Los Locos - Nubes de
tormenta- Directo, 1991 Gijón, plaza de Toros
Hola, Beauséant:
El uso de una postal implicaba dar un componente público a algo tan
privado como la comunicación personal; por ello siempre las escribía en clave,
usando palabras que fueran muy nuestras, para así evitar explicitar lo
implícito ante lectores no deseados.
Los barrios dejan de sentirse propios cuando de ellos se apropian los
malos recuerdos, de ahí que para volver a sentir tuyas esas calles en las que
caminaste a la vida la mejor opción es pavimentarlas con buenas acciones como
recuperar un hogar para que dé servicio a quienes lo necesiten.
Gracias por esta reseña, no conocía a la autora, tras leerte intentaré
conseguir esta novela o, al menos, cualquier otra obra de ella. Pese a que nos
adviertes sobre la posibilidad de que ciertos elementos, como el ‘giro
sorprendente’ pueden haber perdido efectividad, por lo que compartes es una
obra sólida en el relato y ágil en sus diálogos, así que confío en que me
resultará interesante.
Me ha llamado la atención el cuidado que le prestas a la confección de
las reseñas, con una habitual lectura doble de las obras.
Terror, pánico, miedo… Eso sentiría si dejara de leerte (el que no lo
haga con asiduidad no conlleva que no lo haga con intensidad).
Miedo sentí al ver este título y no entender nada. Temí que habría
aumentado el desneuronamiento que te menciono en la respuesta a tu comentario.
Pese a ser asturiano tengo poco de gallego, más bien no tengo “nada” (carencia
acorde con el apodo de “Nadie” por el que últimamente me llaman todos). El
miedo inicial dio paso a la curiosidad al ir leyéndote y, cual Garbanzito, he vencido
el miedo al silencio cantándo a los cuatro vientos lo que disfruto leyéndote.
Llegará un momento en el que el resto será silencio. Hasta entonces,
peonces.
Aunque te sorprenda, soy de natural asustadizo: la vulgaridad y el mal
aliento me resultan de lo más espantadizo.
Como bien sabes, el dicho asegura “gallegos y asturianos, primos
hermanos”. Pero, este bicho te atestigua que no siento cercanía hacia Galicia.
La veo como una sociedad recelosa, como ese vecino que te mira por encima del
hombro cuando tu subes a casa por la escalera y él lo hace usando el ascensor
comunitario. Además me enfada su expansionismo: la forma en que se ha apoderado
del occidente asturiano me lleva a evitar en lo que puedo consumir productos
gallegos.
Respecto al uso de “Nadie” para invocarme, tiene una explicación
cinematográfica: he visto recientemente la película “The Return”, en la que
Umberto Pasolini ficciona la vuelta de Odiseo (Nadie) a Ítaca.
Mi especialidad es la de ser feliz junto a quienes me hacéis sentir
felicidad.
No hay mejor nave que una persona en la que confíes.
¡Feliz travesía, MARÍA!
Hola, Clarisa:
Confío en que estéis bien, en que esta realidad ingrata no mate tu deseo
ilusionante de una vida en paz para todos. Esa alegría a la que eres fiel,
resulta en esperanza para quienes te fidelizamos.
Quizá, dado el tiempo pasado desde que compartiste este texto, el
presagio se haya incumplido y el árbol siga blanco.
Y es cierto que ‘Mara Laira’ es tu musa creadora y nuestra incitación
lectora.
Respecto a la certeza de lo que parece irreal, basta con leer las
noticias para ver que a la nación agredida se le presenta como agresora, o que
la culpa del engañado está en su candidez, no en la malicia del malhechor.
De todos estos ataques que recibe Rowling por expresar mi opinión, los
que más me entristecen son los que le dirigen sus otrora lectores. Si ellos son
incapaces de respetar la libertad de expresión de una autora a la que
admiraron, ¿cómo vamos a esperar que esos intransigentes nos permitan
expresarnos o vivir en libertad a quienes somos personas sin más dones que la
conciencia de nuestra libertad y el respeto por la ajena?
La lectura de tu texto me ha llevado a la niñez, a las páginas de unos
“Trueno Color” donde ‘el capitán’ y sus amigos se enfrentaban a unos malvados
que navegaban con un barco sobre el desierto.
La arena es una superficie que asocio a la libertad, asociación que me
vuelve a llevar a la infancia y a las largas jornadas de playa durante las que
se me concedían libertades efímeras que no disfrutaba sobre el asfalto.
Han sido dos las veces en las que he intentado hacer surf y he logrado
hacer el ridículo. Eso sí, fue sobre el agua, no en la arena.
Desconozco si este adjetivo sirve de etiqueta a algún tipo de movimiento
artístico o filosófico, pero es uno de los que me adjetivan. Entre mis
múltiples contradicciones está la de ser ‘romántico’ sin practicar el
romanticismo. A mi tendencia al desapego emocional, se une mi carácter
individualista; por lo que en lo afectivo soy dado a la pasión, no al romance.
Pero, es justo ese individualismo, junto con mi desapetencia por la normalidad,
mi debilidad ante lo imperfecto, o mi alineamiento con lo diferente lo que hace
que el Romanticismo sea un movimiento cultural que me atrae.
A estas alturas de mis lecturas de tus textos, aún conservan la
capacidad para sorprenderme. Y este relato no ha sido excepción, ya que su
narrativa lineal y su ambientación cotidiana me han sorprendido. Leerte es tan
ameno como pasear en la mejor de las compañías por un parque cuidado.
Gracias por tu generosidad al compartir una nueva entrega de tu novela.
Aquí me quedo, endemoniadamente intrigado, a la espera de leer la continuación
de la historia.
Es tan inevitable preguntarse por la existencia de un mañana que sabemos
que nunca llegará, como el preocuparse por personas cuyo rumbo no es el de
acompañarnos en nuestro camino. Es también inevitable que el silencio aumente
esas preguntas y preocupaciones.
Por eso de ser políticamente incorrecto, voy a empezar llevándote la
contraria:
Para paisaje impresionante el que me regala mi lunática vecina
exhibicionista, que con este frío busca de forma generosa subirnos la
temperatura a todos sus impresionables admirantes.
Y es que, con toda la belleza que engalana nuestras calles, balcones y
salones, ¿a qué impresionable, con los pies en la tierra, se le ocurre mirar el
cielo? ¿Y más, hacerlo de noche? La noche está para otro degustar a troche y
moche de la belleza humana, no la lunariana.
Respecto a tu reportaje gráfico, la primera foto me recuerda a mis
exsuegros, muy arbóreos ellos. Que porfiaban en que amanecería el día en que me
diera por empezar a trabajar y dejase de soñar.
Antes de que me desdibujes o me mandes a pseo, me voy. Van a dar las dos
y media y a esa hora mi vecina me seleniza con otro pase de su belleza
enfermiza.
Disculpa mi tono lunático, quizá marciano. La muerte de David Lynch hace
que toda realidad me parezca surrealista.
Y es que pese a sus cuestas y sus remendados propósitos de enmienda,
vale la pena subir y bajar por las vivencias propias de cada mes, de cada
estación. No hay nada peor que vivir a destiempo y forzar un verano cuando toca
un invierno. No hay mayor infierno que el de creerte ángel para toda temporada,
pues te descubrirás caído de la gracia que da el acompasar tu sentir al de los
demás.
Tu mirada cálida a la vida nos reconforta, compañera. En estos tiempos inhóspitos
para el calor humano –ya sea verano o invierno, lo de respetar al diferente es
un tema gélido– es siempre un estímulo el leerte.
Disculpa mi comentario desenfocado. La muerte de David Lynch ha traído
un invierno crudo a mi ánimo, ya de por sí bastante invernal.
Definir a mis exsuegros, a los primeros, sería como darle importancia al
dedo señalante sobre la luna señalada. Intentarlo con los segundos conllevaría
convertir en primario lo que no pasó de secundario.
El problema con la adquisición/alquiler de una vivienda siempre ha
estado aquí, al menos ésa es mi percepción desde que a mediados de la década de
los años 80 personas de mi entorno empezaron a necesitar alquilar o a querer
comprar una casa. Por desgracia, durante décadas en España sufrimos problemas
más acuciantes que el de la vivienda: algunos, como el del terrorismo etarra,
se han solucionado; otros, como el del desempleo / explotación laboral, se han solapado.
El problema de la vivienda es de muy difícil solución, yo no lo sé
encontrar; pero tengo claro que ningún gobierno se ha preocupado por abordarlo
y sí que lo han agravado con una legislación fallida o una actitud inoperante.
Te felicito por estos 20 años de creatividad en Internet y te aplaudo
por tu persistencia de ánimo, ya que lo de que ’20 años no es nada’ sólo suena
bien en un tango.
Respecto a la sensación peculiar que nos acompaña como hombres al
realizar funciones que nuestra sociedad aún segrega como feminizadas, es una experiencia
que me resulta muy vivida; y es tan llamativo como triste el que muchas veces
seamos tratados en esos contextos feminizados con el ‘machismo’ o el
‘paternalismo’ con el que las mujeres son tratadas en otros contextos.
Lo dicho: mis felicitaciones y mis aplausos, Erik.
Te felicito por este relato, tan ameno como mordaz.
Los avances tecnológicos, en su uso abusivo por parte de las iniciativas
privada y pública, nos están privando de libertades o limitándonos en su
ejercicio. Y lo más llamativo es que aceptamos estas privaciones con obediencia
ilimitada.
Vemos esos efectos negativos –exclusión social, pérdida de privacidad,
soledad…– y tememos que el denunciarlos hará que seamos percibidos como retrógrados.
De ahí la importancia de este tipo de fabulaciones ingeniosas como tu relato.
Twin Peaks - Audrey Horne lenguetea con una cereza.
¡Feliz año, MARÍA¡
Confío en que tú y los tuyos estéis disfrutando de este día en el que
algo que debería ser cotidiano, como mostrar afecto a quienes despiertan afecto
en nosotros, se vuelve festivo.
No es que toooodos los días deban ser domingo –lo bueno de las fiestas
es que son finitas, como nuestras vidas–, pero sí que, tal y como escribes: “Lo
único que diferencia a estos días del resto, es lo que sintamos y deseemos
hacer sentir a quienes nos rodean”.
Ya ves, hoy es lunes; ese día al que solemos investir de azul tristeza,
y aquí estamos vestidos de rojo celebrante. De ese rojo que da color a nuestra
sangre, tono a nuestros labios y esmalte a nuestra pasión.
Me gusta el día de Reyes Magos, pese a mi vejez, al igual que me gustan
la ilusión y la esperanza cualquier día y cualquier noche.
Agradezco el que compartas esta introspección, escrita de manera tan
cuidada como sentida.
El abusado nunca sabe lo que lleva a que los abusones lo violenten. Como
bien escribes, el mero hecho biológico de ser alta (de destacar por algo
involuntario) pudo llevar a que sufrieras ese maltrato escolar. La maldad no
necesita razones. Es pura sinrazón.
Nunca he entendido la aprobación social de la que gozan las personas
abusivas, aprobación que es mayor cuando el matón de patio o de oficina es un
hombre. Es más, nuestros refraneros o leyendas populares suelen convertir al
abusador en arquetipo y al abusado en estereotipo.
No sufrí abuso escolar de mis compañeros, sí de bastantes maestros del Colegio
Público Jovellanos (Gijón) de 1971 a 1979.
Creo que ya te he comentado/admitido alguna vez que me resultaban muy
difíciles este tipo de retos creativos. Ejercicios como este “collage de
palabras” que forman parte de las primeras prácticas en todo cursillo de
escritura creativa.
Me costaba alcanzar lo que en ti rebosa: personalidad. Mis composiciones
se asemejaban a redacciones escolares en las que se busca enlazar un número
forzado de palabras y cometer el menor número de faltas.
Creía que esta película ya se había estrenado en España. Gracias por
corregirme en mi despiste.
La vi, Internet mediante, hace meses. La verdad es que no me dio más por
ella. No fui capaz de interesarme por su narrativa episódica, los personajes me
parecían mayoritariamente estereotipos y encontré ausente la dirección.
Tras haberte leído, volveré a verla. No será la primera vez, ni la
segunda o tercera, que gracias a tus reflexiones me replanteo mis valoraciones
(mayoritariamente veo el cine en casa y eso condiciona bastante mi apreciación
de muchas pelis)
Me parece fenomenal el que hayas podido comenzar el año sonriéndole al
capricho, por eso de poder haber hecho lo que en ti es natural y en otros
serían rarezas.
Al pensar en la palabra “silencio” me ha venido en primer lugar a la
mente la película «Silence» de Martin Scorsese; y ello pese a que no tengo
intención de volver a verla. Luego he recordado la frase “The rest is silence”,
pese a que a diferencia de Hamlet no deseo cercana la muerte.
Soy alguien silencioso. Y lo soy de siempre, no sólo ahora en mi vejez.
Tal y como figura en los versos que reproduces, el silencio aminora mi ira.
Leerte aviva mi curiosidad. No conocía el poema de Ottoboni ni la
composición de Scarlatti, ahora quiero leerlo y escucharlo.
Gracias por avivar mi curiosidad e invocar mi introspección, Francesc.
Ante todo, te envío un abrazo cálido: la ausencia de tu madre quizá se
haga más presente durante estas fechas, pero sin duda ella está en todo lo
bueno que te/os ocurre a diario y su recuerdo hace festivo cualquier día
ordinario.
Por lo demás, indicarte que no entiendo la fascinación con la nieve,
cuya pureza o blancura son tan falsas como mi sobrada altura (en mi pubertad,
tooodo el mundo auguraba que de grande sería muuy alto; no llego al 1,80). A mí
el frío y la nieve, el calor y la arena, me gustan tanto como encontrarme una
mosca en un plato o a mi exsuegra en la calle.
La Navidad la asocio a un periodo cálido –por los sentimientos, no por
la calefacción–; a salir a la calle –que con nieve sucia, patinosa y asquerosa
mejor me quedo en casa–; con regalos –recibirlos, no darlos, que soy escocés en
el güisqui y en los gastos–. Y etc, etc, etc…
Me voy a comer, junto al horno, que ya está hecha la pizza.
Confío en leernos antes, si no es así:
¡Feliz Navidad, MARÍA¡
Hola, MARÍA:
No me gusta pasar frío, ni calor. Tampoco pasar hambre. Por eso soy de
buen comer y mejor descansar al abrigo de una sombra o de una estufa.
La nieve, para los que la esquían; dado mi natural resbaladizo si la
piso me vuelvo flojizo.
Respecto a quienes pregonan lo inocuo en el uso y abuso de la energía
eléctrica, no puedo evitar preguntarme si además de ser adinerados –el precio
del kWh es elevado– son ignorantes –su producción genera esa combustión que
denigran–.
Gracias porpresentarme a Alexander
Scriabin. No sé si habré escuchado de forma accidental algún fragmente de sus composiciones,
pero no lo conocía.
Tras haber leído este texto tan sugerente, me lo he apuntadoy estoy escuchando sin desagrado su “Fantasy
in B minor, Op. 28” mientras te escucho.
Es siempre un estímulo intelectual leerte; y también conlleva una
sensación de sosiego, dada la afabilidad que usas para reflexionar incluso
sobre lo que no te es afable,
Al igual que tú intento separar el personaje y la persona en un creador.
Máxime cuando han nacido en otra época o han creado en entornos sociales
distantes. Pero… si he llegado a tratar personalmente con ese creador, me
cuesta disociar a la persona y al personaje.
No creo en la trascendencia. Quizá por ello me preocupa el fin de mis
días, no el final de nuestro mundo. A mi apego a la intrascendencia, se une mi
desapego hacia la Naturaleza –salvo cuando afecta a mis malestares o
limitaciones–.
Te leo y admiro en tus palabras la capacidad para amenizar lo
costumbrista y avivar lo imaginario, hasta el punto en que estoy visualizando
dragones en esta costa que acostumbro a mirar para alejar la vista de la
pantalla del pc.
Dentro de tu habitual excelencia, este poema ha sido excelente a la hora
de recordarme mi tendencia a los excesos y mi desmemoria al recordarlos.
No ha habido tierras extrañas más tentadoras que las caderas femeninas
novedosas. Tierras que nunca busqué convertir en amigas, en mi miedo a
convertirme en marinero en tierra.