Ven y enloquece

Ven y enloquece
Aunque este blog lo firme Nino Ortea, pertenece a quienes lo sentimos nuestro al leerlo.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

No lo tengo claro

Bienvenido:

Han pasado dos años, un mes y veintinueve días desde que abrí Ven y enloquece. Un blog que en un principio definí como “de todos” y que ya hace un tiempo que había convertido en sólo mío.

Pienso que, en gran medida, esa distorsión creativa habla de cómo he vivido estos 790 días: a trompicones. Incluso en el caso de textos aparentemente livianos, si me fijo en la foto que los acompaña, en su título o en la fecha de publicación, veo matices muy personales. Y es que, a base de topetazos con la Realidad, el proyecto artístico se fue convirtiendo en un libreto expresivo.

Atrás fueron quedando mis fantásticas intenciones para ese blog, impregnadas de la sinceridad que permite la inmediatez en Internet. Yo, mi, me, conmigo… Todo se me quedaba pequeño tras idearlo. Nada ni nadie estaban a mi altura. Salvando las distancias, me vi como ese Orson Welles, aburrido de todo, al que atraía lo próximo y no lo presente. Al igual que él, soy un maestro de ilusiones perdidas. De despertar interés en personas que, tras conocerme, se decepcionan.

He comprendido que mi reflejo es más atractivo que mi persona. He aceptado que mi personaje puede ser un conquistador de mundos; pero eso de nada me vale si me reconforto con lo inmundo. Aceptar que la imagen que proyecto —agresiva, ingeniosa, despierta, inflamada,…— tiene más que ver con mis debes que con mis haberes ni fue ni es fácil. Mi pulso aún se altera al comprobar la diferencia entre mis quieros y mis puedos. me sigue trastornando el ver que mis obras llenan a mis amores de buenas razones para verme incapaz de ser capaz de ser menos locuaz y más vivaz.

Si hoy domingo y ahora a mediodía, me pongo a recrearme en mi reflejo creo que me ha llegado la calma, quizás más por cansancio que por convencimiento.

El ruido y la furia que me espolearon durante casi 16 meses también resonaron en mis escritos. Al igual que me infularon la necesidad de reafirmación personal y la frustración ante una realidad que no aceptaba, en mi terquear por ser yo la medida de todas mis cosas.

Algunos de los textos que más definen a Ven y enloquece están escritos desde el resquemor, otros hilvanando falsos recuerdos y muchos como resultado de mi necesidad de embellecer una vida que no me gustaba,

Poco a poco, ese blog fue perdiendo fuerza expresiva y capacidad comunicativa. Mi ingenio no es tan vivaz cuando lo alejo de lo mordaz. Llegó la calma al ánimo; y el sosiego al alma creativa. Mi paso pasó de frenético a reposado, se hizo palabra y anidó entre nosotros. El amaneramiento se convirtió en mi divertimento. Para mi sorpresa, sois muchos los que encontrasteis entretenimiento en mis distracciones.

Ojalá pudiera decir que mi desbrío se debía al desvío de “mi flujo creativo” a otro proyecto —a esa famosa novela de la que me dedico a hablar y no a escribir—, o a una literalización de mis ilusiones. A día de hoy, creo que carezco de la capacidad para desarrollar un relato continuado de extensión media cuya comprensión sea posible fuera de mis percepciones. Por eso lo de darle forma a “Besando a un tonto” tiene paraun componente deformante. Es confuso, que no laberíntico. Digamos que le ocurre como a la belleza cubista: sólo apasiona al artista.

Concluir Ven y enloquece era algo necesario en lo vital. Es dar por cerrada una época, una etapa que está ahí, forma parte dey tras la que me siento satisfecho. Ponerle punto y final conlleva seguir camino. Son muchas cosas las que llevo conmigo, pero espero haber dejado atrás a ciertas ínfulas y musas. A esas razones para crear que se asemejan a odiar.

Pero, una vez que he dado el paso, no sé si esto es lo que quería. Ya no echo de menos ser el otro, pero si que me gustaría estar en el otro. Como escribiría el safárico David, no lo tengo claro. Quizás acabe volviendo y enloqueciendo. No toda casa es un hogar, no todo blog es mi block. Ahora, al mirarme al espejo me veo distinto. Puede que sea sólo cuestión de acostumbrarse y que el desenganche emocional me ponga un poco trostélido.

Una vez más, gracias por compartir estos sueños de seductor, estas ansias por gustar, esta necesidad de amar…

Una vez más, es un honor y un privilegio tenerte aquí.

Bienvenido.

Nino