Lo que me está pasando últimamente con los comentarios
que realizo en ciertas ¿noticias? de la edición digital del decano de la prensa
asturiana, es algo propio de magia negra o tinta blanca; pues mis palabras
desaparecen como escritas en zumo de limón en vez de tras estrujarme el melón.
En un principio, no le di importancia a la prestidigitación selectiva de
algunas de mis observaciones, pues la achaqué a la fragilidad y las prisas con
las que suelo acceder a Internet. Hace poco reparé en que estos actos de
birlibirloque sólo ocurrían en un bloque: en el centrado por el digital en
publicitar las actividades corsarias de la hermandad hostelera que asola las
calles de mi barrio.