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miércoles, 15 de abril de 2026

Cartas a una desconocida 04

 

Imagen: “Girl in the rain”, por Nadja Willems tomada de https://goodman-co.nl/photo/girl-in-the-rain/

 

Encantado con su cercanía:

        Créame, no se me ocurre compañía más revitalizante en la soledad del impersonal Internet.

            No hay nada que perdonar por mi parte, quizá sí por la suya: espero que entienda que mi recurso al “usted” no es una manera de marcar distancias, sino de mostrarle respeto.

           El gusto es mutuo; aunque en mi caso, mi natural cobarde hace que no me atreva a musitar si hoy es mañana o ahora es tarde.

              Pocas cosas hay más fascinantes y dignas de estudio que una vida regida por el libre albedrío; ya ve, yo soy todo orden y preceptos: soy los restos del naufragio de la parte consciente del inconsciente de Nino.

        ¿Pareja? ¡Ah, las mujeres! Son mi debilidad: acumulo seis divorcios y diez demandas de paternidad. Pero bueno, no me crea disoluto, no lo soy en absoluto: ¡soy un investigador de La Belleza! Por eso salgo poco, pues cada vez que lo hago es raro que no vuelva enamorado.

            Día gris y húmedo de despertares perezosos. Aprovecho para salir a la calle antes de que las aceras se llenen de belleza.

                                        Siempre suyo.


lunes, 5 de mayo de 2025

Cartas a una desconocida 03

 


Ayer pasé la tarde mirando por la ventana, por si el viento te acercaba, tal y como temías entre risas. Incluso había limpiado los cristales; pero entre las muchas cosas que ayer no pasaron, una de ellas fue tu visita aventada.

Hoy, tanto tú como el temporal ya os habéis ido: y yo, aquí resoplando de ganas de ventilar tu ausencia.

Esta noche hay lluvia de estrellas, a ver si con suerte nos aventuramos en ella.

jueves, 3 de agosto de 2017

Siempre nos quedará París



Ahora que he acabado de escribir mi novela parisina, no me apetece desvirtuarla, quitarle esas imperfecciones y amaneramientos de los que tanto disfruto al leerme.


Quizá el mío sea definitivamente un caso clínico, pero –como Nino– no quiero aplicarle mi cordura al escribir enloquecido de Nino Ortea. Él fabula desde siempre, y yo me niego desde ahora a censurar sus textos de acuerdo con unas normas que sólo considero válidas para escribanos públicos: y lo que él “ninea” no son escrituras de propiedad, sino fantasías a compartir. La fuerza del escribir “ninorteano” no está en su habilidad para imaginar historias fantásticas, sino en su capricho expresionista. No es lo que cuenta, es cómo lo cuenta lo que hace de su hablar o escribir una voz diferenciada, que no acertada. Pues si mi heterónimo escritor fuera un “acertador”, hace tiempo que él sería millonario en ilusiones y yo en dinero de las apuestas.


Al igual que mi personaje de Nino Ortea, no busco ser una persona normal, lo que ambiciono es ser un hombre feliz. Y aunque soy feliz cuando él escribe, lo soy más cuando lo leo y mi mente reescribe lo que él cuenta. Desconozco si mi deducción es deductiva o inductiva, pero si en mi vivir soy incorregible, encuentro lógico no corregir su escribir. Así que, de momento, su novela afrancesada se queda sin abril, a espera de yo que discurra cómo aprovechar el texto sin escurrirlo de su esencia “ninorteana”.


Imagen de la película "Casablanca"

Siempre nos quedará París, mon cherie, para volver a callejear por sus ruelles cuando mis ademanes no vayan de gris y tu ilusión vista de azul, Sidonie.

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