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jueves, 28 de mayo de 2026

Diestro en zurdadas


Creo que los sueños quedan enredados en la falsedad solidaria de las redes sociales; y lastrados por la mezquindad que convierte al mediocre en tópico tremendo.

Lo simple y desenfadado de mi “discurso” puede parecer que tiene un encanto naif de evocación ludita; pero, sinceramente, creo que nuestro abuso de “Las nuevas tecnologías” y muestra entrega al pensamiento único de Google nos están vulgarizando.

Aunque mi torpeza internáutica convierte en diestro al zurdo Capitán Sparrow, llevo 18 años manteniendo a flote esta chalupa chulapa.

Gracias por acompañarme en la singladura, amable leyente. 😉

lunes, 5 de marzo de 2018

El juego más delicioso

Resulta triste, aunque también lo encuentro curioso, el que ciertos actos que antes eran cotidianos ahora estén idealizados. Si el mero hecho de escribir una carta resulta inhabitual en nuestros días, ya nadie juicioso envía palabras de amor sencillas y tiernas. Y ya nadie talentoso compone canciones de amor como las que compuso Joan Manuel Serrat… El romanticismo ha quedado reducido a la Ficción, al igual que el heroísmo o la puntualidad. No en vano, encuentro mucho heroísmo en quien se atreve a enamorarse a tiempo y confía su corazón a intenciones ajenas.

En la vida real, quien bien te quiere siempre te aconseja que evites meterte en problemas. El sencillo acto de enamorarse lleva siendo el origen de muchas complicaciones desde que Adán y Eva desataron la ira de un dios intransigente ante el amor libre. Y es que a prejuicio de los cerebros más destacados —y de sus corazones enlatados— ¡¡el amor es el juego más peligroso!! Tenle miedo, mucho miedo, pues ese sentimiento hará de ti un tonto.

 
imagen de The Kid Brother, 1928, Harold Lloyd y Jobyna Ralston

Creo recordar que el contumaz Friedrich Nietzsche, en una de sus muchas reflexiones misóginas, venía a decir que el amor a una mujer es una encarnación de la pasión por el peligro que siente todo hombre de verdad. Para mí, que siempre me había temido un verdadero cobarde, fue todo un descubrimiento el saber que mi carácter enamoradizo no hablaba de mi debilidad ante la belleza, sino que elogiaba mi poca pereza ante lo azaroso.

Imagino que de haber leído esta reflexión intolerante de Nietzsche en su original alemán, el pavor de mi libido habría dejado lívido a mi corazón—idioma curioso el germano, donde incluso cuando te susurran parece que te están riñendo—. Pero, en mi bendita incultura, no sé alemán ni hago ademán de aprenderlo. Y siempre he ojeado las máximas filosóficas con una atención mínima, traducida en una búsqueda de ingenio mundano, no de sabiduría filosófica.

Y es que, atentoLector, luego de haber desoído las advertencias de tanto Zaratustra frustrado con la vida, y de haber correteado por el edén junto a algunas de las hijas más arrebatadoras de Eva, sólo puedo transmitirte mi experiencia mayéutica sobre el juego más delicioso: Una vez acabada la partida, el peligro está en volverte miedoso ante la oportunidad de empezar otro juego. Lo demencial está en no saber perder.

Si en algo coinciden mi persona y mi personaje, es por su pasión por el juego de la vida. Y el juego más divertido es aquel que se disfruta compartido.



Also sprach Ninortea. Ein Blog für Alle und Keinen.

Ich grüße dich, meine Liebe!

miércoles, 14 de febrero de 2018

Miércoles de ceniza



Mi ensoñada Sidonie:
Imagino que leerás esto cuando ya estés allá, allá lejos. Confío en que te llegue antes de que entre nosotros habite el olvido.

No sé si tus palabras recientes fueron nuevas, o ya me las habías repetido en aquellos tiempos en los que me dedicaba a leerte entre líneas. El caso es que al pronunciarlas este domingo, acariciaste mi autoestima. Me emocionó saber de tu boca lo que ya en su momento me habías hecho sentir con tu piel. Sentimiento que yo acabé recluyendo a la condición de quimera, a ser un desvarío de mi ensoñación.
El que después de lo pasado aún te rías al recordar lo compartido –y el que sonrías sin reparo–, me hace sentir que mi corazón no se equivocó cada vez que volvió a latir a tu lado. Gracias por tu sinceridad, lo más fácil habría sido silenciarla en pro del “mejor dejar el pasado tranquilo”; o haberla limitado a evocar lo evidente, que “tuvimos buenos momentos”.
Para mí, esos momentos no fueron buenos, fueron únicos. Y me alegra saber que los compartí con alguien que también los considera así. Es reconfortante tener recuerdos gratos y atreverse a comentarlos con quien convivió esas experiencias.

Nuestro encuentro resultó lleno de ternura. Gracias por abrirme tu corazón y mis ojos. Curioso el que esa conversación sin máscaras la desplegáramos en un domingo de carnaval, ¿verdad?. Te agradezco el que respetaras mi disfraz de friolero, aunque sabes de sobra que cerca de ti lo que siento es fuego. De ahí, mi refranera Sidonie, que aproveche esta carta, que te certifico desde un blog que no lees, para aclararte que –aunque el calendario destaque que hoy es miércoles de ceniza– en mi sentimiento aún no es cierto el dicho:
“Donde hubo fuego, cenizas quedan”.

Y es que, como canta el David Bowie que te gustaba que te canturreara:

I'm happy, hope you're happy too.
I've loved all I've needed, love.
Ashes to ashes, funk to funky.

Por cierto, se me olvidó decirte lo bien que te sienta esa dieta de emociones al natural. Y que pocos vértigos son tan gratos como el que me produce asomarse al mirador de tu sonrisa.


Bueno, te tengo que dejar. La rutina de otra tarde sin ti me espera. Pero antes quiero reafirmarte con ánimo novedoso que, por muy lejos que estés, para mí nunca estarás en el olvido. Anidarás aquí, aquí cerca, entre la Realidad y el Deseo.
I never done good things
I never done bad things
I never did anything out of the blue, my Sidonie.


Siempre tuyo.

Nino

jueves, 14 de diciembre de 2017

Enninado, que no alelado



Enninado, que no alelado
Muchas son las veces en las que bastantes superficiales me llevan afeado de ser un “machista deslenguado” por mi mera condición de lingüista ajustado. Y es que el uso apropiado de la lengua y del lenguaje, en cualquier posición o situación, suele llevar a que los vulgares y las corrientes te afeen por lograr éxtasis y aciertos, donde ellos sólo provocan decepciones y ellas invocan simplezas.

Centrándome en el uso del lenguaje, que el de la lengua es más bien descentrado, estoy harto ya de estar harto –vamos, que ya me cansé– de que se me acuse de usar un lenguaje sexista por expresarme con corrección lingüística.
No soy machista por articular con propiedad y usar lo masculino dentro de su género, persona y número. Cuando digo o escribo “lo”, donde tantos escriben “le”, cuando invoco a “la ciudadanía” y no a “los ciudadanos y ciudadanas”, o cuando no doy la badana escribiendo “tod@s” en vez de “todos”, no mantengo un comportamiento machista, sino que apropiado.

Tú, atentoLector, bien sabes que al invocarte no excluyo a mis atentas lectoras, y que mi expresarme es enninado, pero nada irrespetuoso: me atengo a nuestras normas gramaticales y sintácticas; de ahí que mis faltas, lingüistas, sean resultado de lapsos de atención, no de ausencias de respeto.




Hace poco, digamos que unos días, en un encuentro de aprendices de escritores en el que yo era el único hombre, me vi en una concatenación de situaciones incómodas: como la de aclarar que un autor de narrativa no tiene género cuando escribe, pues la voz la tienen sus personajes –de ahí que un narrador omnisciente pueda ser una voz femenina fabulada por un autor masculino–; o la de explicar que el leísmo consciente no es una forma de combatir el machismo, sino una expresión ramplona de incultura.
El haber tenido que dedicar mi presentación en sociedad a recalcar una evidencia social –mi condición de género no condiciona mi creatividad– y a recordar conceptos de cultura general –un “epilogo” es el apartado que cierra un texto, no el resumen que figura en la contraportada de un libro–, me hizo de nuevo sentirme un extraño entre quienes había presentido como mis iguales.
Obviamente, el desencuentro que acompañó a mis palabras llevó a que –una vez más– me sientiese solo, pese a estra en compañía de otras; y a que neófitas en desigualarme recurrieran al recurso añoso de etiquetarme como “chulo” –imagino que ranciedades como “engreído” y “machista”, también resonaron en mi ausencia–; pero siempre he tenido claro que antes solo que mal acompañado.

Es por eso que agradezco tanto el estímulo de tu compañía, atentoLector; y el que no des pábulo a los rumores burdos sobre las causas de mis recurrentes alejamientos momentáneos de éste, nuestro blog: lo que me aburre es la banalidad en Internet, no tu aprecio.
Nos leemos pronto, mis leídos compañeros.

lunes, 30 de octubre de 2017

Tengo planes para mi futuro

Llega el tiempo de difuntos; aunque escribir hace que siempre sea tiempo de tener presentes a los queridos ausentes, pues al empalabrarlos pasan de acompañarme en mis recuerdos a estar vivos en mis fabulaciones.


Creo que mis textos atestiguan mi regusto por escribir evocaciones que mejoro en forma de falsos recuerdos –de ahí que las identifique como enninaciones–; de hecho, rara vez he escrito relatos ambientados en el tiempo que vivo –mis recuentos suelen ocurrir en la época analógica, no en la digital–.
Creo que mis textos están escritos de una forma demasiado viva; redacto más bien de manera inquieta, de ahí que recurra a la inmediatez de inventarme palabras en lugar de pararme a pensar cómo escribir lo que siento. De ser más reposado, sería más comunicativo y mis textos fabulados empezarían a tener valor literario.

En mis prisas cometo despistes, que luego no sé corregir por muchas veces que relea mis textos, pues es como si mi subconsciente hubiera convencido a mi parte consciente de que ya que altero la realidad, es lógico que altere su grafía. Pero sé que esas palabras reales existen, pues las encuentro luego en textos de blogs amigos donde leo lo que a mí me habría gustado saber trasmitir.
Pese a mis prisas y despistes, a pesar de mi carácter despegado, hay personas que me leéis. De hecho, «Nada ha sido probado» continúa en los primeros puestos de ventas en Amazon.

Ésta valoración ajena me lleva a una constante revisión de mis enninaciones –acabo de subir a Amazon una versión revisada de la antología–. La relectura de mis textos me resulta fascinante, lo hago con la curiosidad con la que un enanito juguetón se asomaría al balcón del escote de Blancanieves. Sin embargo… mi fascinación puede convertirse en una condena que trasforma la curiosidad en inseguridad, ya que una de mis mayores limitaciones creativas es la propensión a la recreación constante.

Tengo planes para mi futuro, y creo saber cómo desarrollar algunos de ellos. En lo creativo voy a intentar frenar mi impulsividad e intentar abrirme a la comunicación, de hecho este jueves voy a retomar la participación en las convocatorias creativas jueveras. Y tengo más planes para mejorar como persona y escritor. Los iré compartiendo aquí, a su tiempo.

Y es que llega el tiempo de difuntos, y escribir es uno de los mejores homenajes que puedo hacer a mis seres queridos ausentes.
Gracias por tu compañía, atentolector.

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