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miércoles, 25 de octubre de 2017

Encuentros afortunados

En estos días de octubre me encuentro de nuevo en situación de desempleado, que no de desocupado pues siempre tengo cosas que hacer y con las que entretenerme.
En esta mañana de miércoles, en lugar de emprender una cíclica búsqueda de empleo, me he preparado para salir a vacacionear por mi ciudad libro en mano, y lo hice aprovechando la luz de un sol que no tardará en hibernar, ya que a las estaciones de entretiempo les ocurre como a mí: ya no son lo que fueron.

Admito que hoy he disfrutado con mi vivir a contracorriente de las prisas y desganas que impregnan, en un miércoles laborable, a “los adaptados”. He pasado la mañana callejeando y curioseando por las inmediaciones del parque gijonés de Isabel la Católica, donde he tomado una serie de fotografías en las que, básicamente, mi foco de intención estaba en sacar instantáneas de la antología «Nada ha sido probado» en lugares del parque asociados a mi memoria.
Entre otros lugares, en el Monumento a Fleming erigido en el parque. Gijón fue la primera ciudad en el mundo en erigir un monumento al descubridor de la penicilina, lo que motivó que su viuda acudiera a la ciudad en 1955 con motivo de la inauguración del espacio. Mi madre solía llevarme a visitar el monumento, visita con la que buscaba rendirle homenaje a Alexander Fleming, quien para ella era casi un santo: mi abuelo materno murió de neumonía, ella se alegraba de que gracias a la penicilina muertes como la de su padre fueran evitables.


Mientras tomaba varias fotos de mi libro junto al monumento, reparé en que un desheredado me observaba. Al pasar junto a él me dijo “Buenos días”, yo no tenía pensado saludarlo al tomar camino en su dirección, su educación me descolocó, pues demostró una humanidad que me es ajena. Le correspondí a su saludo, lo que pareció sorprenderlo; luego de haberle pedido permiso me senté en su banco.
El sol de la mañana transmitía una sensación muy reconfortante allí, refugiados de la brisa húmeda del noroeste. El hombre estaba muy aseado y lucía una barba tan frondosa como cuidada. Tenía encendida una radio, que sintonizaba la misma emisora que yo suelo escuchar: “Radio 5”, emisora especializada en transmitir información, función que alterna con la emisión de espacios socio-culturales y píldoras musicales.

Empezamos a hablar, el señor estaba muy preocupado por la situación a la que puede llevar a España el nacionalismo xenófobo catalán. Estuvimos un rato muy largo conversando, hasta que me preguntó por qué le había estado sacando fotos al libro que tenía en mis manos, le aclaré que lo acababa de publicar, ante lo que el señor me comentó que a él le habría gustado escribir un libro, pero la vida no se lo había permitido.
Tras ello guardó silencio y yo permanecí un rato sentado junto él, al sol de la mañana. Se disculpó y me dijo que tenía que irse. Como despedida le ofrecí el ejemplar de mi libro, el cual el aceptó encantado.

Mientras lo veía marchar no pude evitar pensar que él y yo éramos muy parecidos, aunque yo he tenido la suerte de que la vida me ha permitido vivir sin apuros, y me regala placeres como la compañía de aquél desconocido.



Esta tarde me incorporo a un taller de creación literaria, tras mi aislamiento ha llegado el momento en que vuelvo a necesitar conocer a nuevas personas. Confío en encajar en el grupo.

10 comentarios:

  1. que buen momento... seguro que lo vas a recordar... buen gesto el de los dos además....

    y me gusta tu orgullo por tu libro... disfrutalo!!!!

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    1. Hola, JLO:
      Sí, la verdad es que ha sido una experiencia que confío en no olvidar. Me pasé esta mañana por el parque a ver si veía al señor, le llevaba un paquete de pilas y un trozo de bizcocho que acababa de hornear, pero no lo encontré. Me senté a beber café del termo y acabé devorando el bizcocho (¿y si estoy equivocado y soy un buen repostero?)

      Libros me gustan muchos, admirar admiro bastantes… pero orgulloso sólo estoy de los que escribe mi heterónimo Nino Ortea.
      Un abrazo, JLO.

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    2. Bonita experiencia, y esa foto me ha recordado las fotos que JLO toma de su linterna verde.
      Abrazo a ambos!

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    3. Hola, Frodo:
      Sí, la experiencia ha sido alentadora.

      ¿Comparas mi antología de sueños con un muñeco de plástico? En estos momentos acabo de contactar con los Siniestro Corps para que te hagan una visita aleccionadora (luego irán a por JLO en cuanto se aleje de ese muñeco que lo protege)
      ¡Viva El Mal! ¡Viva El Capital!

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  2. La vida nos sorprende con encuentros así... y bonitos además, amigo Nino. Gijón, es una ciudad preciosa que he tenido el gusto de conocer.
    Te felicito por tu nueva incorporación y por supuesto que encajarás de maravilla.

    Mil besitos para tu tarde.

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    1. Buenas tardes, Auroratris:
      Soy dado a experimentar encuentros forasteros (algunas de las conversaciones que mejor recuerdo las he mantenido con desconocidos a los que nunca he vuelto a ver) y desencuentros cercanos (no prolongo relaciones cuando me aburren o incomodan)
      Me alegra saber que te ha gustado Gijón. Si vuelves, aquí estaré (apenas salgo de mi ciudad)

      Ojalá tengas razón y la incorporación sea fructífera. Ayer tuvo sus luces y sombras: creo que hay bastante libertad creativa/ me volví a sentir condicionado como diferente (quizá esa sensación fue fallida, de repetirse me iré inmediatamente) . Mi reto está en esperar a fin de año y decidir entonces si sigo o no.
      Un abrazo, Auroratris,

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  3. Me ha parecido una historia muy tierna. cuando vuelva a Gijón, visitaré ese lugar. ¡Y llevaré tu libro!
    Besos, Nino.

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    1. Buenas tardes, Ángela:
      Confío en vernos de nuevo para entonces.
      Un abrazo, Ángela.

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  4. Situaciones que atrapan. Esas que fuera de la rutina nos alcanzan como una fugaz bala que deja poso de emoción y búsqueda. Queda en ti... y tus letras viajan con él.

    Mi abrazo y admiración Siempre

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    1. Mi querida AtHeNeA:
      Gracias por encontrar un hueco para acercarte a saludarme. Confío en que estés bien.
      Aunque te pueda sorprender, me conviene desarrollar ciertas rutinas: de ahí que me fuerce a realizar ciertos actos en sociedad, o que me imponga horarios (creo que es evidente el que me limito a acceder a Internet en ciertos momentos del día) Las rutinas me ayudan a sentirme integrado y a que no me disperse en mis ensoñaciones.
      El encuentro con este señor (esta mañana he vuelto a ir al parque y no lo vi) fue muy enriquecedor.
      Un fuerte abrazo, compañera AtHeNeA.

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Gracias por venir y enloquecer, amable leyente.