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miércoles, 15 de abril de 2026

Cartas a una desconocida 04

 

Imagen: Girl in the rain”, por Nadja Willems tomada de https://goodman-co.nl/photo/girl-in-the-rain/

 

Encantado con su cercanía:

        Créame, no se me ocurre compañía más revitalizante en la soledad del impersonal Internet.

            No hay nada que perdonar por mi parte, quizá sí por la suya: espero que entienda que mi recurso al “usted” no es una manera de marcar distancias, sino de mostrarle respeto.

           El gusto es mutuo; aunque en mi caso, mi natural cobarde hace que no me atreva a musitar si hoy es mañana o ahora es tarde.

              Pocas cosas hay más fascinantes y dignas de estudio que una vida regida por el libre albedrío; ya ve, yo soy todo orden y preceptos: soy los restos del naufragio de la parte consciente del inconsciente de Nino.

        ¿Pareja? ¡Ah, las mujeres! Son mi debilidad: acumulo seis divorcios y diez demandas de paternidad. Pero bueno, no me crea disoluto, no lo soy en absoluto: ¡soy un investigador de La Belleza! Por eso salgo poco, pues cada vez que lo hago es raro que no vuelva enamorado.

            Día gris y húmedo de despertares perezosos. Aprovecho para salir a la calle antes de que las aceras se llenen de belleza.

                                        Siempre suyo.


viernes, 10 de abril de 2026

Sueño con ser el móvil inmóvil que duerme a su lado

Edición sobre imagen tomada de https://www.shutterstock.com/es/photos

 

Hubo un tiempo en que deseé liderar movimientos “avant-garde”. Ahora... me conformaría con ser un teléfono “avant”, con el único móvil de aguardar para lograr escuchar su voz.

‘¿Pueden los androides soñar con ovejas eléctricas?’ se preguntaba Philip K. Dick; mi respuesta es: SÍ.

Este humanoide sueña con ser el móvil inmóvil que duerme a su lado, sonriente y acariciado por sus texteos en los que proclama su pasión.

Uno, que fue adicto a más cosas de las que admitiría sin sonrojarse, ya sólo tiene una pasión: la ilusión.

Gracias por tu vigilia lectora, amable leyente.

Vuelvo al sueño.

lunes, 5 de mayo de 2025

Cartas a una desconocida 03

 


Ayer pasé la tarde mirando por la ventana, por si el viento te acercaba, tal y como temías entre risas. Incluso había limpiado los cristales; pero entre las muchas cosas que ayer no pasaron, una de ellas fue tu visita aventada.

Hoy, tanto tú como el temporal ya os habéis ido: y yo, aquí resoplando de ganas de ventilar tu ausencia.

Esta noche hay lluvia de estrellas, a ver si con suerte nos aventuramos en ella.

miércoles, 16 de abril de 2025

Cartas a una desconocida 02

 

Fotografía tomada de ccfprosario.com.ar


En relación con lo que me comentabas ayer, no sé si tus palabras fueron nuevas, o ya me las habías repetido en aquellos tiempos en que me dedicaba a leerte entre líneas. El caso es que, al decirlas, acariciaste mi autoestima; pues me gustó saber de tu boca lo que ya en su momento me habías hecho sentir, pero que acabé creyendo que había sido fruto de mi imaginación.

El que después de lo pasado, aún te rías al recordar lo convivido y que lo digas sin reparo, me hace sentir que lo compartido fue sentido, no instintivo. Gracias por tu sinceridad, lo más fácil habría sido silenciarla. O usar el manido “tuvimos buenos momentos”. Gracias por considerarme diferente y no raro.

miércoles, 26 de marzo de 2025

Cartas a una desconocida 01

Curioso el que desplegáramos en un domingo de carnaval esa conversación sin máscaras. En la que no me dijiste nada de mi disfraz de friolero, pues sabes que fría sólo tengo la cartera. Por eso nunca la saco de paseo. Por cierto, se me olvidó decirte lo bien que te sienta esa dieta de mejillones al natural. Y que pocos vértigos son tan gratos como el de asomarse al balcón de tu sonrisa; o el de admirar la manera en que logras que los churros quieran llegar al cielo de tu boca, mientras que a mí se me arrojan todos al infierno del chocolate.

martes, 29 de mayo de 2018

Mis ideas llegan del azar, no de la reflexión


Tanto en la vida respirada como en la anhelada, las ideas me vienen de sopetón al corazón y de ahí se me suben a la cabeza.

Como de sopetón me vino una alegría que me dejó el corazón abombado y el rostro sonrojado —mi debilidad ante el aprecio se aprecia hasta en las tonalidades de mi piel—. No fue esta mañana, pero sí la otra tarde que me lleve esta alegría arrebatadora —te recuerdo, madrugadora aristogata, que en lo que va de semana no nos hemos despertado juntos, y ya sabes que los alegrones sólo me los da el estar contigo—.


Bueno, a lo que iba—que es pensar en ti y “colgarme en las alturas” como le ocurría al personaje cantado por Joan Manuel Serrat—. En esta tarde reciente me sentí creciente —digamos que un “quincón”— al ver cómo de sopetón recibía afecto de manera inesperada. Y eso que la persona afectuosa era repetidora en esas lides. Como temo que me estoy liando y te adivino afilando tus uñas, mi felina aristogata, mejor me centro.
Ocurrió que, a mitad de una clase, mi alumna con más clase volvía a pedirme que le dedicara un ejemplar que ella acababa de comprar de uno de mis libros—en este caso, de la antología recreativa «Mirador»—; selección que ella leerá a su libre elección: en pie, sentada o como le venga en gana.
Me sentí halagado por su renovada muestra de aprecio impagable; pues si sabe que escribo no es porque yo se lo haya dicho, sino que debido a que se interesó por saber sobre este bicho angloparlante.
Si ya todo interés lector es impagable, el que ese apego lo muestre una asturiana a la que cobro por sentarme a conversar con ella en inglés me hace sentir universalmente agradecido.

Ahora, racionalizo esa alegría y la convierto en palabras. De su generosidad brotó también la idea para esta enninación.
Agradecimiento que extiendo también a ti, amable leyente. Sin ti, sin vosotros, este blog sería de nadie.
Nino

Cuando estoy contigo, aristogata, soy tuyo.

mituNino.
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