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miércoles, 6 de mayo de 2026

Sobre la teleserie «Esto no es un misterioso asesinato»

La conclusión de esta miniserie belga cumple lo que su título anuncia: no es una narrativa de ‘asesinatos misteriosos’. Probablemente sus creadores —Hans Herbots y Matthias Lebeer— nunca pretendieron que lo fuera. Y desde el principio nos avisaron de lo que confirma el final incongruente que dan a la trama de suspense.

Al igual que a sus autores, saber la identidad y motivos del asesino amenazado me dejó de interesar con la conclusión del 2º episodio. Me entretuvo su reflexión sobre el Arte y los artistas; sobre las ínfulas creativas de  quien asume como profesión el oficio de ser ‘artista de vanguardía’ y el artificio que requiere ungirte la condición de creador –de series o de blogueos–.

No es necesario ser un émulo de Salvador Dalí o del mulo de Ninín para saber que la convivencia humana requiere de más arte y oficio que la creatividad artística. ¿Que habría sido de Dalí sin Gala? Pues lo que ha sido de Ninín sin Sidonie: NADA.

https://www.blogger.com/blog/post/edit/50098526526147839/5515403460775253197

Volviendo a la miniserie «Esto no es un misterioso asesinato», este crítico que no lo es parecería paranóico si calificase de surrelastas los casi 300 minutos que duran los 6 capítulos que la componen –el paso del tiempo apasionaba a Dalí, a Ninín lo apisona–. El diseño de producción es logrado, bello y estímulante. La escenografía resulta sugerente e inmersiva. La distribución de los actores en las escenas buca puntos de luz. El dobaje al español es un guiño a lo absurdo: Salvo Dalí –al que se baña en sonoridad catalana– el resto de personalidades y personajes son eco de la misma panlingua –ya sean belgas, estadounidenses o británicos–.

Aunque no lo parezca, me ha gustado realmente esta narración transfijada sobre la necesidad de ser reconocido como lo que quieres ser, no como lo que eres. A ello ha influido la manera en la que la persona de Magritte (pintor) evoca –en la desintegración de la persistencia de mi memoria– al personaje de Maigret –comisario de policía parisino, creado por el escritor belga Georges Simenon–.

“Cuando el hombre quiso imitar la acción de andar, creó la rueda, que no se parece a una pierna” (Guillaume Apollinaire). Disimilitud similar a la de esta digresión con un manifiesto.

Gracias por tu compañía, amable leyente.

https://www.filmin.es/serie/esto-no-es-un-misterioso-asesinato

 

viernes, 1 de mayo de 2026

Creo que la vida es un paseo

 

Camino a La Providencia. Gijón. Abril, 2026.

Creo que la vida es un paseo. Trato de recorrerla a mi ritmo, siempre que el Destino no me juegue malas pasadas.

Soy un soñador: no un hombre de visiones, sino de ilusiones. Cada día, cada hora, cada segundo de mi vida siento que estoy varado en una tierra sin esperanza llamada REALIDAD. Y la noción de libertad que muchos perciben en internet es un espejismo para mí. Y también un terreno de arenas movedizas donde nuestras ilusiones se desmoronan y se convierten en delirios.

Sí, internet llegó para quedarse. Es algo genial, pero no es lo real. El problema es que cada vez más gente no presta atención a la alegría de vivir (tocar, reír, sudar...) porque están demasiado ocupados mirando una pantalla donde fingen tocar, reír, sudar una vida real.


martes, 28 de abril de 2026

I think life is a stroll

I think life is a stroll, and I try and walk it at my pace whenever Destiny is not playing dirty tricks on me.

I’m a dreamer: not a man of visions, but a man of illusions. Every day, every hour, every second in my life I feel like I’m casted away in a land without hope called REALITY. And the notion of freedom that many other perceive in the Internet is a mirage for me... And also a quick-sands territory where our illusions are degutted and they arise as delusions.

Yes, the Internet is here to stay. It’s a great thing, but not the real thing. The problem here is that more and more people, don’t pay attention to the joy of living (touching, laughing, sweating...) because they’re too busy staring at a screen where they pretend to have a real touching, laughing, sweating life.

jueves, 24 de agosto de 2017

No hay mejor sordo que el que no quiere oír



Ya no voy al dentista: ¿para qué pagar por pasar miedo cuando ya nos lo dan gratis por la tele? Y, aunque no quiera, tengo que ver los informativos por las buenas; pues a quienes intentamos ignorar a las malas (noticias), nos estigmatizan por ignorantes señalándonos con el dedo, como si fuéramos un ultracuerpo invasor o lleváramos la camisa manchada y la bragueta abierta.
El caso es que uno se pone a escuchar el parte y el ánimo se le parte: todo son malas noticias y peores perspectivas. Aunque peor te va si ignoras los modismos de sus aforismos; pues basta que te vean guardar en un sobre el azúcar que sobró de tu café a deber, para que te hagan ver cual aforado que se volvió forrado por aceptar sobornillos, cuando lo tuyo es ahorrar en sobrillos.
Desde siempre, mi fantaseada Sidone, se han aplicado castigos ejemplarizantes a los ignorantes de los malos augurios. Ahí está el gran Julio César, quien cruzó rubicones hasta el Sena, pero no subió los escalones del senado por despreciar las advertencias sobre un idus de marzo. O pensemos en la flor de Olmedo, al que así le lució el pelo una noche en la que desoyó todas las coplas y cuartetos que le cantaron en su cabalgada alocada.
Así que más nos vale oír sin escuchar los informativos y ver sin mirar los telediarios; para así formar parte de las masas ciudadanas que señalan para no ser señaladas. Y me es indiferente si me señalan con el dedo por pensar diferente. Se acabó el aceptar manipulación presentada como información; para desinformar ya tenemos al Gobierno y a sus heraldos del averno. A partir de ahora, cual adolescente efervescente, sólo leeré tebeos de superhéroes, veré pelis escapistas y oiré radiofórmulas musicales –porque escuchar, lo que es escuchar, sólo te escucharé a ti, Sidonie–.
 Estés donde estés, tu voz me aleja del mundanal ruido.

martes, 22 de agosto de 2017

A sus palabras necias, mis oídos sordos



De niños, noticias tan sencillas como “Hoy de postre, tarta”, o “Tienes algo de fiebre, no vas a poder ir al cole” se convierten en noticiones. De esos que te llevan a celebrarlo con tal energía que tus padres te acaban dejando sin tu ración de pastel –por eso de creer que estás hiperactivo a causa del excesivo consumo de azúcar–, o a gritar de tal alegría que tus papis deducen que nunca estuviste acatarrado y te mandan a la escuela bajo la amenaza de darte en el culo con su suela.

Si, Sidonie, lo reconozco: de niño este Nino comía tiza para enfermar y así no ir al colegio; y devoraba dulces pese a estarme contraindicados por eso de volverme inquieto. Y es que, como bien sabes, mi imaginada: soy de natural caprichoso y de debilidad, goloso.




Ya de adultos, parece ser que un requisito de madurez es aceptar la estupidez de que son las malas noticias las que molan, y hacen buenos a los pésimos informativos que desde que empiezan hasta que te terminan no paran de contarnos bolas –desde “Se ha acabado la crisis” a “Esta noche presenciaremos un eclipse solar”–. Y yo, crédulo que soy ante la esperanza, me gasté mis últimos ahorros en un telescopio, confiando en que mañana el sol del empleo brillaría y que esa noche del oscurecimiento solar disfrutaría; pero nada de nada, el único espectáculo del que disfruté anoche fue de mi vecina, la exhibicionista, exteriorizando como a diario su pellejudo cuerpo nonagenario. Hoy, que es lo que ayer escribí como “mañana”, el trabajo me lo ha dado el escamotear el café en el bar de abajo, que en lo laboral sigo tan desaprovechado que temo que me encerrarán cualquier día por improductivo.

Quizá lo peor de esta situación en que los cuentos no se encuentran en las fabulaciones, sino que en las noticias, es que a los ilusos, por no quedar, no nos queda ya el recurso de refugiarnos en la ficciones que nos maravillaban de niños; pues el solaz de los adultos es comercializado como un entretenimiento de masas que busca convertirnos en borregos, sometidos al pastoreo de economistas disfrazados de “promotores culturales”. Antes, en eras precedentes a esta ira, podías abrir un libro de Stevenson y fugarte a Los mares del sur, o sentarte bajo techo para cantar bajo la lluvia. Pero ahora la Ficción muerde al dictado de la Realidad con tanto zombi, no muerto o vampiro que anda suelto.

viernes, 18 de agosto de 2017

Soy un soñador que sueña y luego revive dentro del sueño



Frente a los cobardes y su terror, mi respuesta es seguir viviendo con esperanza.


Me fascina la belleza, a medida que tengo la suerte de envejecer más la aprecio en su esencia. Hace años nunca me habría parado a mirar a una pareja acaramelada de ancianos, o a un niño sonreirme. Ahora observo estos actos cotidianos de belleza y siento que, pese a las pesadillas cotidianas, la vida tiene fases de sueño tranquilo.
El mundo onírico se basa en una suspensión de la Realidad, nuestras ilusiones “esperanzantes” se sitúan sobre la Realidad grávida, y nos conducen a la revolución surrealista en la que lo que sentimos llega a derrotar la dictadura de lo que admitimos: no hay mejor ideario revolucionario que el de ser uno mismo y no quien se espera que seas.

Me fascina la belleza que refleja el realizador David Lynch, su capacidad para imaginar fases de sueños tranquilos. En la actual tercera temporada de la teleserie Twin Peaks – producción cocreada por Lynch junto a Mark Frost–, el director retoma su personaje de Gordon Cole: un agente del orden que es fiel al desorden sensorial que nos invade ante la belleza.
En el decimocuarto episodio de esta temporada, Gordon Cole cita la frase procedente de los textos de los Vedas hindúes “Somos como el soñador que sueña y luego vive dentro del sueño” dentro de la evocación de su nuevo sueño con la ensoñadora Monica Bellucci.
Aquí os dejo una captura de esta secuencia evocadora


Y ésta es mi traducción apurada, casi dadaísta, de la mayor parte de la evocación del sueño.
 “(...) Y anoche tuve otro sueño con Monica Bellucci. Estaba en París en un caso. Monica me llamó y me pidió que nos viéramos en un café en concreto. Dijo que necesitaba hablar conmigo. Cuando nos vimos en el café Cooper estaba ahí; pero no pude ver su cara. Monica fue muy agradable. Vino acompañada de amigos. Compartimos un café. Y luego pronunció la frase ancestral: ‘Somos como el soñador que sueña y luego vive dentro del sueño’. Le dije que lo entendía. Y entonces recalcó: ‘Pero, ¿quién es el soñador?’”. Una sensación inquietante y arrebatadora se apoderó de mí. Mónica echó un vistazo rápido y me indicó que me girara para ver algo que estaba pasando. Me giré para verme tal y como yo era hace mucho tiempo, en la antigua oficina de Filadelfia, mientras escucha a Cooper decirme lo preocupado que estaba por un sueño recurrente (…)”
Justo en ese momento asistimos a una imagen de la película de Lynch: Fuego camina conmigo.

Cuando recuerdo mis sueños, me evoco soñando un sueño –normalmente proyectado como una película en una sala de cine en la que soy el único espectador–. Cuando revivo mis sueños, me siento lleno de vida e ilusión.
You may say I'm a dreamer, but I'm not the only one.
I hope someday you'll join us, and the world will live as one.
Extracto de la letra de la canción Imagine, de John Lennon.

Mantener viva la ilusión individual en una coexistencia plural, donde se respete al diferente y al débil, ésa es nuestra victoria frente al horror del pensamiento único.
Gracias, amigo lector, por ayudarme a mantener vivo mi sueño de ensoñarme como un escritor.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Despertar perezoso



Desde que tengo un blog escribo mejor que vivo, y al leer lo que fabulo me reafirmo como un desdicho al dictado del capricho ajeno.
John William Waterhouse: A Mermaid

Entre lo que propongo con palabras y lo que dispongo con actos, media una distorsión similar a la que separa a la Realidad del Deseo. Suelo culpar a un desatino del Destino o a una maldad de la Casualidad cada vez que mis ilusiones se convierten en decepciones; pero la falla que separa lo que digo de lo que hago es resultado de un fallo en la convicción de mi certeza. Incoherencia que me lleva a impersonalizarme de la acción y a abstraerme en la pereza de tu recuerdo, Sidonie.

No puedo evitar añorar el quedarme colgado del eco de tu sonrisa, o el trazar el atlas de tu anatomía ausente. Al soñar que envuelvo tus caderas etéreas, o al embriagarme con el olor inodoro de tu piel, me siento Nino Ortea. Ojalá no necesitara atarme al mástil de la fabulación para no buscar puerto en tus brazos de sirena, Sidonie.

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