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miércoles, 17 de enero de 2024

La banalidad de la vanidad

 Leer a María, en su blog «El saco de mis pensamientos», ejerce en mí el efecto “Súper ratón”: vitamina el ánimo y mineraliza la esperanza. De ahí que procure asimilar todas las dosis de ingenio que nos regala.

No es ésta la primera vez que mi escritura en este blog refleja un efecto espejo de la lectura en el suyo. En este caso, la relectura de su introspección ‘Depuntillas,... a veces incluso sin respirar’ me ha llevado a volver a callejear por la “Vanidad”, ciudad que William Thackeray en su sátira “La feria de las vanidades” y que en este blog tiene su propia barriada.


Salvador Dalí, Metamorfosis de Narciso, 1937

Soy de natural tarambana, es decir: dado a hacer lo que me da la gana. Por lo que cuando desatiendo mis anhelos en pro de mis obligaciones, siento que soy menos yo y más “el otro”; ése cuyo espíritu está computarizado en una serie de algoritmos estadísticos.

Reconozco que hay momentos en los que no me conozco si no hago lo contrario de lo que se espera, ya que una de mis locuras más placenteras es la de alejarme de quien no soy ni en sueños, sólo en pesadillas. Y es que esos actos de cordura asociados a obedecer la dictadura del qué dirán prefiero que los ejecute “el otro”, ése que –según los datos poblacionales que lo encasillan– tiene pareja formal, trabajo estable y tarjeta de crédito.


A mí, que mi corazón taquicárdico me impide vivir acompasado; a mí, de vida laboral tan escasa como el pudor en un exhibicionista; a mí que lo que me da crédito no es una tarjeta, sino mi palabra; a mí que no me adjetiven como “vanidoso” por admitir que no tengo cabello canoso y que mi ánimo no suele ser doloso. En vez de “vanidoso” que me llamen algo hermoso por evitar la falsa modestia y por reconocer la autoestima, y no, “Narciso” tampoco me adjetiva. Prefiero: peculiar, excéntrico o atípico.

Aunque lo de vanidoso me temo que me acompañará hasta que me entierren en el foso.


Es un hecho que ya en el colegio me identificaron como “vano” los afuncionales educadores que me llamaban “cabeza hueca” por dar mi opinión en los ejercicios de opinión lectora. Y sí, mi adolescencia fue una ratificación de mi falta de solidez intelectual (lo de hacer las cosas porque sí, siempre me ha dado flojera). 

¿Qué decirte de mi transito por la edad madura? Intentaré resumirlo en que fue tortuoso: dada mi nulidad como feriante con ambiciones, me vi feriado como monstruosidad, como una especie de ogro egocéntrico que no presta atención a lo que ostentan los demás, como un narciso creído por cuidar el reflejo de mis actos en los demás. En vano intentaba aclarar que no es que despreciase los intereses ajenos, es que no los apreciaba como propios –tener un trabajo y pareja estable, me daban vértigo; tener un casoplón y un cochazo, me resultaba fútil–. 

Para mí lo útil siempre ha sido tener tiempo, no dinero; tener deseos, no ambiciones; tener curiosidad, no fisgoneo. Para mí, lo estimulante es contar con tu cercanía, amable leyente, y con la compañía alentadora de compañeras como María.

Gracias.

https://hablacontusamigos.blogspot.com/2024/01/de-puntillas-veces-incluso-sin-respirar.html


miércoles, 10 de enero de 2024

Calendas emocionales

Cuando el pasado pesa y desde lo profundo de mi sentir siento que la caída en el abismo emocional es irrefrenable, dejo de evitarla. Cuando me llega la desazón, me permito caer en ella para no malgastar fuerzas emocionales. Al poco, habitualmente, mi instinto de supervivencia se activa y me alejo de la melancolía. Cada vez me cuesta más autoreaccionar, lo que antes me requería un par de días, ahora me lleva una semana. Pero sigo venciendo a mis demonios.

Hay meses que –más que “El calendario gregoriano”– los marcan las calendas emocionales. 


No es fácil precisar el porqué de las cosas, aunque sean nuestras cosas. Si uno es fiel a sus sentimientos y siente que los días se hacen años junto a una persona, no puede evitar poner fin a su relación afectiva, sea cual sea el mes o el momento del año (por mucho que enero se inicie con buenos propósitos, puede convertirse en cuesta emocional)

Pasado el ruido y la furia de cada ruptura amorosa nunca he preguntado los porqués ajenos y he silenciado los míos, salvo cuando la otra parte ha mostrado interés por saberlos. Entonces, o le digo mi verdad o hago mi verdad de lo que le digo.

Sí, son cosas que pasan. Supongo que el problema llega cuando dejan de pasarnos, cuando el corazón deja de ser caprichoso y pasa a ser prudente: es entonces que todo hogar de ensueño se convierte en un dolor para el corazón.

Roxy Music - In Every Dreamhome A Heartache


miércoles, 29 de marzo de 2017

Claudia Cardinale, imagen promocional del Festival de Cannes 2017



EFE París 29 mar. 2017.
Una imagen de la actriz italiana Claudia Cardinale bailando en un tejado de Roma en 1959 ha sido escogida para el cartel de la edición del Festival de Cannes que se celebrará entre los próximos 17 y 28 de mayo.
"¿Qué mejor símbolo para el próximo festival que esta actriz aventurera, esta mujer independiente, esta ciudadana comprometida?", destacaron hoy los organizadores del certamen en un comunicado dedicado a la presentación del cartel.



El texto anterior es un corta/pega de esta noticia

Claudia Cardinale es una de mis mayores debilidades estéticas. En ella me inspiré para el personaje de Soledad que aparece en mi novela «Condenado a revivir», con la que cierro la trilogía «Donde habita el recuerdo».



miércoles, 1 de febrero de 2017

Añorados años dorados

Mi apreciado Amedio:

Confío en que la vida continúe sugerente por la Isla de los Calaveras. Por favor, transmítele todo mi aprecio a Congchita.

Aquí en Ninópolis casi todo marcha con una tranquilidad cercana a la monotonía, y yo, como buen aprendiz de simio, me siento cómodo con todo lo mono: ya no busco la vida en estéreo y me alejo de las dobleces sociales, intento mantener mi rumbo ajeno a lo que reproducen a mi derecha o a mi izquierda.

Este lunes 30 de enero supe de la muerte de la imperecedera Paloma Chamorro, inmortalizada por los ahora cincuentones en tantos recuerdos de la edad dorada de nuestra juventud. En cuanto escuché la noticia de su fallecimiento, me sobrevino la evocación de una noche maravillosa de San Isidro –vivida con la intensidad de mis 19 años en aquel mayo de 1985– en la que disfruté del concierto de The Smiths en un Madrid que en el que a mí me desbordaba el roma.

Hasta tal punto llegó mi embriague de evol que perjuré que había estado al lado de Paloma Chamorro en una de las veces en las que me acerqué a una barra de bar a pedir dos medias de Mahou; pero luego supe que la periodista había estado todo ese tiempo junto a la unidad móvil de TVE que retrasmitía el concierto. Es curioso cómo la plenitud de una vida ajena puede quedar reducida a unos instantes nunca compartidos en vida, pero revividos en el recuerdo.
Paloma-Chamorro

En mis años de juventud, mi querido Amedio, era más humano y menos primate, de ahí que confundiera la seducción con el engaño, y no confiara en el atractivo de mi verdad. De esa inseguridad nació el que fingiera un interés por oír tocar a The Smiths, cuando en realidad sólo me interesaba escuchar como ella me miraba al corear «This Charming Man».



Aquellos años 80 fueron los primeros de sucesivas décadas en los que encontré fascinante el entregarme a las imposturas y a los excesos. Aquellos años 80 fueron tiempos de descubrir sentimientos que sólo valoro ahora que los reencuentro prendidos a recuerdos que hablan de ausencias. Tanto aquellos años desvividos, como estos sobrevividos, fueron y son tiempos para enloquecer. Pero cuando pienso en entonces, en aquellos días de noches salvajes, no puedo evitar el musitar:


Morrissey

Tengo que dejarte, mi apreciado Amedio. Da recuerdos a todos mis compañeros en la Isla de los Calaveras.

Ojalá estuviera allí.

marceNino

lunes, 11 de enero de 2016

Escribir me ayuda a ilusionarme, leerme ayuda a que me (re)conozca

Parece ser que el ayuntamiento necesita que actualice/confirme mis datos censales.
Espero que no me vengan con reclamaciones por incumplir mis obligaciones de ciudadano gijonés, cincuentón, divorciado y sin hijos. Ese administrado por bases de datos y baremos estadísticos es “el otro”, es MJOS. ¡Yo soy Nino, el gran funambulista entre la Realidad y el Deseo!





Sin embargo, mi persona individual y mi personaje social coinciden en la inconsecuencia de mi incongruencia: como personaje no interpreto el papel que de mí se espera, como persona no cumplo lo que digo si el hacerlo me aburre o al hacerlo me paraliza el vértigo.

Hay instantes –te doy mi palabra, apreciado lector– en los que me planteo involucionar, mutar para parecerme a los demás o, al menos, aparentar que me adapto. Pero soy como soy, inconsecuente en mi incongruencia; me aburriría el ser como los demás, ya que no podría seguir observándolos con la misma atención con la que un niño observa a un adulto y se jura que él no será así cuando crezca.


Escribir me ayuda a imaginarme, leerme ayuda a que me (re)conozca. Saber que cuento con tu lectura me ayuda a ilusionarme con la posibilidad de llegar a ser como me ensueño.

Gracias por tu compañía. Y más en una tarde como la de hoy, en que ha muerto David Bowie y no puedo evitar sentirme algo solo.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Nunca más solo



Si hay un aspecto que valoro en la recién concluida etapa en este blog es que supuso mi paso del “yo” al “NOSOTROS”.

Imagen tomada de internet. Desconozco autoría.

Durante el periodo que transcurrió desde algún momento del año 2014 al final de junio de 2015, disfruté, compartí y aprendí junto a otros compañeros blogueros. Quizá la muestra más evidente de este sentirme un igual entre diferentes sea el que me animara/atreviera a unirme a la hermandad creativa de “Los jueveros”.

Por suerte, mantengo activo mi “gen X”, ese factor que me permite mutar para evolucionar hacia lo que quiero y no involucionar hacia lo que de mí se espera; mantengo en forma ese ninismo que hace que sea uno más sin dejar de ser yo mismo. Escribir con otros y para ser leído por los demás está bien; pero lo vivificante es que escribo para leerme y entenderme, todo lo restante es un regalo que me hacéis al venir y enloquecer en este blog.

Con esta reflexión escrita a vuelablog emprendo un nuevo viaje en el carrusel de ilusiones y obsesiones sobre las que cabalgo en Ven y enloquece. Gracias por sentaros a mi lado, por compartir vuestras impresiones e impulsar con vuestro ánimo el movimiento de este tiovivo cuando amenaza con estancarse de aburrimiento.

Inicio viaje con ánimo introspectivo, con la intención de ninear sobre la realidad que me/nos rodea. Emprendo camino con los pies sobre el asfalto, aunque soy (in)consciente de que anido pájaros en la cabeza, por lo que el eco de cualquier sonrisa bastará para alejarme del suelo cuando éste dejé de ser un latifundio fértil para la esperanza y se convierta en un minifundio tan baldío para el anhelo como lo es tu corazón, ahora que lo siembras de olvido.

Una vez más os doy las gracias por Venir y enloquecer.

lunes, 27 de abril de 2015

Consejo a los jóvenes de corazón: Temed a la indolencia


© Graffiti
Además de recurrir al Olvido, todo buen ensoñador debe acudir al autoengaño; recurso imprescindible para seguir disfrutando del paseo por la vida cuando llega una edad en la que todo camino se convierte en cuesta: sin hijos, ni obligaciones o hipotecas, sólo la ilusión que da la esperanza en lo improbable hace posible que te levantes y afrontes, de nuevo, un día que disfrazas de diferente, cuando es igual que el anterior y resultará calcado al siguiente. El autoengaño requiere un control consciente del subconsciente; eso sí, te prevengo que al recurrir a él te llamarán “inconsciente”.

El consejo que te  doy para el uso del subconsciente, lector joven de corazón, adopta la forma de truco de un ilusionista sobre el escenario de la vida: sácate de la manga un adaptador de recuerdos, para que así la Realidad pasada sustente tus Deseos futuros. La magia de las cosas no está en su valor real, sino en el que le damos; con lo que sácale brillo a lo positivo y ensombrece lo negativo de lo vivido. Después de todo, los recuerdos son meras sumas de percepciones que, como tales, siempre pueden ser perfeccionadas y pasar de vagas sensaciones a estímulos sensacionales.

Si además conviertes una pasión en un antojo, te será más fácil creer que vives a tu capricho. Y “creer” se convierte en “poder” con sólo añadirle el “querer”. Procura mantenerte ocupado, no por amor a la acción y si por miedo a la indolencia. Para ello haz todo lo posible por alcanzar tus sueños, pero hazlo sin prisas, permítete caer en la tentación de curiosear qué hay detrás de una mirada furtiva.

Una vez aprendido lo básico, personalizarás tu conjuro vital. Para evitar decepciones, en pro de agilizar el olvido de lo amargo, yo he aprendido a vivir con el cinturón apretado, a pensar por instinto y a no esperar que en abril haga el tiempo de agosto –pues soy de los que hasta el 15 de mayo no se quitan el sayo–.

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