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lunes, 27 de marzo de 2017

El cuart(ead)o poder




Frente a la actual pérdida de papeles por parte de la prensa diaria, los semanarios de sociedad han ido alcanzando más poder –que no prestigio– social. Muestra de ello es que los periódicos incluyen noticias del mundo del colorín en sus páginas coloreadas. Y muchos de ellos añaden en su popurrí de fin de semana, alguna publicación centrada en un mundo del corazón sin trasplantes pero con desplantes.

Las amistades entrañables regias y su repercusión internacional.

El poder de estas revistas cardiacas es tal que, aunque no quiten ni pongan reyes, ayudan a sus señores. Todo el colorín colorado que ha acompañado en las revistas de sociedad a la figura de Bárbara Rey y Marta Gayá durante los días finales de marzo, no deja de ser una clara muestra de lo mucho que los españoles preferimos las fábulas regias a las informaciones reales.
Curiosa sociedad la nuestra en la que, tras acostarse con el Príncipe Encantado, la Bella Durmiente ya no quiere ser princesa, sino que vivir para siempre del cuento.

Quienes no estéis al día de las sístoles y diástoles de las que hablo, quizá estiméis oportuno leer esta noticia.

Gracias por venir y enloquecer.

martes, 3 de junio de 2014

Tyrannosaurus rex.



Hasta ayer, había bromeado muchas veces con mi falso convencimiento de que el mayor republicano en España era el aún hoy rey. Ayer mi convencimiento se convirtió en certeza, al escuchar el discurso en el que hacía pública su decisión de seguir considerando el ejercicio de la jefatura del Estado como un asunto privado.


No sé si el monarca abdicante es un émulo de Rompetechos en eso de no ver de cerca, o está tan acostumbrado a otear la realidad de lejos que confunde lo que ve con lo que desea. Presentar a su hijo casi cincuentón como un joven renovador, es algo que oscila entre el desatino y una muestra de falta de tino a la hora de analizar lo que le rodea. Me lo temo dando la mano a la manguera de un extintor, en vez de a un dignatario; o disparándole a un elefante tras confundirlo con un mosquito.

No creo en una figura hereditaria del cargo de Jefe de Estado. Me parece algo tan primitivo como andar seduciendo a garrotazos. Es más, como tampoco creo estar viviendo en un clan troglodita en el que quien da primero, da dos veces, siempre me he cuestionado la ostentación vitalicia de cargos públicos, aunque esa vida se reduzca a la laboral y los encargados oficien de cargantes.
Hay veces en que parece no ya que estemos condenados en revivir la misma historia, sino que algunos quieren replicar la Prehistoria. Si en el Parque Jurásico fabulado por Michael Crichton un millonario recurría a la genética para recrear mundos perdidos, en el Trueque Jubilásico ideado por Borbón de Borbón otro millonario aduce a la genética para coronar conceptos obsoletos.

Cada vez más, nuestra sociedad se parece a la Paleolítica; y me deja de piedra comprobar cómo una minoría de neandertales intenta mangonear a una millonada de cromañones.
Nuestros desgobernantes no se enteran de que no estamos en la Edad de Piedra, sino en la Era de la Igualdad. Vivimos en una sociedad de semejantes, no de clanes. Reclamamos nuestro derecho a elegir quién, cómo y cuándo nos representa.
¡Tomos somos homo sapiens, aunque algunos se crean dinosaurios!




sábado, 14 de diciembre de 2013

Hombre come hombre.



No todos podemos hacer como el escritor Marcel Proust.

Insatisfecho con las circunstancias que lo rodeaban Proust decidió remodelarlas. Para ello no necesitó estremecer a sangre y fuego las calles. Para revolucionar el Mundo, le bastó con encerrarse en una sala acolchada y escribir la heptología À la recherche du temps perdu (En busca del tiempo perdido), obra en la que remodela la realidad con el cincel de los recuerdos. 
Está claro que pocos tienen el talento de Marcel Proust y contados son los que pueden permitirse eso de aislarse de manera acolchada del mundanal ruido, con lo que su medida nos resulta desmedida o inalcanzable.



Bien como escritores o como lectores, todos personalizamos nuestras vivencias; o dejamos que nos las particularicen. Y la mayoría participamos del anhelo de recuperar el tiempo perdido. Pero de ahí a la obsesión con retroceder en el calendario que les ha entrado a los mandamases de este país, queda una demasía. “Tempus fugit”, dice el aforismo latino, latinizado por los ladinos de los aforados y los forrados patrios en “Tempus lucrandi est”.

Llama la atención la desmemoria y desvergüenza con la que algunos políticos, relegados a la oposición, encabezan protestas sociales ocasionadas por sus políticas trileras. Aunque ellos se empeñan en endosárselas a quienes los han sucedido, hace apenas dos meses, en sus cargos y poltronas gubernamentales, a ellos se debe en parte–por acción u omisión– esta actual fractura social.



No dos meses, sino a casi 18 años atrás es donde nos retrotrae el actual Gobierno. Empeñado como está en presentar como garantías de sus logros futuros, sus “teóricos” éxitos del pasado.

Nuestros gestores son conscientes de que, tras la implantación de sus medidas económicas y laborales, serán más partido y menos populares; de ahí su revivir un tiempo refugiado en los calendarios. Nuestros gestores son inconscientes de que, al recordarlo, todos tenemos un pasado glorioso; al igual que, al añorarlo, todos los calvos describimos un cabello sedoso.



Por el cabello quiere arrastrarnos la Patronal a caballo pasado. Al herrado hace apenas un siglo, cuando el “paternalismo burgués” permitía a los empresarios descuidar, como hijos (abandonados), a sus empleados; en una estructura de prebendas y abusos similar a la que aún rige organizaciones tan rentables como “La Mafia”. Es preocupante el que estos prebostes acusen a los desempleados de aspirar a vivir de subsidios. Cree el urdangarín que todos calzan su calcetín, pues estos apandadores laborales deben sus beneficios a subvenciones, desgravaciones y aportaciones de dinero público a sus empresas privadas.


Dicen que el Arte es reflejo de la Vida. Quizá por eso ahora está en boga la ficción en la que el hombre se come al hombre.

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LibrElena - Blog de Nino y Nino Ortea.

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