino de los libros cuando ya no son leídos, el de los juguetes cuando caen
en desuso o el de los corazones descorazonados. En estas obras vemos el efecto
que ese desinterés tiene tanto sobre los objetos abandonados como sobre las
personas abandonadizas.
Este blog que estás visitando, amable leyente, fue más
que un juguete para este caballerete. Fue un elemento vital en mi asentamiento
personal, que me permitió sentirme apreciado cuando me temía arrinconado. Me permitió
salir de un rincón de autolamentos y ocupar el centro de un escenario –tan
ilusionante como ilusorio–, sobre el que compartí mi juego favorito: el de
fabularme ilusionista.
Pero, lo que no tengo de talentoso, lo excedo de
caprichoso. Y como al regio Favila, me devoró el oso de la apabila. Desde que
en julio de 2011 escribí que la “soledad era esto”, comencé a distanciarme de
este espacio y de sus venyenloquecedores lectores. El blog se convirtió en un
bloc; y, al igual que en mi época escolar, comencé a dejarlo olvidado y a
sentir que cada vez que lo abría era para realizar deberes pendientes.
Desde entonces, una serie desafortunada de trasuntos
vitales ha hecho rebrotar en mí el desencanto misántropo que me infecta desde
el día de Navidad de 1981. La situación en mi entorno personal y la que creo
presente en nuestra sociedad retroalimentan mi aislamiento: soy excéntrico de
nacimiento e inadaptado por supervivencia. Mis controversias personales, han
sido también creativas tanto con este espacio como con los ajenos (desde el
respeto, no leo ningún otro blog).
Pero siempre acabo volviendo a éste. Al que el autoengaño
me lleva a fabular como “mío”, cuando en realidad pertenece a Google.
Thieves In The Temple - It (Princelive@ Glam
Slam '92)
Llevo unos días más conversador de lo habitual. Charlo de
la vida con mis muertos. Admiro al difunto Prince Rogers Nelson,
nacido y muerto en el estado norteamericano de Minnesota. Nunca quiso vivir en
otro lugar, ya que "It's so cold, it keeps the bad people out"
(‘Es tan frío que mantiene fuera a las malas personas’).
Vuelve rápido, Prince, los malos se han
colado en tu tempo. Los asesinos del ICE tienen nuestro corazón helado.