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domingo, 10 de marzo de 2024

Hijos del paraíso X

Jerome Charyn. Movieland. Chapter: “Children of Paradise”

Hijos del paraíso X

 


Le pregunté a Martens cuándo se había convertido en hijo de la Cinémathèque.

“Tendría unos quince o dieciséis años”, respondió.

Martens había vivido en los EE.UU. durante la Guerra y regresó con su madre a Francia en 1946. Fue una especie de "pequeño norteamericano que se vio engranado dentro del juego”. Una de las primera películas que recuerda es «El retrato de Dorian Gray» (1945), –la idea que tenían en MGM de una novela de Oscar Wilde–.

Todo el film giraba en torno a un rostro inolvidable. “Dorian”, el joven inglés diletante, es interpretado por Hurd Hatfield, cuyo aspecto en la pantalla se asemejaba al de un ángel corrupto; de aire masculino en un momento y femenino al siguiente, cualquier niño se habría sentido confundido respecto a la identidad de “Dorian”.

En la película, “Dorian” se mantiene joven mientras su retrato envejece en su lugar. Esto es doblemente confuso, pues no sólo tenemos un fantasma en la pantalla, con un lado masculino y otro femenino, sino que nuestro fantasma, “Dorian Gray”, también tiene su propio fantasma, el cual envejece en su lugar y en el nuestro.

La mayor parte de la obra está rodada en blanco y negro, lo cual resalta las sombras sensuales y perversas de la cara de Hatfield, podemos sentir su corrupción, sus expresiones amaneradas, como de muñeca, su voz monocromo.

La escena final está rodada en tecnicolor: Dorian, harto de su juventud, raja el retrato y se cae al suelo. Envejece inmediatamente y muere, con lo que su retrato recupera su juventud.

A Martens lo aterró tremendamente esa doble conversión. Tendría unos cinco o seis años, y todo ese color tan chillón lo horripiló.

A finales de los años cincuenta, Martens conoció “a un entusiasta de las películas, Fred Jung, un orondo rubio de Luxemburgo... un auténtico chalado del norte.

Luxemburgo no existe.

Nadie ha estado allí. Es un país tan pequeño que nunca nadie ha conocido a alguien de allí (salvo a Fred Jung).

Es un lugar más mítico que Mónaco.

Jung se lanzó al mundo de las películas. Encontró su destino, éste consistía en ver películas. ¿Pero cómo puede uno ir por la vida viendo películas?. Creó la Cinémathèque de Luxemburgo. Fue a ver al primer ministro de la ciudad fantasma de Luxemburgo.

‘Tenemos museos’, le dijo. ‘Necesitamos una filmoteca’. Construyó su propia filmoteca.

Él viaja por el mundo viendo películas seis meses al año. Desentierra viejos rollos de películas. En la actualidad atesora algunos de los tesoros más escasos del mundo del cine. Viajó a Klondike, donde se encontró por casualidad una ciudad fantasma, y descubrió, congeladas, copias de producciones de Hollywood realizadas en 1915, 1916 y 1920, obras que se daban por desaparecidas.

Sufrió una especie de frenesí compulsivo. Siempre hay una nueva película que encontrar para el país pequeño más rico del mundo”.

Fred Jung es sólo “otro de los monstruosos hijos de Henri Langlois.

 

Movieland: Hollywood And the Great American Dream Culture»; es una obra de Jerome Charyn, publicada por la editorial Putnam ©®.

 

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