From lurid pranks and late-night drives, to why playing in the
Revolution was like joining the marines – Prince’s friends and collaborators
recount their memories of one of the music world’s most majestic and mercurial
performers (...).
To read Dave Simpson’s article on ‘The Guardian’, just press on this link
Until
recently, my heart was a three-ring circus, where emotional somersaults
alternated with blind shots at the bullseye of love and laughter; shots which I
used to mask my disillusionment.
Until
just a few months ago, I was determined to outpace time to avoid my growing
old. While riding the train of excess, I conmuted the stations of wild nights
and black-out days. I pushed my body and mind to such a breaking point that I
now teeter on the brink of nothingness.
I felt
superior to others: smarter, more resourceful, better…
To
disguise my mistakes, failures, or disappointments, I resorted to the persona
of the damned, the misunderstood, the scorned, the victim… I complained that my
friends or relatives bored me, made me overwhelmed by their presence.
I
accepted being seen as a bohemian –the different one or the odd one– out to
disguise my fear of being identified with a monster. I came to understand other
people's rejection as a sign of their envy; so I fueled it with feigned
indifference.
I
enjoyed watching how those who didn't respect me, feared me.
Just as
I accumulate books or films I'll never approach, I've piled up relationships. I
treated people like volumes you place on a shelf and trust they will always be
there, where you’ve left them, waiting for you to bless them with your
attention.
My
eternal flight forward and my feigned existential angst were sustained by a
constant stream of plans to improve upon what was lost: people to meet, books
to read, excesses to discover… If something hurt me, I complained until I got
sick of it, which fueled my resentment. I returned to my petty vices. Other
people's decisions were like winter's attacks against the spring of my spirit.
As of today, Spring has returned. I welcome it
with enthusiasm.
Son varios los trabajos de ficción que fabulan sobre el
destino de los libros cuando ya no son leídos, el de los juguetes cuando caen
en desuso o el de los corazones descorazonados. En estas obras vemos el efecto
que ese desinterés tiene tanto sobre los objetos abandonados como sobre las
personas abandonadizas.
Este blog que estás visitando, amable leyente, fue más
que un juguete para este caballerete. Fue un elemento vital en mi asentamiento
personal, que me permitió sentirme apreciado cuando me temía arrinconado. Me permitió
salir de un rincón de autolamentos y ocupar el centro de un escenario –tan
ilusionante como ilusorio–, sobre el que compartí mi juego favorito: el de
fabularme ilusionista.
Pero, lo que no tengo de talentoso, lo excedo de
caprichoso. Y como al regio Favila, me devoró el oso de la apabila. Desde que
en julio de 2011 escribí que la “soledad era esto”, comencé a distanciarme de
este espacio y de sus venyenloquecedores lectores. El blog se convirtió en un
bloc; y, al igual que en mi época escolar, comencé a dejarlo olvidado y a
sentir que cada vez que lo abría era para realizar deberes pendientes.
Desde entonces, una serie desafortunada de trasuntos
vitales ha hecho rebrotar en mí el desencanto misántropo que me infecta desde
el día de Navidad de 1981. La situación en mi entorno personal y la que creo
presente en nuestra sociedad retroalimentan mi aislamiento: soy excéntrico de
nacimiento e inadaptado por supervivencia. Mis controversias personales, han
sido también creativas tanto con este espacio como con los ajenos (desde el
respeto, no leo ningún otro blog).
Pero siempre acabo volviendo a éste. Al que el autoengaño
me lleva a fabular como “mío”, cuando en realidad pertenece a Google.
Thieves In The Temple - It (Princelive@ Glam
Slam '92)
Llevo unos días más conversador de lo habitual. Charlo de
la vida con mis muertos. Admiro al difunto Prince Rogers Nelson,
nacido y muerto en el estado norteamericano de Minnesota. Nunca quiso vivir en
otro lugar, ya que "It's so cold, it keeps the bad people out"
(‘Es tan frío que mantiene fuera a las malas personas’).
Vuelve rápido, Prince, los malos se han
colado en tu tempo. Los asesinos del ICE tienen nuestro corazón helado.
Hay puertas que conviene cerrar y llaves que conviene
tirar. En caso de necesidad siempre podemos recurrir a un amigo para que actúe
de cerrajero de nuestra autoestima.
De
un tiempo a esta parte me he vuelto crédulo ante las casualidades del Destino.
De hecho, me definiría como “fatalista”: no por rendición ante lo irremediable
del Destino, sino que por entrega a sus caprichos.
Hubo
un tiempo en que me gustaba comprobar mi capacidad de resistencia, en que veía
las pausas como un abandono y el descanso como una rendición. Imagino que la
sensación de Libertad que desde siempre me acompaña al estar activo hacía que
por entonces temiera el que de pararme me alcanzaría un Destino que me
aprisionara.
Ahora
que convivo con la realidad de mis temores, descanso tranquilo.
Prince
- Baby, I'm A Star (Extended Remaster 2020)
Escribo
constantemente, textos inconexos en su mayoría. Incluso cuando trabajo de
teleoperador garabateo en los papeles, luego en casa me paso un buen rato
intentando entender el sentido de lo que escribí. Últimamente escribo muchas
descripciones, de lugares o personas imaginarias. Cada vez me gusta más observar
sin atención al detalle, sino a las sensaciones.
La
descubrí en el primer concicerto al que asistí de Prínce, en Londres, 1987, en una
actuación dentro de la gira ‘Sign o' the Times’. Concierto
inolvidable e insuperable.
Estos
son dos videos donde Cat Glover aparece
desplegando su arte como bailarina, actriz y cantante.
Prince Hot Thing Live In Concert 1987
Prince - Alphabet St. (Lovesexy Tour, Live in Dortmund, 1988)
Ver
minuto 2:50 para escucharla rapear: “Talk
to me lover, come on tell me what you taste. Didn’t your mama tell you life is
too good to waste?”
Prince - Sometimes
It Snows In April (Live At Webster Hall - April 20, 2004)
Hoy domingo el día ha
amanecido frío y ventoso. Tú aún duermes, Frambuesa, así que nadie me hace sentir que es
primavera.
Quizá la primavera se ha
pasado de moda, como las americanas con hombreras o las inglesas sin tatuajes.
Quizá la primavera se ha
pasado de largo; por lo que no debemos quedarnos cortos al venir a buscarla,
fuera de los escaparates y dentro de nuestros corazones.
Quizá la primavera se sintió
timada como una “prima” a nuestra vera, al sufrir que la usábamos para vestir a
la moda y que no la aprovechábamos para sentirnos cómodos en nuestra piel.
Junto a ti he comprendido que
cuando el desánimo deja de invernar en nuestro ánimo, Frambuesa, llega la primavera.
El deshielo comienza si permitimos que nuestro sentir se temple con esperanza,
si dejamos que brote el fruto del afecto sobre una cotidianidad escarchada por
la desconfianza. Tal y como canta Prince, a veces nieva en abril, aun así es primavera. A
veces la vida no nos da lo que esperamos, aun así es vida.
Yo, que soy otoño, me siento
primavera al pensar en ti.
Afuera llueve y sopla el
viento, en mí no hay lágrimas y el aire templa mis pulmones.
Allí, puede que aun anide el
invierno; pero aquí es primavera: está dormida a tu lado. Tú encarnas el entretiempo
que disfruta mi ánimo. Tú, Frambuesa, me ayudas a encontrar la razón para
las nieves de abril.
En memoria de Prince Rogers Nelson, fallecido hoy hace 8 años a causa de
una sobredosis de fentanilo.
Prince - Cream
(Live At Webster Hall - April 20, 2004)
Hola, Demiurgo:
Gran relato del que destaco su final esperanzador (la vida se impone a
la muerte, el arte nos hace inmortales). Imagino que a medida que envejezco me
vuelvo más iluso.
¿Así que Attaque 77 nos explican en hispánico el porqué Lily se fue que
los Quién cantaron en británico?
Hoy, quizá por la hora que nos han robado, estoy un poco más atolondrado
de la habitual (ya ves que se me había pasado comentarte cuando publicaste este
texto, para lo que no tengo otro pretexto que mi atolondramiento).
Bueno, a ver si me explico sin darle mucho al pico.
Hasta hace poco, aunque lo de medir el tiempo es algo loco diría que
hasta hace unos 6 años, cuando escuchaba la palabra “resiliencia” pensaba en la
disciplinada película de Chicho Ibáñez Serrador «La Residencia». Inculto que es
uno,
Hasta hace unos minutos, cuando te he leído la palabra “Kintsugi”
pensaba que te referías a un hijo ilegítimo de Quincón. Peliculero que es uno.
Lo bueno de frecuentar compañías estimulantes como la tuya es que
disfrutas a la par que aprendes (sin preguntarte para qué aprendes lo que no te
interesa, sino que disfrutando al comprender lo mucho que te queda por
aprender).
Me alegra que tu resilencia anímica y tu resistencia física jueguen a la
par. A mí me dan un pelotazo de esos y me desmayo (me gusta dormir y soy
perezoso, por lo que aprovecho cualquier ocasión para dormir la realidad y
despertar el deseo).
Bueno, voy a acabar de preparar la comida. Que tal y como habrás
deducido por mi comentario deslucido, estoy falto de calcio, fósforo y
resilencia. El próximo més, prepararé un plato japonés.
Mis
mejores deseos para Костан. Toda mi felicidad para sus padres, Юрій y Влад,
para ti y los tuyos, querida amiga.
Gracias
por este regalo de esperanzapascual, de
renacimiento, de fe en vida.
Hoy
me he levantado más descreído de lo habitual, no por falta de sueño sino de
ilusión. Llevo unos días sintiéndome viejo –o quizá reconociéndome en mi edad
cronológica–. Aumenta en mí el desencanto.
Te
leo y nos hablas de renacer, de esplendor y esperanza.
Gracias
por tu regalo, Clarisa.
¡Gloria a Ucrania! ¡Gloria a los héroes! ¡Gloria a Костан!
Gracias por compartir este texto, en el que encuentro una gran carga
lírica y cromática. La adjetivación es muy acertada y la graduación descriptiva
del monólogo se beneficia de ello.
Tuve la suerte de asistir a sendos conciertos (ninguno de ellos en
Barcelona) en las dos Giras españolas de Prince que mencionas. En 1990 lo vi en
Madrid; en 1993, en mi ciudad natal, Gijón.
La publicación del álbum “Come” coincidió con una época opaca de Prince
–en guerra con su discográfica WEA (de la que era cargo directivo)–, con su
heterónimo –por entonces prefería usar un símbolo para identificarse, aunque su
contrato lo obligaba a comercializarse como “Prince”– y con la industria del
entretenimiento en general –por la que se sentía esclavizado–. Todo esto se
tradujo en que “Come” no contó con videoclips promocionales en los que Prince
pudiera reflejar su fascinación por la obra de Gaudí.
Ojalá Ortega y Gasset y Maquiavelo fueran los únicos cuyas palabras o
actos se sacan de contexto o se inmortalizan en calco infiel. Por desgracia esa
reverberación intencionadamente falsa la hemos sufrido (casi) todos.
Respecto al filtrado que la atención sanitaria pública practicó a
nuestros mayores durante la pandemia, te voy a contar lo que nosotros hemos
sufrido. Nuestro padre era un enfermo octogenario grave. Durante el
confinamiento sufrió dos crisis graves que conllevaron su ingreso hospitalario.
Vivimos en Asturias, comunidad gobernada entonces y ahora por el PSOE. A la
hora de procesar mis llamadas al 112, el operador del servicio de emergencias
siempre e preguntó la edad del paciente en crisis e intentó derivarme a servicios
ambulatorios. Tras insistir y recalcar la situación crítica y la condición
crónica del enfermo, logré que enviaran personal de emergencias. Personal que
siempre fue exquisito en su trato humano. Siempre me pregunté qué habría
ocurrido si esas llamadas no la hubiera hecho yo en mis circunstancias –una
persona terca y firme en sus demandas, un trabajador con años de experiencia
como teleoperador en la gestión de llamadas telefónicas–.
La gestión política de todas las medidas implementadas para combatir la
pandemia y nuestro comportamiento social e individual provocaron en mí un
desencanto del que no he sido capaz de salir.
¿Y ahora qué, nos preguntas? Permíteme aconsejarte que ahora lo disfrutes,
dado que el proceso de escritura y corrección te habrá alejado de tus seres
queridos durante estos últimos siete años.
Hace aproximadamente un año me brindasteis en “El tintero de oro” la
oportunidad de reflexionar sobre mi experiencia en la autoedición. Nada puedo
añadir a lo que escribí entonces.
Tu novela ha dejado de ser un proyecto y es una realidad. En el momento
en el que la compartas cobrará vida propia, bastará un lector para reescribir su
destino.
Te deseo el mejor de los destinos en lo personal y en lo creativo.
Aunque no fuese cómodo que la mujer felina desplegara sus garras, pienso
que debió de ser todo un espectáculo. Como espectacular te ha quedado este relato.
Gran relato el que nos regalas, compañero. Ahí
están las referencias profundas a la Lovecraft y la inclusión impoluta del
párrafo estipulado; pero ante todo están tu imaginación monstruosa y tu
narrativa sobrenatural para crear y sustentar una historia que nos hace olvidad
que toda referencia o inclusión existiera.
Creo que tu autoría está en el segundo relato (la
versión B): aprecio en él un recurso al humor y unos registros gramáticos- lingüísticos
que presumo humanos.
La inteligencia artificial (su uso abusivo, su imposición
excluyente, su…) me provoca aprensión. Este verano me documenté de cara a
escribir una novela breve de anticipación. Use textos divulgativos destinados a
lectores profanos en Ciencia y Tecnología. Lo que leí me inquietó. Al
contrastar mis apuntes lectores con la experiencia de cómo las instituciones
públicas han impuesto el uso tecnológico, me asusté. Abandoné el proyecto y
desde entonces he ido limitando aún más mis aportes personales a la amalgama de
Internet (no cuelgo locuciones en YouTube, no colaboro en Wikipedia, no
participo en convocatorias creativas como las del “Tintero…”).
No he curioseado en servicios de IA. Temo que la
curiosidad mataría la penúltima vida inocente de este gato. Tampoco he leído
con curiosidad atenta estos dos textos que nos ofreces. Al no saber cuál era el
artificial, he ojeado ambos con igual distanciamiento personal.
Gracias “beaucoup” por este alegrón que supone el
poder volver a leerte. Estas notas al pie con las que cierras tus entradas son
siempre una apertura a la conversación distendida sobre temas serios. Y aquí
continúo nuestra charla, no sin empezar por desearos felicidad tranquila a ti y
a los tuyos.
Te/nos preguntas dónde está la felicidad que todo
recién nacido merece. Pienso que está en permitirle mantener la inocencia
infantil y respetar su tránsito al autoengaño adulto. El autoengaño, ese
recurso a ilusionarnos con lo sencillo en lo ordinario –como leer a una amiga a
su blog– y permitir que esa ilusión nos haga desdibujar nuestros desencantos
diarios, es un recurso imprescindible para mantener la locura de la ilusión en
estos tiempos de cordura demencial. Es un recurso insustituible para capacitar
que la república de la esperanza obre milagros luminosos en noches donde reinan
el frío y la oscuridad.
Compartir esa ilusión, convertir en ilusionante lo
que los pragmáticos tachan de iluso –“menuda tontería eso de perder el tiempo
compartiendo en tu blog textos que nadie paga por leer”– es otra manera de
aportar felicidad a tu entorno.
Eres gran escritora y mejor persona. No tiene
sentido negarlo; pero tiene menos sentido obligarte a regalar buen ánimo cuando
lo que tu ánimo te pide es regalarte bueba calma. El cuidado, el amor, el
aprecio… todo lo bueno empieza por uno mismo. No puedes exigir paz si la
demandas desde la violencia; no puedes amar a los niños, si has proscrito a la
niña que hay en ti: esa niña que disfruta jugando con las palabras y con su
capacidad adulta para conjugarlas junto a otros. Mientras te escribo, amiga,
creo que quizá la mayor felicidad la da el poder intracomunicarnos, el que
nuestro corazón y nuestro espíritu hablen el mismo idioma.
No siempre será invierno, llegará la primavera.
Durante la espera, reconforta el no saberse solo en una soledad gélida.
Te felicito por la manera tan creativa con la que
has incorporado a tu relato esa frase de Asimov. Me parece muy acertada tu
decisión de desarrollar tu historia en una trama de competición ajedrecística:
recuerdo la expectación con la que se siguieron las partidas entre Kasparov y
la computadora “Deep Blue”, confrontación en la que muchos vieron una alegoría
del futuro de la humanidad.
Me gusta el cierre positivo que le das a tu relato,
asegurando “La mente vencerá a la máquina”.
La maravilla cobra vida en las mentes maravillosas,
al igual que la mezquindad amida en las mezquinas. Esa “maravilla” que me
otorgas está en tu forma de ser, no en mis palabras.
“De perdidos, ¡al río!”. Cuando te tratan como un
caso perdido, no te queda otra que arrojarte al río de la vida y nadar a
contracorriente. No es un acto de valor, sino de supervivencia, ni de
inteligencia; es puro instinto animal intentar remontar cual salmón las aguas
bravas de un río de la vida que intenta arrastrarte cual torrente. Lo perspicaz
sería dejarse llevar por la corriente, pero no me gustan las corrientes ni los
vulgares.
Gracias por darme a conocer esta editorial. Ahora
salgo a pasear aprovechando el sol de esta tarde de invierno. A la vuelta me
acercaré a una biblioteca, confío en que tendrán alguna de las obras publicadas
por Alrevés y así podré ver cómo editan. De entrada, me parece muy interesante
que en su catálogo tenga tanta presencia la autoría en español.
Un abrazo, David.
Hola de nuevo:
He sacado la novela “Herencias colaterales”, de Lluís
Llort. No sé si la has leído. Confío en empezarla este martes o miércoles. Ya
te contaré.
Te felicito y agradezco por la escritura y
publicación de este artículo. Su transversalidad es muy fluida, realizas una
analepsis grácil por casi un siglo de cultura, sociedad e historia
estadounidense (que, en cierto modo es la de muchos de nosotros, dado el papel
transcendental que han jugado los EE. UU. en nuestra cultura, sociedad e
historia). Y tu narrativa es fascinante: articulada en un recurso a referencias
que la mayoría conocemos y narrada con personalidad, con ese tono seriamente
distendido que te caracteriza. Leerte produce en mí una sensación de cercanía
(incluso cuando escribes sobre temas que hasta ese momento me eran lejanos).
Disculpa si me repito; pero, centrándonos en
Dashiell, "La maldición de los Dain” (en edición de Biblioteca Básica
Salvat) es una de las primeras novelas que recuerdo haber empezado a leer; por
entonces no tenía ni idea de lo que era el género negro-criminal, creía que era
una historia parecida a las de Maigret, mi madre me dijo que ya la acabaría de
leer cuando fuera mayor. Pocos años después leí “Cosecha roja” en la colección
de quiosco de Club del Misterio Bruguera. Luego, ya con edad adulta y criterio
selectivo, fui leyendo la mayoría de las ficciones de Hammett. Recuerdo las
ganas con las que esperé la publicación de su “novela perdida” (Una mujer en la
oscuridad) y la decepción que resultó de su lectura.
Me ha resultado amena la lectura de tu afición
micológica. No es que me haya exaltado tanto como para lanzarme a su práctica,
pero sí que he disfrutando transfigurándote en las escenas que cuentas. Lo de
ir a por setas o comprarlas no es lo mío. ¿Y qué decirte del musgo?
Sinceramente, nunca había reparado en su importancia (sí en su peligro, por eso
de evitar pisarlo y resbalar).
Lo de ir al monte no es una práctica que me
atraiga. La naturaleza me gusta observarla desde la distancia. Incluso cuando
estoy en su frontera, me acerco a las zonas asfaltadas. Más allá de mi
proverbial torpeza que me convierte en frágil en entornos montañosos o
arbolados (digamos que de Tarzán me queda grande hasta el taparrabos), cuando
estoy cerca de un bosque o una montaña no siento “la llamada de lo salvaje”. Al
igual que cuando leo la carta de un menú me atraen la carne o el pescado, no
las setas o champiñones (que obsequio a quien sepa degustarlos). Vamos, que viendo
los documentales de “la 2” nunca soy uno.
Pero no puedo negar que mientras te leía me habría
apetecido compartir el paseo. Pero, mientras te escribo la magia del autoengaño
se ha desvanecido y la que sale a pasear es mi sinceridad urbana.
Gracias por informar sobre esta película. No tenía
noticia de su existencia; tras haberte leído, sobre todo tu valoración
personal, me han entrado ganas de verla. El hecho de que los personajes no sean
monolíticos, el que su narrativa presente muchos alicientes o la curiosidad por
ver cómo se enmarca esta historia dentro de una subtrama tan ¿manida? como la
de robos a bancos son alicientes para verla –y confió en que para disfrutarla–
en cuanto me sea posible.
Está bien eso de tener un puerto al que regresar,
dada nuestra condición de marineros en los mares del Destino. Está mejor el
estar dispuesto a convertirse en marinero en tierra, en esa Ítaca del “primer
beso del regreso”.
Me ha sorprendido tu apreciación de la diferencia a
la hora de mirar una pieza clásica o una arqueológica. Como simple observador
no varían mi mirada ni mi pensamiento ante ninguna de ellas (de ahí lo ajustado
del adjetivo “simple” para definirme).
Y respecto a intentar reproducirlas, mis
limitaciones gráficas hicieron de “dibujo” no una asignatura, sino una tortura.