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lunes, 31 de agosto de 2015

Identidad fortuita




Los datos que me identifican en el registro civil son fortuitos: soy sietemesino, por lo que mi fecha de nacimiento es totalmente azarosa, mi actual nombre bautismal no es el planeado en un primer momento y el número de mi DNI podía marcar a cualquier otro.



Cada vez tengo menos que ver con ese administrado al que identifican unos datos burocráticos que son tan aleatorios como lo es mi capricho; y, puesto a elegir, prefiero sobrevolar mis experiencias al aleteo de la irracionalidad a sobrellevarlas bajo la gravedad de la sensatez.


Cada vez estoy menos interesado en la cordura de una sociedad que no me estimula. De ahí que, incómodo en éste, prefiera vagabundear por otros mundos, como los que hay más allá del espejo donde encuentra reflejo mi cuerpo, pero no mi espíritu.


Cada vez me cuesta más volver a este lado, o mejor dicho: cada vez me apetece menos hacerlo. Imagino que el día en que ya no estén aquí aquellos cuya cercanía me hace desear sentirlos, dejaré de volver a un ambiente saturado por ignorantes que me desconocen en mi valía.



A ojos de quienes me quieren pero no me entienden, últimamente estoy reduciendo en exceso mi presencia en Internet, al igual que hace tiempo que la he mermado en el mundo físico –creo que ven mi casa como una especie de fumadero de opio en el que me tumbo para evadirme de la realidad con chutes de delirios–. Ya no intento hacerles entender que hay muchas formas de vivir la vida; y que la mía, por ser diferente, no es ni mejor ni peor que la suya. Ahora me limito a vivir como quiero, dentro de los límites de lo que puedo.



Hoy he vuelto a escribir en este blog. No me atrevo a afirmar que seguiré haciéndolo con regularidad. No quiero ser un desdicho.

Gracias por tu compañía.

Nino

jueves, 28 de mayo de 2015

Este jueves: "Hablemos del destino"

    Hoy jueves, es nuestro compañero Pepe quien nos recibe en su blog Desgranando momentos para “hablar o fabular” sobre el Destino.

Mi aportación no es un relato o un poema, ni siquiera una reflexión serena: es un capricho delirante, escrito a vuelablog; y, por lo tanto, quizá su factura sea demasiado diletante.



Si pulsas sobre este enlace accederás al resto de aportaciones jueveras.




Gracias, Pepe.




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Todos somos víctimas y beneficiarios de las casualidades. Empezando por Fleming –y la penicilina– y acabando en mi rellano –y con mi vecina–, nuestros encuentros y desencuentros bailan al compás de la música del azar.



Nos rebelamos ante la certeza de saber que la vida puede cambiar en un segundo. En nuestra guerra contra el determinismo, nos fortificamos tras los muros del “querer es poder”.

No tengo duda de que la voluntad cimienta en su presencia murallas que se desmoronan en su ausencia. Y es innegable que cuando el atrevimiento pasa de las palabras a los hechos puede dar comienzo una era de prodigios; o, al menos, una sucesión de momentos en los que nos maravilla la capacidad de la determinación para convertirse en superación o en excelencia.



Nuestras sociedades se articulan sobre la quimera de que la voluntad puede doblegar a la realidad, en un pulso en el que no cuentan cuánto lo intentes, sino cómo lo cuentes. Y como la Historia siempre la cuentan los poderosos, a los humildes sólo nos queda el consuelo de que nuestro esfuerzo tendrá su recompensa cuando el Destino nos alcance. Pues como buenos hijos del caos, sabemos que el desorden y los impulsos foguean nuestros instintos; y también explican las gestas resultantes de nuestro ceñir por la cintura la voluntad ajena. 


Esa valentía de afrontar la locura de enfrentarnos a lo imposible, explica nuestro acercarnos a una pelirroja peligrosa, el anhelar tocar la Luna con los dedos o el sudor frío en una noche tórrida.

Llevado a lo cotidiano, uno no sabe la sorpresa que le espera al torcer una esquina. Uno no elige de quien se enamora, pero agradece al Destino el placer que pone a su alcance. Pocos imprevistos nos hacen creer en la predestinación con más pasión que el amor. ¿Y acaso existe algo más inexplicable y maravilloso que este sentimiento?


No faltan incrédulos en el Destino; no es por casualidad que no soy uno de ellos. Mi corazón me convierte en creyente ferviente con cada latido. De no ser así, no creería en ti y en mí.

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