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miércoles, 24 de enero de 2024

Sigo el camino de baldosas amarillas (Reprise)

Se acerca la noche. Confío en poder soñar. En mis sueños, vivo en la cara oculta de la Luna. Allí nadie me ve. Allí, libre de la gravedad del qué dirán, camino con pasos de gigante hacia el arcoíris.

A falta de corazón, tengo una caja de bombones. A Dorothy no le importa. Dice que el Mago de Oz me curará. Siempre que llegamos al camino de baldosas doradas, me coge de la mano y empezamos a cantar. We're off to see the Wizard, The Wonderful Wizard of Oz. …

We're Off To See The Wizard (The Wizard of Oz, 1939)

No entiendo lo que canto. En cuanto me jubile aprenderé inglés. Quizá entonces no sólo sienta júbilo cuando sueño. Casi puedo oír latir mi corazón enlatado al evocar a Dorothy. Por fortuna, cuando La Ciudad Esmeralda se muestra hermosa y cercana, y yo estoy cerca de la emoción, suena el despertador.

¡Salvado por la campana!

En una hora seré el rey de mi despacho, allí me aburriré con empacho. ¿Quién necesita usar su corazón palpitante teniéndolo en una caja radiante?

Y pensar que hubo un tiempo en que soñaba con pasar a recoger a Dorothy en mi caballo de cartón. Ahora la veo tan vulgar. Y pensar que hubo un tiempo en que se me paraba el corazón cuando la veía. Ahora…

Ahora estoy mejor sin corazón. El que tengo de lata no me delata.


miércoles, 24 de mayo de 2017

On a fait des trucs terribles avec toi




Mi querida Sidonie:

Respecto a lo de ayer,  hoy he comprendido que tienes razón: reconozco que me divierte el que me señale como “rareza” aquél cuya conducta gregaria me seca de la pereza.

Aunque al "trostélido" de ayer, no es que aparentara ignorarlo, ¡es que no lo vi! Estaba absorto admirándote, al igual que ahora soy feliz recordándote.
 
Claudia Cardinale et Jean-Paul Belmondo, 1961

Por suerte la misma vejez que me impide colarme con agilidad por el balcón de tu escote –y es que más que un sujetador deportivo, lo que vistes parece un cepo al furtivo– viene en mi ayuda: ya que entre mi presbicia y mi repulsión a lo vulgar, ni veo ni saludo al maldiciente aunque lo tenga enfrente.


Desconozco cómo me afectaría el que me enseñases a tolerar lo que ahora me avergüenza. Ya sabes, Sidonie, que cuando tú enseñas, lo que es raro es que no te preste toda mi atención.

Pero,  lo que sí que conozco es que, si estoy bajo el paraguas de tu sonrisa, no me miran por “raro”, sino que por afortunado.

Siempre tuyo.

Nino

domingo, 23 de abril de 2017

Monstruo asustadizo, débil ante tu hechizo



Me gusta observar a los demás en sus actividades públicas, y lo hago sin disimulo. Esta curiosidad indisimulada me ayuda a adaptar mi comportamiento al de mi entorno, a la vez que aviva mi imaginación, ya que suelo añadir escenas que anteceden o continúan aquella que me llamó la atención.

Me sorprende sobremanera la uniformidad social con la que asistimos a la escuela de la vida, me decepciona la manera en que nos desvirtuamos para poder acomodarnos en moldes despersonalizados, fundidos al patrón de datos estadísticos. El paisaje humano se vuelve monocromático salvo por pinceladas  chillonas de vulgaridad. Habitualmente, observo las mareas de mis conciudadanos al confluir en puertos de ocio, y se me asemejan a un mar muerto de sentimientos, cuyas aguas vitales sólo cobran vida al móvil de unos teléfonos a los que adjetivan con una inteligencia que desprecian para sí.

Los diferentes –los que, por ejemplo, en bares y en rompeolas no tenemos la mirada hundida en nuestras terminales celulares, sino que a flote del capricho de nuestras admiradas– provocamos el recelo entre quienes envidian nuestra falta de disimulo al admirar vidas en desarrollo y cuerpos en movimiento.
En esta época de artificiosidades y apariencias, el hacer algo natural con disfrute basta para convertirte en monstruo de feria. Llevo un rato sentado en un banco con mesa del Parque de los Pericones. Mientras escribo enninaciones, canturreo ocasionalmente alguna de las canciones que escucho en mi mp3. Cantar –aunque sea mal–, escribir –aunque sea con faltas–, son placeres naturales que deben asemejarse a actos antinatura a prejuicio de quienes me miran como si fuera un monstruo monstruoso con aliento de oso.
Si se acercaran a mí, comprobarían que este monstruo es un asustadizo, débil ante el hechizo de la vida.

Sin radio, pero con futuro, ahora es cuando canto…

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